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Las palabras tienen un poder inmenso. Pueden edificar o destruir, sanar o herir.
Vivimos en un mundo donde las distracciones son muchas y el ruido constante nos atrae a lo inmediato: imágenes, sonidos, emociones fugaces. Buscamos algo que nos llame la atención al instante, algo que nos haga sentir completos sin esfuerzo.
El cristiano, al caminar en su fe, enfrenta pruebas, persecuciones y dificultades. Sin embargo, la Escritura nos llama a mantenernos firmes en la fe, resistiendo al enemigo con la certeza de que nuestra victoria ya está asegurada en Cristo.
“Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia.”
Efesios 5:31-32
Dios se revela en la Biblia a través de varios nombres que nos dan una comprensión profunda de Su carácter y de cómo Él se relaciona con nosotros.
Jeremías 29:11
“Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice el Señor, pensamientos de paz y no de mal, para daros el fin que esperáis.”
Es en esos momentos cuando sentimos que todo lo que hemos conocido parece tambalear, y es natural que el corazón se llene de preguntas y dudas, es cuando debemos recurrir a nuestra esperanza eterna.
Isaías 53:4
“Ciertamente Él llevó nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y afligido.”
Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.
Juan 15:13
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