No es ningún secreto que la mayoría de la gente
vive y se relaciona con su imagen, y no con su interior.
El 99% de las relaciones humanas en la sociedad moderna
suceden a nivel de imagen. Tenemos un montón de prejuicios
que se alimentan de la imagen que percibimos de los demás,
y que nos impiden ir más allá, camino de su interior.
Esos prejuicios nos impiden enriquecernos
con el conocimiento de la otra persona.
Existe una gran hipocresía e incoherencia con este tema.
Todos parecemos aceptar de palabra
que lo importante de las personas no es su imagen, sino su interior.
Pero a la hora de la verdad la gran mayoría
empleamos muchas más energías en cuidar la imagen,
en preocuparnos del qué dirán, que en cuidar y potenciar nuestro interior.
Y nos pasamos la vida juzgando a los otros por su imagen
en vez de interesarnos por lo que sienten, piensan
o por las circunstancias por las que están pasando.
Decimos a los niños que no deben señalar
a sus compañeritos por su cara o su físico,
que lo importante de ellos es su interior ,
y un minuto después estamos comentando
sobre lo fea que está fulana o el vestido que llevaba sutano.
Vale la pena trascender todas las fronteras de la imagen
y sumergirnos en una vida más sincera, auténtica y feliz
Diego Arranz