Estamos saturados de imágenes, palabras, informaciones, ruido y activismo.
Se hace difícil darnos tiempo para el silencio, la reflexión, la soledad, la serenidad interior.
Con la rápida expansión de la Internet, tenemos acceso a todo el mundo pero dejamos de comunicarnos con la familia.
Muchos, apenas despiertan, encienden la radio o la televisión,
y no la apagan hasta la noche.
Con los audífonos pegados todo el día, los jóvenes se abstraen de lo que pasa; Se empeñan por tener el aparato más moderno y con más capacidad de memoria, se refugian, a veces en la tecnología para no pensar, no analizar, no reflexionar.
Llegan a las discotecas donde el volumen invade todo su ser.
Huyen del silencio, porque quizá les aterra su vacío interior...
Autor: Felipe Arizmendi Esquivel