Pareciera que, en la naturaleza humana de algunos empresarios, sólo los negocios, y sólo ellos, fueran la única razón de su actividad.
Generalmente calculadores, fríos, sin otro argumento
que las utilidades, aparecen, de pronto, informando
que quieren contribuir a grandes obras sociales.
Cuando tal anuncio ocurre, todos piensan en la publicidad,
en la vitrina, y en la ocupación gratuita de los principales diarios. Es decir, no se cree en la sinceridad de su filantropía empresarial.
La razón es evidente: Cuando el aporte social se hace
frente al oportunismo de los sucesos adversos
que afectan a una comunidad, el sonajero de los egresos
suena similar al de las campanillas de los fariseos
cuando daban una limosna...
Autor: Programa Ética Civil Empresarial #503 de Radio Bolivariana