Para hablar a Dios, no es sino que miremos en el Evangelio como hablaba la gente con Jesús.
Con la mayor naturalidad le exponían sus necesidades:
- ¡Señor, que vea!, le decía el ciego.
- ¡Dame de esa tu agua, para no tener más sed!, le pedía la Samaritana.
- ¡Señor, enséñanos a orar!, le decían los discípulos.
- ¡Sálvanos, Señor!, que perecemos!, le gritaron los apóstoles en la barca que se hundía.
- ¡Señor, mándame ir a ti!, le pidió Pedro.
- ¡Señor, ten compasión de mí, que soy un pecador!, murmuraba el publicano.
- ¡Señor, si quieres puedes limpiarme!, le suplicaba humilde el leproso.
- Mira que tu amigo, a quien tanto quieres, está enfermo, mandó a decirle Marta.
- ¡Auméntanos la fe!, le pidieron los discípulos.
Y Jesús no dejó de atender ningún deseo...
Autor: catholic.net