San Agustín escribió un libro penetrante, La ciudad de Dios. Allí leemos: “De dos amores han nacido dos ciudades. Del amor a sí mismo hasta el desprecio de Dios ha nacido la ciudad terrena; del amor a Dios hasta el desprecio de sí mismo ha nacido la ciudad celestial”.
La ciudad es construcción humana. Su Creador le ha dado al hombre ingenio para esta tarea. Unos construimos Babel, pues usando el mismo lenguaje, no nos entendemos. Acontecimiento de todos los días, en todas partes.
Otros construimos Pentecostés, donde todos, hablando lenguas diferentes, nos entendemos admirablemente hasta ser un solo corazón y una sola alma...
Autor: Padre Hernando Uribe Carvajal