Peregrinar a los lugares que santificó Jesús con su presencia física.
Estar en aquel sitio en que Jesús nació, vivió, trabajó, predicó, murió, resucitó,...
Estar a la escucha de lo que quiera decirnos el Espíritu Santo.
Disponer nuestra alma con la oración y los Sacramentos.
Respetar el ritmo interior de cada uno.
Ofrecer los inconvenientes de la convivencia.