Un león enjaulado no es un león. Es un león enjaulado, y eso es muy distinto. Desde mi presente - e intento concretar-, no puedo condenar a quien fui en el pasado por la sencilla razón de que aquel a quien ahora juzgo y repruebo es otra persona.
Normalmente estoy a la deriva, entre el que era antes de iniciarme en la meditación y el que empiezo a ser ahora. “ A la deriva” es la expresión más exacta: unas veces aquí , meditando, otras, quién sabe dónde. Allí donde me hayan llevado mis incontables distracciones.
“La meditación nos devuelve a casa, nos enseña a convivir con nuestro ser. Sin esta convivencia con uno mismo, sin ese estar centrado en lo que realmente somos, veo muy difícil, por no decir imposible, una vida que pueda calificarse de humana y digna”
“Para alguien como yo, occidental hasta la médula, fue un gran logro comprender, y empezar a vivir, que yo podía estar sin pensar, sin proyectar, sin imaginar”
“Basta un año de meditación perseverante, o incluso medio, para percatarse de que otra forma de vivir es posible”. Leo “Biografía del Silencio” de Pablo d’Ors con el corazón encendido de gratitud.