Jesús nunca caminó desde un juicio independiente del Padre. Antes de llegar al Calvario, ya vivía como el Hombre crucificado: había rendido plenamente Su voluntad y renunciado a todo criterio autónomo. Por eso, en cada circunstancia, expresó con perfección la mente del Padre.Nosotros también juzgamos constantemente. La pregunta es: ¿nuestros juicios están gobernados por Cristo o por una mente que todavía pretende conducirse sola?La cruz viene a renovar nuestro entendimiento, rendir nuestra voluntad y recuperar en nosotros el juicio eterno. No se trata de tener más tiempo, capacidad o fuerza para alcanzar la vida de Dios. Se trata de reconocer que nada en nosotros puede producirla y descansar en la obra que Él mismo realiza.La voluntad de Dios no es solamente algo que debemos descubrir: es Alguien que debe manifestarse en nosotros. Es Cristo, nuestra Cabeza, nuestra medida y la Roca eterna sobre la cual somos edificados como una sola familia.No se trata de lo que podemos lograr, sino de rendirnos. Porque en todo aquello en lo que nosotros fallamos, Cristo caminó perfectamente.