Durante mucho tiempo pensé que mi peor miedo era que la gente se fuera.
Y por evitar perder personas, terminé perdiéndome muchas veces a mí.
Cambié límites. Callé cosas que necesitaba decir. Acepté menos de lo que merecía. Todo por conservar vínculos que, muchas veces, ya no me hacían feliz.
Hasta que un día entendí algo.
No era perder personas lo que más debía preocuparme.
Era perder años de mi vida en lugares donde ya no quería estar.
En este episodio quiero hablarte de ese cambio. De cómo aprendí a dejar de vivir con miedo a que alguien se fuera y empecé a tenerle más respeto a mi tiempo, a mi tranquilidad y a la persona en la que me estoy convirtiendo.
Porque todavía duele despedirse.
Pero hoy sé que hay algo que duele mucho más.
Perderte a ti mismo intentando que alguien más se quede.
Estamos juntos en esto,
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