Vivimos en una rutina que nos exige avanzar todo el tiempo.
Trabajar, cuidar, resolver, producir, cumplir expectativas y seguir adelante, incluso cuando algo dentro de nosotros lleva semanas, meses o años pidiendo una pausa.
Y cuando no encontramos espacio para sentir, el cuerpo comienza a hablar.
A veces aparece como cansancio constante, dolores de cabeza o problemas estomacales. Otras veces se manifiesta como ansiedad, irritabilidad, insomnio, una sensación de vacío o explosiones emocionales que parecen surgir “de la nada”.
Pero pocas veces surgen de la nada.
Muchas veces son emociones acumuladas, duelos no procesados, exigencias imposibles o necesidades que hemos aprendido a ignorar para sobrevivir.
Nos acostumbramos tanto a vivir en automático que olvidamos preguntarnos cómo estamos realmente.
La somatización no significa que estés exagerando ni que “todo esté en tu cabeza”. Muchas veces es la forma en la que tu cuerpo intenta llamar tu atención cuando has cargado demasiado tiempo con aquello que nunca pudiste expresar.
Quizá no necesitas esforzarte más.
Quizá necesitas detenerte, escucharte y preguntarte qué parte de ti lleva demasiado tiempo esperando ser atendida. 🧶🌿