La sumisión económica no siempre ocurre porque alguien obliga al otro. Muchas veces se instala de forma silenciosa.
Quien recibe el apoyo económico puede empezar a sentir que perdió el derecho a poner límites, a expresar desacuerdos o a tomar decisiones. La deuda deja de ser financiera y se vuelve emocional.
Desde el psicoanálisis podemos pensar que el dinero también funciona como un símbolo. No solo representa capacidad económica, sino autoridad, amor, protección, reconocimiento e incluso la posibilidad de ser indispensable para el otro.
En algunas personas, dar dinero satisface una necesidad inconsciente de sentirse necesarias o poderosas. En otras, recibirlo despierta culpa, dependencia o miedo a perder el vínculo.
Lo problemático no es que uno gane más o que, en algún momento, uno sostenga económicamente al otro. Eso sucede en muchas relaciones sanas.
El problema aparece cuando el apoyo económico se convierte en una herramienta para limitar la libertad del otro.
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