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Encontrar la paz interior es una de las principales aspiraciones de muchas personas. Pero en este mundo frenético en el que vivimos, con trabajos estresantes, obligaciones familiares y sociales, autoexigencias y demás presiones internas y externas no es fácil conseguirlo. Y esa búsqueda nos conduce a veces por caminos no demasiado correctos para alcanzar dicho objetivo.
He estado releyendo el libro del neurofisiólogo Francisco J. Rubia, La conexión divina en el que hace un repaso exhaustivo de la historia del misticismo y la trascendencia y de los estudios en neurociencias al respecto. Y es maravilloso darse cuenta de cómo ciencia y espiritualidad confluyen y como podemos encontrar la paz interior con la ayuda de ambas.
Muchas veces se habla de vivir el momento, es uno de esos mantras que todo el mundo repite, sobretodo en el mundo de la autoayuda. Pero en la mayoría de casos es sólo algo que se dice de boca para afuera, una frase hecha que queda bien pero que en realidad no sientes en cada poro de tu piel. Ya os expliqué que estoy pasando una situación difícil que será de largo recorrido y que exigirá paciencia, esperas e incertidumbre. Y cambios en mi vida cotidiana. Y en esos momentos no puedes evitar ver la vida de otra manera.
Un momento de esos que llaman de revelación lo tuve el jueves por la mañana. Tenía que llevar mi gata al veterinario para esterilización y estar un rato esperando mientras duraba la intervención. No era una espera muy agradable pero no obstante busqué una cafetería para hacer el rato lo más ameno posible. Pedí un té Earl Grey y un pequeño bocadillo. El pan era realmente bueno y sorbí el té que estaba delicioso. Y como dice el maestro zen, por un momento se detuvo el mundo...
A todos nos gusta leer artículos positivos, de éxito y superación. Pero la verdad es que en la vida a veces las cosas van mal. Y no me refiero a tener contratiempo cotidianos, esos todo el mundo los tiene. Sino a problemas de los de verdad, de los que afectan a la salud gravemente, de lo que menguan notablemente tus recursos económicos, de los que cambian totalmente tu situación vital. Situaciones por las que no desearíamos tener que transitar.
Yo hace unos meses que estoy pasando por una situación de esas difíciles, largas y complicadas. Sé que a la gente, y sobretodo en el mundo blogger, le gusta explicar estas cosas cuando ya han pasado, cuando ya se han solucionado de un modo un otro. A poca gente le gusta mostrarse vulnerable y con problemas. Pero la verdad es que todos somos humanos y por tanto, nos podemos ver afectados por los avatares de la vida. Y podemos pasar por un período en que las cosas van mal. Y hay que vivirlo cuando toca y aprender de ello y salir lo más fortalecido posible de la experiencia.
Como digo en el titulo gestionar tu pensamiento es la esencia del bienestar. O por lo menos una mitad de esa esencia, ya que la otra mitad sería gestionar tus emociones de la que ya hablé en otro post. Pero como seres pensantes que somos ambos aspectos están muy relacionados y por ello es importante que trabajes a fondo con tu pensamiento y especialmente con el modo en que te relacionas con él.
Esta es la primera pregunta que debes hacerte, cómo te hablas a ti mismo, cómo son tus pensamientos. Algunas veces, sin que te des cuenta, ese diálogo interno está constituido por creencias internas limitadoras y negativas sutiles e infinitamente peligrosas. Algo a lo que he llamado el enemigo interior, pues reside dentro de ti mismo. Un enemigo sutil porque muchas veces esas creencias están tan asumidas e interiorizadas que apenas eres conscientes de tenerlas. Para ti es normal pensar así. Así te enseñaron a hacerlo y ni tan siquiera te planteas que pueda hacerse de otra manera. Forman parte de tu Guión de vida (entra aquí si quieres saber más sobre el tema). Y son creencias peligrosas pues actúan como virus mentales, que infectan todo tu pensamiento de una manera solapada, contagiando con esa negatividad todo lo que haces. Son creencias del tipo: no soy capaz, no sirvo para esto, no soy inteligente, a mi las cosas siempre me salen mal, no tengo suerte, soy un desastre, soy patoso, no me merezco que me suceda algo bueno, etc.
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