Chelo, 52 años, casada y sin hijos. Su perro Toy que está humanizado, la hace feliz. Depués de 23 años está en el paro: « se da más valor al bolsillo que a la lealtad ». Se crió en el barrio del Pilar (Valencia). Es la tercera de cinco hermanos. Mentirosa piadosa de pequeña para salir del paso o ayudar a alguien. Tiene estudios básicos. Siempre ayudó mucho a su madre, pues los cinco hermanos eran los dedos de su mano. Los hermanos siempre unidos, que para algunas otras familias era anormal, pero para ellos, imprescindible. Se considera una persona con don de gentes, de naturaleza fuerte pero muy sentida. Es un toro Miura, los suyos son intocables. Su ego se llena con los valores admirables que le inculcó su madre. Una madre que empezó de cero en la vida y que les enseñó el respeto, y a valorar desde la flor más pequeña hasta el bocado más exquisito. Fuerte como una roca se fué de su lado a los 64 años sin hacer ruido, el trauma de su vida. A Chelo le gusta hacer estrofas, cocinar, leer suspense y la época Templaria; toda la música, menos la estridente. Nadar y quedarse en un rincón de la piscina tocando el agua y mirando el sol y las montañas de Chulilla, recarga energía. No le gusta la violencia de ningún género. Detesta la hipocresía, la humillación y el peloteo. Su sonrisa no solapa su tristeza, la olvida. Su hermano pequeño quedó parapléjico a los 18 años en un accidente militar, y es él el que le inspira fortaleza para pisar fuerte. Su lema: Las barreras solo existen en tu mente ». No tiene ningún título academico pero sus apellidos, Sanchís Collado, lo validan con orgullo. Uno de los lemas de su madre : « Nunca mires ni por encima ni por debajo, mira siempre a la misma altura ».