Hablamos de un tono de juego específico que viene a decirnos que podemos intentar cualquier cosa que mole, que sea guay y que haga de la escena algo memorable. Como DDJJ y como jugadores.
Un tono que, en ocasiones, nos invita a ignorar o tergiversar las reglas del juego (cuando no nos pone al límite de lo creíble en términos de la ficción) y que no siempre podremos integrar en todas nuestras partidas.
Básicamente: queríamos empezar el año con algunas ideas desordenadas sobre ese imperio de lo guay, que no todo es jugar a perder.