Cualquier persona, hasta un preadolescente, que toma en sus manos un diccionario sabe de antemano que ese libro tiene que leerse de una manera especial, muy diferente a la manera en que uno leería una novela, un texto de química, un poemario o un refranero. Pero si toma en sus manos después una guía telefónica, va a entender que ese texto si se lee de una forma básicamente similar al diccionario: buscando información muy específica organizada en forma alfabética. La única diferencia es que en el diccionario uno está buscando definiciones de palabras, y en el diccionario telefónico buscando los números de línea que corresponden a cada nombre.