El asambleísta Cucalón, luego de saludar y agradecer, indicó que el país ha vivido días de zozobra, horas aciagas, pero el común denominador en todos los rincones de la Patria, es que lo que quería era paz, se quería que esto termine; se quería que el caos, la violencia, el vandalismo disfrazado de protesta acabe, para la paz ciudadana y recuperar el legítimo derecho de seguir prosperando y para la libre circulación de personas y transporte de productos. El día de ayer, en un proceso de diálogo inédito, transmitido como “reality show”, se consiguió la paz social, a costilla de le derrota de los valores republicanos; la paz tiene precio, pero también tiene que tener color. Cuando se insulta y veja al Presidente de la República, lo están haciendo a todos los ecuatorianos, y eso merece una disculpa, que no se dio. Jaime Nebot dijo que las medidas económicas tienen que generar el menor impacto posible en los pobres. Hay que aunar esfuerzos y el gobierno lo comprendió, aunque no guste la manera como lo comprendió ni los mecanismos de coerción. Nadie puede negarse a ir al diálogo, pero bajo amenazases injusto. La ciudadanía pensaba que el poder indígena ha sido siempre considerado y siempre se le ha respetado; pero sus protestas nunca han sido pacíficas. En relación a las actividades de protesta de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE), se ha dicho mucho; hasta que vinieron unos marcianos y financiaron esta protesta, muchos comunicadores hicieron el juego a estas afirmaciones. La protesta derivó en actos vandálicos que deben ser investigados. A la protesta se sumó una serie de descontentos que no han sido canalizados, más un tema político. Por otra parte, es obvio que el correísmo apunta al fracaso del gobierno; sin embargo, el país es más que la visión del correísmo y el morenismo. En cuanto a la actuación del legislativo, muchos apostaron a que asumiese actuaciones de épocas pasadas, pero eso no se podía hacer. Por ejemplo, el intentar separar del cargo al Presidente de la República, afectaba la institucionalidad democrática, inclusive utilizando mecanismos constitucionales. En democracia hay que aprender a discrepar; si ya no corre peligro la democracia, el rol del legislativo debe ser más amplio, incluyendo el trabajo en las reformas que necesita la gente, principalmente los más vulnerables, y también procesar a los que flagrantemente violaron la ley en los últimos días.