Desperté y el día me mostró su mejor sonrisa. Saqué el auto de la cochera y, mientras esperaba a mi esposa para salir hacia el trabajo, veía el jardín verde, lleno de árboles y vida.
Mi esposa salió con pan recién hecho por sus manos para el desayuno, y se sentó a mi lado. Cerramos los ojos y dimos las gracias antes de salir, algo que hacemos cada día ni bien lo comenzamos. Dejar el día en manos de nuestro Padre nos re-gala la garantía de que nada saldrá mal.
Dentro de nuestro hogar estaban nuestros hijos Abril y Ezequiel. Esa mañana les permitimos tomarse el día y no fueron al colegio.
Salimos hacia nuestro trabajo, donde hacíamos radio todos los días; un programa lleno de vida, música y risas, donde nada se empañaba por el gris de los conflictos que puede pre-sentarnos la vida...