Nada personal
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Nada personal episodes

  • Capítulo 21-¿Cómo fue tocar esas puertas?

    En mayo del 2018 y gracias a Paola Klechman y Lorena Quiroga, también de identidad sustituidas y vendidas por el doctor Bartucca, llegué a las puertas de la oficina de derechos humanos que queda en el registro civil de la ciudad de Buenos Aires. Como ya conté antes, para mayo del 2018 Lorena y Paola ya habían estado en la búsqueda hacía años así que gracias a su trabajo anterior fue que llegué a Mercedes Yañez.

    La oficina de derechos humanos, al menos en ese entonces, era chiquita. En una mesa estaba sentada Mercedes y en la otra Cecilia, quién una vez que  Mercedes se jubiló, pasó a ser su reemplazante.

    Es allí que se trabaja con la restitución de la identidad biológica. Es decir una se puede acercar a su oficina con la partida de nacimiento y a partir de eso y el relato que una escuchó sobre cómo sucedió la  adopción, hacen una investigación que lleva a un número de posibles madres biológicas a las que después hay que ir a visitar. Básicamente según el médico y la dirección que dice en la partida de nacimiento, deducen en que hospital una podría haber nacido, si es que no dice ya  en la partida de nacimiento. De ahi, la búsqueda continúa en los archivos del registro civil donde revisan las partidas de nacimiento de alrededor de la fecha que figura en el documento como fecha de nacimiento, la cuál muchas veces es falsa. De esas partidas, las que llaman la atención son las partidas de nacimiento donde figuran madres solteras y jóvenes y partidas donde figura que el bebé murió al poco tiempo de haber nacido, por causas extrañas. También llaman la atención las partidas de bebés que nunca más aparecen en ningún registro, o sea, bebés que desaparecen totalmente de los registros. Es encontrar una aguja en un pajar. Pero Mercedes y después Ceci utilizando su conocimiento e intuición van buscando entre datos que para el resto de nosotros son imposibles de entender, a estas madres que hace muchísimos años atrás, dieron a luz en un hospital municipal de Capital Federal. 

    Así fue que Mercedes me entregó en mayo del 2018 una lista de 15 mujeres a quienes yo tenía que ir a visitar. Y junto a esa lista, indicaciones bien específicas de cómo acercarme a estas madres, basada en años y años de experiencia de ir a tocarle la puerta a posibles madres biológicas. Me remarcó que era muy importante seguir este procedimiento al pie de la letra, ya que de eso dependería el éxito del encuentro. 

    El procedimiento a seguir es el siguiente: Una vez que se tiene la dirección de la madre, hay que acercarse personalmente. La puerta hay que ir a tocarla sola, sin acompañantes. En el caso de que no fuera la madre la que abriese la puerta, hay que inventar una historia como excusa para pedir ver a la madre, es muy importante no informarle a nadie más que a la madre, por qué una llegó hasta esa puerta. Se puede decir algo como por ejemplo:“Tengo un mensaje personal de parte de mi mamá que falleció hace poco, que fue compañera de colegio de la sra tal”. Hay que recordar que por ahi la madre nunca contó a nadie la existencia de esta hija que tuvo hace más de cuarenta años atrás. La hija puede ser por ejemplo fruto de una violación de la cual nunca habló, o de una infidelidad de la cual todavía se avergüenza. Muy posiblemente la madre haya rehecho su vida y esa bebé sea parte de un pasado muy lejano. Hay que avanzar con sensibilidad y por eso la pequeña mentira. Una vez que la madre se presenta, primero se trata de ver si hay algún parecido físico, y se comienza por decir que una está en una búsqueda de identidad biológica y que por eso se ha llegado a su dirección.  Ahi también se puede explicar cómo es que se llegó a ella (Mercedes-Ceci-derechos humanos-registro civil etc) y sobre todo que la información de su contacto es confidencial. Con muchísima suerte alguna acceda a hacerse una prueba de ADN, pero la mayoría no lo va a hacer. 

    Y por último y muy importante, nunca jamás llamar por teléfono. Cuando se ha hecho esto, las madres niegan y nunca más responden, perdiéndose así toda oportunidad de al menos ver si hay un parecido físico. 

    Quince mujeres, quince direcciones, quince puertas, quince historias, quince encuentros. 

    En ese viaje, en el 2018, no llegábamos.a emprender tal cruzada. Con Simon y mi pareja de entonces, decidimos volver a Suecia, rearmar, reorganizar y volver en septiembre. Pero septiembre vino y mi pareja y yo habíamos iniciado nuestra separación. Después vino febrero y yo no tenía un peso. Para mayo del 2019 yo todavía no me había acomodado y para finales del 2019 con Simon decidimos hacer un Crowdfunding para juntar la plata para volver lo antes posible. Eso sería en mayo del 2020. En febrero y gracias al apoyo de nuestros amigos, juntamos lo suficiente como para pagar el pasaje y la vivienda, así que estábamos listos para salir. Pero en marzo del 2020 se cerró el mundo y permaneció cerrado hasta marzo del 2022. Varias veces intentamos hacer el viaje, pero las restricciones por el Covid  en Argentina eran tan severas que no podíamos arriesgarnos a una cuarentena de 15 días, siendo que teníamos presupuesto para quedarnos 3 semanas. Entonces esperamos hasta que finalmente pudimos viajar en junio del 2022. 

    Para ese entonces Mercedes ya se había jubilado así que retomamos el contacto con Cecilia, que revisó nuestro expediente y concluyó que de los 15 casos, los realmente más factibles eran 5. De esos 5, tratamos de comunicarnos con 4, de los 4 pude ir a ver a tres. 

    Siempre que cuento esta parte de la historia, la pregunta que continúa es: “Como fue?”

    Yo me quedo en silencio, tratando de buscar palabras que lo describan. “Cómo fue?” siempre respondo, y veo delante mio todo lo que pasó. Como si hubiese sido una película, cómo si nunca me hubiese pasado a mí. Hasta que mi cuerpo empieza a sentir el dolor que yo no quiero realmente recordar. Pero ahí está todo, esperando a salir.

    La vida en toda su riqueza, con su luz y su sombra, el amor y la furia, la impotencia y el deseo, la esperanza y el vacío, los años irrecuperables, y lo atemporal, un Universo que fluye intuitivamente detrás de cada movimiento de la realidad y al mismo tiempo, la realidad Argentina, indomable e inclemente. Una voluntad inquebrantable, resiliencia inmutable, y al mismo tiempo ganas de que todo se terminase de una buena vez. Un grito mudo en mi garganta, un corazón que se rehusaba a endurecerse, humildad ante mi destino y protesta ante lo que había frente mío. Necesidad profunda de que alguien me cargase en sus brazos y me dé consuelo y al mismo tiempo entendiendo que este camino mío, sólo lo podía recorrer yo. Las puertas, sólo las podía tocar yo. Todo se encontró dentro mío. Todo al mismo tiempo.  En esta alma, en este cuerpo. Pensé que en algún momento me rompería, pero no lo hice. 

    Dentro mío, al parecer, había mucha más fuerza de la que pensé que jamás tendría.

    13 min
  • Capítulo 20-¿Porqué no podés sentir todo el amor en vez?

    “Lo que pasó fue hace mucho tiempo Natalie, sos vos la que no deja ir el pasado” 

    Como me gustaría hacerlo, simplemente dejar ir el pasado. Ser libre, vivir en el aquí y ahora. Toda mi vida, lo que ahora serían treinta años de terapia, 30 años meditando  y 17 en el programa de doce pasos, tratando de aceptar y soltar. No puedo controlar el mundo, pero me puedo responsabilizar de mis acciones, de buscar ayuda. El mensaje siempre fue el mismo: Aceptar, sentir, dejar ir y agradecer. Aceptar, sentir, dejar ir, agradecer. Concientizarme, actuar acorde, darme amor, valorarme, no hacerle caso a las voces en mi cabeza que reiteran el mensaje de desvalorización. Ese mensaje que respira a través de todos mis poros. Cuando menos me doy cuenta, está ahí, susurrándome al oído, dándome explicaciones sobre el porqué la gente alrededor mío se comporta como lo hace. Encontrando confirmación a la creencia subyacente. Encegueciéndome a la realidad compleja y detallada. Por supuesto esto yo ya lo sé, entonces hasta sentir dolor o enojo me da vergüenza. ¿Cómo sé que lo que siento y percibo es real, o es trauma? ¿Dónde está mi verdad? ¿Cuál es la realidad? Y nuevamente: ¿Por qué no puedo dejar ir esta identidad?

    Hace muy poco, por suerte, pude por fin ir a una terapia grupal para adoptados, organizada por la misma institución que brinda terapia gratis para toda persona adoptada, en sueco: adopterad.com.

    Hacía muchos años que estaba buscando encontrarme con otros adoptados y hablar de temas que nos tocan sólamente a nosotros. Es más, en el 2017, en uno de mis picos de depresión, decidí buscar ayuda psiquiátrica, a pesar de ya estar yendo a una psicóloga. Sentía que no daba más, así que tuve una entrevista con un psiquiatra que me iba a derivar a otro psiquiatra y calculo ahí recibiría medicación. 

    Este psiquiatra me entrevistó durante una hora. Me hizo todo tipo de preguntas, entre ellas me preguntó que tipo de ayuda estaba buscando. Le dije sin dar vueltas, que me encantaría ir a terapia grupal con otros adoptados. Me miró extrañado: ”¿Por qué?” me preguntó. “Bueno”, le dije “ yo tengo mucha experiencia de ir a grupos de doce pasos y sé que ayuda muchísimo escuchar el relato de otras personas”. “¿Pero por qué?” me volvió a preguntar, “eso va a hacer que te identifiques aún más como víctima. Es más, la gente con trauma como vos, se convierte en gente muy egocéntrica, por el dolor que les genera el trauma”. “Si, ya lo sé, por eso ya voy a reuniones de doce pasos, de hijos de familias disfuncionales, justamente para romper con el egocentrismo y escuchar el relato de otros”. El psiquiatra se veía frustrado, irritado, yo tranquila, no daba brazo a torcer. “ ¿Y qué pensás que va a cambiar encontrando tu identidad biológica? Nada va a cambiar!” insistía él. Entonces yo, nuevamente con mucha paciencia le dije: “Yo entiendo que para alguien que no es adoptado es difícil de entender” a lo que me contestó: “ Yo soy adoptado, y no tengo ninguna necesidad de buscar mi identidad biológica”. Lo miré, hice una pequeña pausa y le dije: “Bueno, si usted no siente esa necesidad, entiendo que no tenga empatía con la mía.” Esta respuesta por supuesto lo irritó aún más. Trató de convencerme de que lo único que necesitaba yo, era terapia para reparar mi patrón de apego y me dijo que la psicóloga que me estaba atendiendo no estaba haciendo un buen trabajo. A esto quiero agregar un pequeño detalle, que tal psicóloga se llama Martha Cullberg, una de las psicólogas más prominentes de Suecia que ha escrito múltiples libros. En claro había quedado la ignorancia de la sociedad en el tema y de esta persona en particular. Ni siquiera éste psiquiatra, que era adoptado, podía entender el nivel de trauma con el que estaba tratando. Por supuesto que no todos necesitan saber su origen biológico, pero digamos que no es algo tan extraño de entender, que una persona que no lo sepa, lo quiera saber.

    Así que en la primavera de este año 2025, cuando por fin pude unirme a un grupo y encontrarme con otros adoptados le agradecí al cielo y a todos lo santos de todas las religiones y creencias, de que por fin podría entender un poco más de mí, a través del relato de otros. Y tal cómo lo pensé, reflejado en la historia de cada uno, podía ver un dolor inconmensurable. Y no sólo eso. Podía escuchar las mismas preguntas que llevo yo: ¿Porque esto me duele tanto? ¿Qué me estuvo pasando? ¿Cómo lo puedo cambiar? Nadie reacciona como yo, nadie siente así como yo….

    Lloré durante toda la primera sesión. Y no por dolor, sino por agradecimiento. Éramos un grupo de extraños, adoptados de distintos países, de diferentes edades, pero tán parecidos.

    Aceptar, sentir, dejar ir, agradecer. 

    En esta búsqueda de aceptarme, de entender que me está pasando, de perdonarme, en el 2018, la última vez que fui con Simon a Abuelas de Plaza de Mayo, pedí una entrevista ahí con una persona para que me explicase más sobre la ley de adopción. Porque recordemos que no somos ajenos jamás a la historia que nos precede. Esta persona me habló de la historia de la ley de adopción en Argentina. La ley que como hecho legal se creo el el 1948. Esa ley daba a los hijos adoptivos los mismos derechos que tenían los herederos biológicos. Entonces, antes de que existiese la adopción legal, ¿qué había?  Según lo que entendí, había “prácticas de circulación de niños” que se refiere a aquellas transacciones por las cuales la responsabilidad sobre un niño es transferida de un adulto a otro. En Argentina, las prácticas de circulación de niños reconocen una larga tradición y distintas fuentes indican que, a pesar del vacío legislativo, durante el siglo XIX y buena parte del XX las adopciones de niños fueron llevadas adelante ya sea por organizaciones de caridad o de manera informal entre particulares. No eran hijos de verdad, hijos biológicos, pero al menos tenían derecho a heredar lo mismo que los hijos biológicos.

    ¿Y qué quiere decir esto realmente? ¿Cuál es el estigma que conlleva ser adoptada? O mejor dicho, ¿que sentía yo, cuando la gente alrededor mío se enteraba que yo era adoptada? ¿En mi cabecita de niña, que percibía yo?

    La primera palabra que se me viene a la mente es ilegitimidad. No ser realmente, no pertenecer realmente, no merecer realmente. 

    En junio del 2002 me mudé a Suecia. Bien lejos de Argentina, y aunque podría haber sido aún más lejos o diferente de Argentina, fue realmente llegar a otro planeta. Al poco tiempo de llegar ahí, me dí cuenta de que lo más difícil era encontrarme. En Argentina yo tenía mi rol, mi identidad, mi lugar. Yo representaba una personaje que se expresaba en una sociedad que a su vez le devolvía un reflejo de lo que veía. Yo me veía a mi misma de una forma, y la sociedad me devolvía el reflejo de lo que yo le comunicaba al mundo que me rodeaba. Ahora, en el nuevo mundo, el reflejo que me volvía de mi misma era totalmente diferente. Pasé a ser otro personaje. Un personaje con el que no me identificaba. No me encontraba, no me reconocía. Y no entendía que era lo que esta otra sociedad me estaba diciendo sobre mi misma. Ahora, veintitrés años más tarde, ya desarrollé un personaje y una identidad arraigada a la realidad que me rodea. Básicamente, estoy hecha una sueca. Sigo siendo sapo de otro pozo, pero al menos por otras razones que las que había en Argentina. Soy sapo de otro pozo porque literalmente, vengo de otro pozo. A lo que voy con todo esto, es que no hay que olvidar que como personas, no somos ajenas a la realidad que nos rodea, ni inmunes al mensaje que nos devuelve la sociedad sobre quienes somos. Siempre lo digo, somos peces en la corriente, pájaros al viento, tratando de encontrar nuestro camino, nuestra historia, que vive dentro de un  contexto histórico regido por fuerzas invisibles que van más allá de nuestros esfuerzos conscientes de romper con ellas. 

    Como también mencioné antes, los adoptados, o personas de identidad sustituidas estamos rodeados de mensajes sobre la razón por la que no crecimos con nuestros padres biológicos, desde el día que nacimos. Mensajes a diario, desde temprana edad, como mantras que se repiten consciente o inconscientemente por donde miremos. Mantras que escuchamos y nos repetimos a nosotros mismos interminablemente, sobre entre otras cosas, ilegitimidad y desmerecimiento. Mantras silenciosos, grabados en la retina de nuestros ojos, que filtran todo a través de esa luz y repiten el mismo mensaje hasta la eternidad. Sin siquiera darnos cuenta. 

    “¿Te parece que hubieses sido diferente de haber crecido con tu familia biológica?”, me han preguntado muchas veces. “No sé, nunca fui no adoptada, esto es todo lo que conozco”. 

    El cliché número uno que siempre escuché y negué durante la mayor parte de mi vida, fue que mi baja autoestima se debía a que mi mamá biológica me abandonó. Entonces, yo me identificaba como algo abandonable. Según este cliché, yo sentía que no tenía el mismo valor que un bebé que creció con su familia biológica. Defectuosa de entrada. 

    “No puede ser” pensaba. “No puede ser tan sencillo todo esto”. Porque de ser así, ¿porque no en vez me identifico con ser un bebé realmente deseado. Un bebé tan deseado que mis padres adoptivos hasta rompieron las leyes para conseguirme? El mantra “abandono” es mucho más fuerte que el mantra “bebé realmente deseada”. Internalicé el rechazo y el abandono mucho más que el amor y la añoranza de mis padres adoptivos de tener una hija. ¡Que injusto! ¡Que bueno hubiese sido haber internalizado el amor! ¡La fuerza que tendría en vez ahora! 

    Pero soy sólo un pez nadando en la corriente de un destino. Las voces que internalicé fueron las de mi familia adoptiva, cuando hablaban de mis genes, la de mis compañeros de colegio, que me recordaban el color de mi piel, la de los maestros que me trataban diferente por no ser blanca y rubia, la de mi noviecito en primer grado, también adoptado que me dijo que nosotros pertenecíamos juntos porque teníamos el mismo color de piel. Las voces de una amiga de mi mamá que refiriéndose a otra persona que iba a adoptar dijo: “¡Qué horror! ¿Andá a saber de dónde vienen esos genes?”, otras voces de personas que al enterarse de que soy adoptada, prácticamente me decían “pobrecita”…. Las miradas de las nenas en la colonia de verano del campo deportivo alemán que no querían jugar conmigo porque yo me veía diferente a ellas.  El reflejo que devolvía el espejo de la sociedad que decía que yo venía fallada de entrada hablaba fuerte y claro una y otra vez. ¿Y yo? Huyendo, tratando de desmentir ese mensaje.. Incansablemente tratando de alejarme de esa radio que llevo por dentro.

    Sé que dentro mío, cuando logro quedarme quieta y despejar mi mente hay otras voces. Voces independientes de la realidad, voces que con paciencia y amor me reconstruyen hacia una identidad más real, más justa, más amable. Voces que vienen de una fuerza más allá de mí, voces que me quieren bien.

    A veces no puedo dormir pensando en qué desperdicio han sido todos estos años, sin poder liberarme de esa cárcel interna. Si luchase más, si me esforzase un poco más, si tratase más arduamente…..después me recuerdo: “Naty, sólo sos un pez en la corriente, hiciste siempre lo que pudiste, estás exactamente donde debés estar, y sos quién debes de ser”. Todo es perfecto.

    Aceptar, sentir, dejar ir, agradecer.

    A veces, hasta me puedo volver a dormir.

    19 min
  • Capítulo 19-¿Nunca te acercaste a los contactos de tu adopción? (La importancia de la memoria)

    Acercarme directamente a la fuente de información sobre mi adopción ilegal hubiese sido probablemente lo más lógico y sensato en toda esta búsqueda. Al fin y al cabo yo sabía quienes eran, o al menos quién era la persona que le informó a mi mamá de mi existencia. De hecho, uno de mis mejores amigos en Suecia, argentino, hijo de exiliados de la dictadura militar, me dio la idea, pero yo nunca me animé hasta mayo del 2018. Y voy a pasar a explicar porqué. Mi mamá y mi papá, tal como lo conté antes, se oponían a mi búsqueda. El hecho de que yo fuera a preguntarle a quién era su amiga, si sabía algo más sobre mi adopción los llenaba de terror y vergüenza. “No se te ocurra molestarla!” me decían. Yo, la verdad, sentía lo mismo. Aunque suene ridículo, aunque yo tuviera derecho a mi historia, el hecho de tener que ir a tocarle la puerta a alguien y preguntar que sabían sobre mi historia, me aterraba. Sobre todo porque todos, absolutamente todos, a partir del 2003 asumíamos que yo era hija de desaparecidos. Eso quería decir que mi búsqueda implicaría que esta persona de alguna forma estaba involucrada en un crimen de lesahumanidad. Y ya sé, un crimen es un crimen y los culpables son culpables y punto, pero para mí no era tan fácil. Será mi síndrome de Estocolmo constante, mi codependencia, mi negación, mi miedo al rechazo, a que la gente se enoje conmigo, mi miedo al conflicto, mi vergüenza, mi mala autoestima o una combinación de todo eso, que no podía encontrar la fuerza dentro mío de tomar el paso y hacerlo. Hasta que el resultado de ADN de Abuelas de Plaza de Mayo dio negativo, y ese camino se cerró. Si yo soy hija de desaparecidos, nunca lo vamos a poder comprobar. Después de que Simon y mi pareja de ese momento me convencieron de seguir la búsqueda a pesar de que había sido negativo el resultado de Abuelas, la búsqueda tenía que tomar un nuevo camino. Por un lado era acercarse a la oficina de Derechos Humanos y Mercedes Yañez, y por otro lado era ir a la fuente, a los testigos que realmente sabían qué había pasado ese agosto del 1977, cuando mi familia me fue a buscar a lo de el doctor Bartucca. Me tomó mucho, pero mucho coraje primero contactar a la hija de la señora que por una cuestión de anonimidad la voy a llamar Marta. La hija de Marta había sido compañera de colegio de mi hermano, y siempre que me la encontré había sido tan amable conmigo. Le escribí preguntando si le parecía bien que la contactase a su mamá y le preguntase sobre mi adopción. Me dijo que sí y me pasó el contacto de su mamá. Así que ese mayo del 2018, en uno de los viajes que hicimos para continuar mi búsqueda, junté todo el coraje que tenía y fui a visitar a Marta y a su marido en su departamento en Palermo, Buenos Aires. Yo estaba aterrada, sin saber qué era lo que me esperaría. Después de tanto tiempo, tanta expectativa, de haber vivido con una narrativa de cómo todo fue al comienzo de mi vida, que verdad surgiría?

    Me recibieron por supuesto con toda la calidez y amabilidad del mundo. Hacía tanto que no me veían! Al fin y al cabo, esta pareja siempre me tuvo en mente. Nuestros destinos se cruzaron de la forma más extraña, generando un lazo innegable. Primero hablamos de cómo llevo la vida en Suecia, de cómo me manejo con el frío y la oscuridad, si sobrevivo haciendo música, si me casé y tengo hijos…bueno, lo usual. Sentí realmente que me habían estado esperando. Después de un rato de tomar el café y comer sándwiches de miga, esos que tanto me gustan, y tanto extraño desde que me mudé a Estocolmo,  Marta le dijo al esposo que íbamos a ir al living ella y yo a hablar. Él no estaba incluido en la conversación. “Interesante” pensé, porque todos esos años anteriores, yo estaba segura de que era el esposo, quién vi vestido de uniforme en la boda de su hija, ese hecho que inició todo esto, quién era el protagonista principal de esta historia. Pero aparentemente, no era así. Al menos no era el protagonista de la historia que Marta durante tantos años protegió en su memoria, esperando que algún día yo fuese a tocarle la puerta. Ella, más que nadie, muchísimo más que mi propia familia, me dejó en claro lo importante de la verdad y la memoria. Será por eso que la guardó con tanto cuidado?

    Esta es la historia que me contó ese día que la fui a visitar:

    En agosto del 1977, el hermano de Marta quién en ese entonces era transportista de camiones, se encontraba manejando su ruta que iba de Buenos Aires a Ushuaia (un tramo de poco más de 3000 kilómetros) cuando recibe la noticia de que su esposa embarazada de seis meses se encuentra internada en el hospital. El hermano de Marta, a quién elijo llamar Ralf para preservar su anonimato, se toma el primer vuelo a Buenos Aires para estar junto a su esposa, a quién le hacen cesárea de urgencia. Pero lamentablemente el bebé no sobrevive. Resulta que ella había tenido dolores intensos durante tres días, debido a un intestino perforado, lo cuál los médicos no detectaron. El bebé en ese tiempo llegó a intoxicarse y no lo sobrevivió. La familia, como era de esperarse quedó destrozada, y en eso, la tía de Marta, quién era la cuñada de su mamá y madrina de Ralf, se comunica con él, diciendo que hay una beba en adopción, y dado que él recién había perdido una, si no quería ir a buscarla. Ralf, quién recién había perdido a su hija y cuya mujer ahora se encontraba en terapia intensiva, con un intestino gangrenado y luchando por su vida; como cualquier persona normal, reacciona espantado y de forma negativa a tal propuesta. Marta a su vez, tratando de ayudar a su hermano y cuñada, quién conocía a mi mamá y a mi papá no sólo del kindergarten donde iba mi hermano y su hija, sino también porque su hermano Ralf jugaba al handball en el mismo club alemán con mi papá y mi tío, fue a la casa de ellos a pedirles si alguno podría donar sangre a su cuñada que se encontraba en terapia intensiva. Ahí le cuenta toda la historia a mi mamá, inclusive la parte de la tía Anita que propuso ir a adoptar a esa nena ya que la otra había muerto, y la reacción de su hermano Ralf. El mismo día o al día siguiente, Marta recibe un llamado de mi mamá quien muestra interés por esa nena que está siendo dada en adopción, o sea yo.

    Mi mamá le cuenta que estaba ya anotada en la cola de adopción  esperando a que le den una nena, y que ya habían pasado 3 años y todavía nada, así que le pidió el contacto del médico que tenía esta beba que estaba esperando ser adoptada. Marta le da el número de teléfono y no piensa más en el asunto, hasta que el día siguiente pasa por la casa de mis padres y para su gran sorpresa, me encuentra a mí, bien envuelta como un paquete. Ahí le cuenta mi mamá, que me habían ido a buscar la noche anterior, con mi papá y mi hermano. Aparentemente hablaron por la noche con el médico y a eso de la medianoche fueron en auto a buscarme a la dirección del médico, que era una clínica privada. Volvieron lo más rápido posible a casa, sabiendo que estaban haciendo algo ilegal, y conscientes de que habían violado el toque de queda del momento. Mi mamá cuenta estar muerta de miedo de que alguien los siguiese y les quitaran a la beba. Al día siguiente me llevó al pediatra, y aparte me tenía que ir a comprar ropa. Todo había pasado tan rápido que no estaban preparados para mi llegada. 

    Marta no sabía nada más que eso. Me había esperado durante 41 años para contarme todo lo que se acordaba. Inclusive me preguntó varias veces si mi mamá y papá no me habían contado cómo fue todo, y cuando le respondí que ninguno me quería contar nada, se espantó, horrorizada de tanta crueldad. “ Y cómo vas a cerrar esa herida si no sabes tu verdad?” , exclamó con dolor. Marta entendió todo. Guardó un pedacito de mi historia y me esperó, consciente o inconscientemente sabiendo que algún día yo le preguntaría y ella podría cumplir con su parte, la de pasar la información a su destinatario. Que la verdad no desaparezca, que yo pudiera sanar.

    Algo que era tan claro para ella, pero que mi familia me negó todo el tiempo. 

    Una pregunta que surge de vez en cuando, cuando con la mejor intención, gente que creció sabiendo su origen biológico me cuestiona: ¿Porque necesito saber? ¿Si ya soy quién soy? Qué importa lo que pasó en el momento de mi nacimiento? ¿Qué importa las razones por las cuales mi familia biológica no me pudo criar? ¿Qué tiene que ver conmigo las razones por las cuales mi madre biológica me entregó a extraños? Lo importante es el aquí y ahora, el amor que me rodea, la vida que creé. 

    Voy a tratar de explicarlo, a ver si puedo ponerle un poco más de claridad al asunto.

    Seguramente alguna vez en la vida, han estado enamorados. Sintieron el corazón abierto, ensanchado, frágil, vulnerable y entregado. Y era imposible no amar. Esa persona se convirtió en el centro del universo. Así cómo sucede en las canciones de amor. Sintieron un hogar en esa persona, se sintieron a salvo, vistos, cómo si esa persona confirmase nuestra existencia.

    Pero un día, de la nada, en medio de esa vulnerabilidad, la persona que tiene nuestro corazoncito en sus manos, de repente, nos rechaza. Dice, o actúa de una forma en la que demuestra que ese amor no es recíproco. Nos deja. Se va, desaparece, sin realmente explicar nada.

    Es entonces, que muy posiblemente, nuestra mente, tratando de entender que fue lo que pasó, para prevenir que vuelva a pasar otra vez, que se nos vuelva a abandonar o rechazar, para evitar la sensación de engaño, o la falta de control e impotencia, tal vez inclusive la vergüenza de haberse creído amada, empieza a crear teorías o historias sobre lo que sucedió o la razón por la cuál sucedió. Algo que explique el comportamiento del otro, algo que prediga ese comportamiento en otro en el futuro.

    Ahora traduzcamos  esa historia de enamoramiento que tanto nos lastimó a un hecho tan fuerte como es el que aquellos que supuestamente deberían de habernos cuidado y protegido y amado más que nadie en el mundo, en vez nos entregaron a extraños. Y nunca sabemos porqué, ni que fue lo que realmente pasó.

    La mente empieza a crear una narrativa con la información que tiene para entender. Una narrativa que al mismo tiempo se convierte en nuestra identidad. “Esto me sucedió a mí, porque yo soy de esta forma. Me abandonaron, me vendieron, me maltrataron, porque no tengo valor". O sea: "Yo no tengo valor, por eso se me abandona, se me maltrata”. 

    La realidad deja de existir fuera de nosotros y es sólamente una historia que nos contamos internamente, que recreamos. Una realidad que nos confirma lo que creemos, que nos lastima, que nos abandona. Y en esa realidad, en esa burbuja en la que vivimos, hacemos lo que podemos, sin poder liberarnos de ese  primer mensaje. Nos defendemos de ese dolor, de una herida que sangra constantemente y así desarrollamos variados e inteligentes mecanismos de supervivencia. 

    Abandonar antes que nos abandonen, no dejar que nadie se nos acerque demasiado, para que nadie vea esa verdad de la que estamos huyendo, encontrar gente que nos ame un poquito, pero que no nos de la seguridad que necesitamos para poder realmente relajarnos y confiar, porque ya aprendimos que relajarse, es ser vulnerable y eso, no se va a volver a repetir.

    El hecho de que se nos entregó por razones ajenas a nosotros, no tiene lugar en ningún rincón de esta narrativa. La mente nos dice: “¿Cómo es posible entregar a tu propia hija? ¿Cómo es posible maltratar a una niña? Algo malo tuvo que haber hecho. Esa niña tiene que ser producto de algo horrible, tan horrible que la madre la entrega y nunca más quiere saber de ella, tanto, que la quiere olvidar”.

    Pero la verdad de la realidad, es mucho más profunda y compleja que eso. Y es por eso que es tan necesaria. Es verdad que en la mayoría de los casos, las madres no podían quedarse con sus hijos y por eso los entregaron, pero en esas historias únicas, hay mucho más que tiene que ver con el contexto, con la realidad en la que vivían, con injusticias sociales, inclusive con la situación política del momento. Lo que buscamos, cuando buscamos el relato tan complejo de cómo todo sucedió, es redención. Es entender por qué. Es comprender, que esto no fue personal, aunque nos haya pasado a nosotros, aunque afectó totalmente el curso de nuestras vidas, no se trataba de nada que hubiésemos hecho. Esto no fue nuestra culpa. No lo causamos, no lo controlamos, ni lo pudimos cambiar. Triste como todo fue, la época que nos tocó vivir, la realidad y el contexto en el que llegamos al mundo, nada de eso se trataba de nosotros. Buscamos entender, y liberarnos finalmente de un peso que no nos corresponde. Y después si, llorar, o gritar o de alguna forma canalizar ese dolor, porque lo que dolió, dolió. Esa niñita, ese niñito, cómo todos los niños del mundo, sólo quería ser amado y no podía entender que hizo para merecerse ese trato. Una vez liberados, podemos empezar realmente a sanar, dejar ir, inclusive perdonar, pero todo a su debido  tiempo. 


    Así que, gracias Marta por tu valentía, por tu humanidad, por tu paciencia y tu cuidado hacia mi alma. Gracias por al menos preservar un pedacito de mi historia. Siempre digo que los héroes más lindos, son aquellos que lo son sin saberlo. 

    Marta, vos uno de ellos.

    22 min
  • Capítulo 18-¿Cómo le cayó todo esto a tu pareja?
    Las relaciones amorosas son un reflejo del modelo de apego con el que nos relacionamos. Y cómo comenté antes, este modelo se basa en la forma en la que nuestros padres, o aquellos que nos criaron nos mostraron o enseñaron a relacionarnos con ellos. Por eso, antes que nada, es importante poner en contexto mi relato. También importante es recordar que esta es mi experiencia y no la verdad absoluta. Y a pesar de que he compartido historias con otras personas adoptadas, encontrando muchos puntos en común en su relato con el mío, reitero, este es sólo el mío. Mi relato, mi historia..
    Este me resulta un tema sensible y se me hace difícil saber por dónde empezar. Tal vez puedo comenzar por la misma pregunta: ¿Cómo le cayó todo esto a mi pareja?  Esta pregunta, generalmente me la hacen las parejas de gente adoptada. Preocupados por saber de qué forma podrían ayudar, o de qué forma podrían contribuir a que la persona que aman sane una herida tan profunda, muestran enorme interés por saber cómo lo manejó la mía en su momento.¿Pudo acaso soportar mi doloroso proceso de búsqueda? ¿Estuvo ahí para apoyarme en todo? ¿Y qué pasó con el amor y el romance en medio de una tarea tan profunda de sanación?
    Voy a hacer el intento de ser lo más justa y parcial posible, por respeto a todo el apoyo y amor que recibí en su momento que sinceramente, no fue poco.
    Quién fue mi pareja de muchos años, y quién me acompañó en la mayor parte de esta búsqueda es a quién en capítulos anteriores he llamado Juan. La relación se terminó a principios del 2019 de forma muy abrupta y traumática, pero durante los primeros 10 años de esos 13 que estuvimos juntos, fue la relación más linda y saludable que tuve en mi vida. Juan fue quién insistió desde un principio que tenía que buscar mis raíces. Él veía  ese vacío dentro mío y tal vez porque inconscientemente pensaba, tal como lo hacen muchas parejas de gente adoptada, que de yo encontrar mi origen biológico, mis heridas sanarían y yo le podría dar todo el amor que él estaba necesitando, me apoyaba para que yo tomase los pasos necesarios en mi búsqueda.  Él fue quién siempre dijo que no importaba si yo era hija de desaparecidos o no, que había ocurrido una tragedia al comienzo de mi vida independientemente de quiénes fueran mis progenitores. Cosa que a mi me tomó mucho tiempo entender, dado que en mi imaginario, mi mamá me entregó y se deshizo de mi porque era yo una inconveniencia en su vida, pero de haber sido hija de desaparecidos, el mensaje que la realidad me transmitía era exactamente el contrario.Para Juan era claro que una madre en la mayoría de los casos, no quiere dejar ir a su bebé, que tienen que ser circunstancias muy complicadas para que eso suceda.Él realmente se involucró en la búsqueda, viajó conmigo a Argentina, me acompañó a la embajada argentina en Estocolmo a dejar el ADN, estuvo a mi lado cuando recibí el resultado. Aprendió a acariciarme la cabeza cuando tenía ataques de pánico y compró una máquina de hacer smoothies cuando por la ansiedad que me generó la búsqueda, dejé de poder tragar comida sólida y sólo podía ingerir líquidos. 
    Juan era mi mejor amigo. Era de esas parejas que ayudan en todo lo que pueden. Desde la logística de comprar los pasajes a Argentina, hasta aguantarse los comentarios dañinos de mi familia y defenderme cuando veía que yo ya ni reaccionaba. En lo que va del documental él, Simon y yo éramos un equipo. Cada uno tenía su rol. Entre los tres íbamos avanzando lento pero seguro. Pero cómo todo en la vida, las cosas tienen que tomar el curso que tienen que tomar y la ruptura de esta relación fue inevitable.Tal vez  porque me conoció a los 20 y era hora de buscar otros horizontes, o tal vez porque la búsqueda era como una nube negra que lo teñía todo y terminó consumiendo el amor que tenía por mi. Me acuerdo que en octubre del 2015, después de que me habían llamado de la embajada argentina en Suecia para que dejase el ADN, noté que su amor por mi fue desapareciendo lentamente. Yo me desesperaba, pero lo entendía. Dentro mío una voz me decía: “¿Y quién querría estar con alguien como yo? ¿Con este bagage, con tanto trauma, con este constante cansancio?”. Por supuesto que yo intentaba compensar a su vez yendo a  todas las terapias posibles, para delegar la necesidad de apoyo y consuelo en mis grupos de autoayuda, y que no todo recayese en él. Trataba de tener una actitud positiva, de darle espacio a él para que mi búsqueda no tomase todo el espacio en nuestra relación, y más que nada, nunca realmente contarle todo lo que me estaba pasando por dentro para no abrumarlo. Mi prioridad número uno, era protegerlo lo más que pudiese de lo que me estaba pasando por dentro, para que él no se cansase y me dejase. Si, ya sé, suena muy tóxico y autodestructivo, pero no olviden lo que ya conté. La codependencia de los adoptados hacia nuestras parejas es yo diría nuestra marca registrada. Las separaciones no son lo nuestro. Y que nos dejen aún menos.
    Muchas veces, el comentario que recibía de las personas que sabían de mi búsqueda podía ser algo así como: “Que suerte que tenés a Juan!” Lo cuál hacía que yo me desesperase aún más. Ese “que suerte que tenés” me indicaba que yo no lo merecía. Que las horas de esta relación estaban contadas. Casi como un: “Que suerte que te soporta! Yo no lo haría!”. Como si Juan me estuviera haciendo un favor, o un servicio al quedarse a mi lado.Yo siempre le dije que la búsqueda también le pesaba a él, que debía buscar ayuda, ir a terapia, tener algún lugar donde hablar y buscar apoyo. Lo hizo durante un tiempo, pero nada tan serio, ni profundo. ¿Y cómo no le pesaría mi búsqueda? Ver mi dolor y ansiedad? Es importante recordar que somos seres humanos, que es normal sentir el uno con el otro, y que no tiene siquiera que tratarse de un gran amor para sentir empatía. Aunque en este caso sí lo fue, un gran, gran amor. Esto si que lo puedo decir con certeza: A quién nos acompaña en la búsqueda, también le está sucediendo esa búsqueda. Aunque estén de copilotos, van transitándolo a nuestro lado.
    Mirando para  atrás, lo que más me dolió de cómo terminó todo no fue tanto el hecho de que él y una de mis mejores amigas y confidentes terminaran juntos y de que pasasen 6 meses antes de que alguno de lo dos me lo dijera, a pesar de que yo ya había terminado la relación. Sino que consciente o inconscientemente entre los dos trataron de culparme y convencerme de que el hecho de que no me lo dijeran era porque no pensaban que lo pudiera manejar. Que yo y mi búsqueda, y mis dolores, y mi pasado eran la razón por la cúal eligieron no decirme nada hasta mucho más tarde. Según su punto de vista, yo estaba enferma y ellos me hicieron el favor de mentirme. Y tal vez esto no hubiese sido tan destructivo, si no hubiese sido por el hecho de que yo les creí. Yo era el problema, yo era la que cargaba a la gente. Una verdad que realmente resonaba conmigo desde el comienzo de mi vida. Los fantasmas que me dejó mi historia estaban siendo confirmados por las dos personas que más me conocían. Mis miedos más profundos se presentaron de forma perfecta ante mi. O sea, se juntaron el hambre y las ganas de comer, la tormenta perfecta. Es imposible separar los patrones relacionales de nuestra infancia, de cómo nos relacionamos ya siendo adultos. Con esa misma identidad, esa que me dice que soy una carga para otros, de la cual me estoy tratando de alejar desde hace tanto tiempo, entré a mi próxima relación.Y por supuesto el resultado fue muy parecido. Con él traté de esconderlo todo, y siempre se quejaba de que no le compartía nada. Pero apenas le compartía algo le parecía tan abrumante todo que se desesperaba. Después usaba lo que le había dicho en mi contra para culparme de los problemas que teníamos. Y yo le creía, porque estaba nuevamente confirmándome una verdad mía que ya habitaba en mí desde hacía tanto tiempo. 
    Las relaciones amorosas son el reflejo de la imagen que proyecta nuestro espejo interior. Nos vemos a nosotros mismos con los ojos de nuestro niño interior, que se cuenta una historia todos los días sobre que es lo que merece recibir. Se suele decir que el amor verdadero nace de dejarse ver tal cuál  uno es y ser aceptada en las  fortalezas y debilidades. Tener el coraje de mostrarse vulnerable al otro y dejar ver los defectos y virtudes. Que el amor verdadero viene de amarse a una misma primero. Que una tiene que estar entera, y después dejar entrar al otro. Que hay que estar sana, haber integrado cada parte y perdonado cada oscuridad, para poder amar y dejarse amar. Lo cual tiene sentido. ¿Seré entonces un caso perdido? Y las relaciones amorosas no son lo mío?
    Volviendo entonces a la pregunta original: “¿Cómo afectó esto a mi relación? Tal vez la pregunta más acertada es, de que forma esto me afectó a mi. En la vida muchas veces transité por lugares de dolor y pérdida. Después de la pérdida de mi relación con Juan en particular, por la culpa que me quedó, decidí callarme, aislarme y no contar mucho con nadie. No esperar de mi pareja eso de lo que todos hablan que hay que esperar de una pareja. Aprendí a huir y no estar presente emocionalmente, en lo posible, nunca más confiar o tener que depender de alguien. Tal como lo diría mi psicóloga, gracias a cómo terminó esta relación, se terminó de confirmar lo que yo siempre creí de mi misma, que soy una molestia.Si desde chica aprendí a proteger a mi familia de mi dolor, porque nunca lo pudieron manejar, porque los adultos que me rodeaban tenían la madurez de pequeños infantes, si entendí desde hace tanto tiempo que la mejor forma de evitar que me dejen es vivir una doble vida, donde en las relaciones cercanas lo único que muestro es un dolor organizado y manejable, minimizando el desastre, si se confirmó tantas veces que cuando quemen las papas, voy a estar solita con un matafuegos, mi mejor solución fue la soledad y el silencio, también conocidos como disociación.
    Como ya dije antes, mi historia es sólo mía, y porque esta sea la forma en la que me he relacionado con mis parejas, no quiere decir que todos los adoptados nos relacionamos de esa manera. O que esta sea la forma en que me relacione para siempre. Todo cambia, inclusive mi trauma.
    Cada tanto, me encuentro explicándole a amigos y amigas que están en pareja con una persona adoptada, que es ese vacío y dolor que ven en sus ojos. Porque a veces nos mostramos tan necesitados de cumplidos, somos extremadamente leales, no dejamos ir, nos sentimos eternamente solas y solos, y nos cuesta horrores poner límites. O tal vez, porque huimos de las relaciones, no podemos comprometernos y evitamos a la gente y a la verdadera intimidad. Un día inclusive me encontré a mi misma diciéndole a un amigo cuyo corazón fue roto por su entonces novia adoptada, y que en esa ruptura se comportó de forma muy extraña, algo como “¿No te digo? A los adoptados hay que evitarnos!”
    ¿Estamos irremediablemente heridos, y por lo tanto deberíamos ser evitados?Este tipo de pensamiento puede ser una gran trampa: creer que a menos que estemos perfectamente sanados, no somos dignos de amor. El amor no siempre espera la perfección. Florece en la imperfección, en las partes desordenadas de nosotros que aún están sanando. Tal vez una esté luchando con la idea de que se es "demasiado" o "no suficiente", pero eso no significa que no merezcamos amor. Todos merecemos amor, incluso mientras estamos en el proceso de sanación.
    Asi que no. No hay que evitarnos. Pero por ahi es bueno tratar de entender, que ciertas cosas nos cuestan más que a otros. Y que llevar una herida tan grande, como cualquier otra herida humana, demanda un poco de paciencia. Y sobre todo, que la terapia ayuda. Ese vacío, nadie lo puede curar, más que nosotros mismos. No nos pueden salvar, pero sí nos pueden abrazar y estar a nuestro lado, aunque nunca entiendan que es lo que realmente nos está pasando. Y claro está, el trauma de la adopción no es una excusa para justificar ningún tipo de maltrato, sino una explicación para que entiendan de donde vienen las cosas.
    Yo por mi parte seguiré intentando encontrar un camino nuevo y dejar de avergonzarme por mis heridas y debilidades. Conocerme, reconocerme, estudiarme y aceptarme.Me niego a rendirme ante el mensaje interno que me trata de convencer que no nací para ser amada. Que eso existe para otra gente. Un día por vez, un mensaje mucho más hermoso va a ir ganando terreno en mi.Y al fin y al cabo, lo que no me mata me fortalece…..aunque me cueste interminables horas de terapia.

    21 min
  • Capítulo 17-El trauma de la adopción puede mejorar o empeorar dependiendo de la familia que adopte?
    La familia que nos adopta es nuestro mundo. En ese mundo vivimos, respiramos, crecemos. Son nuestra referencia, nuestro punto de partida, nuestro hogar. No hay forma de que lo que haga nuestra familia adoptiva no nos influya. Por supuesto que hay que tener en cuenta que todas las familias son diferentes, todas las personas adoptadas son diferentes, todas las situaciones en la que se dió la adopción son diferentes y todas las formas de relacionarse son diferentes. Es difícil generalizar y simplemente decir que si las cosas se hubiesen dado de una forma o de otra, el trauma automáticamente hubiese disminuído.  pero lo que descubrí en mi caso, y por lo que otros me contaron, la forma en la que a una la trata la familia que a una la adoptó va a reforzar o sanar el trauma de que: “A mi me abandonaron porque hay algo defectuoso inherente en mí” también conocido como esa voz interna que como disco rallado dice: “Obviamente nací para ser abandonada y rechazada. Ese es mi destino, esa es quién soy”. Esas voces internalizadas, esas creencias vinieron de algún lugar. No es algo que a los niños simplemente se les ocurre creer. No es algo que eligen. 
    En el 2020, plena pandemia, me encontraba yo luchando contra mis demonios: Mi codependencia, mi inhabilidad de poner límites, mi inhabilidad de cortar con la relación tóxica en la que me encontraba que tan claramente me hacía mal, y mi apego obsesivo hacia una persona con quién realmente no debería estar.
    A pesar de todos los años de terapia, todos los libros leídos y todas las reuniones de doce pasos, había algo que yo todavía no había entendido. Cómo podía ser que a pesar de todo el conocimiento, de toda esa claridad mental todavía seguía repitiendo los mismos patrones relacionales? ¿Podía realmente ser que el comienzo de mi vida me había marcado mucho más de lo que yo había entendido?
    En el 2021, decidí averiguarlo de una vez por todas cuando descubrí que en Suecia se ofrecían sesiones de terapia online gratis para gente adoptada. Y esto sucedía muy probablemente como consecuencia de los datos que salieron a la luz sobre el robo sistemático de bebés en Chile en la década de los '70 y los '80 y la venta de los mismos a países del primer mundo. Países como por ejemplo Suecia, a dónde se estima llegaron alrededor de 2200.
    La terapeuta que me atendió me preguntó si ya había ido a terapia y de qué forma necesitaba ayuda. Yo fui directo al grano, le dije que iba a terapia desde los 17 años, pero sentía que necesitaba información sobre cómo me afectó la adopción y sobre todo, si este trauma se podría haber curado o al menos se hubiese aminorado con la familia que me adoptó. Me pidió que le describiese un poco cómo fue crecer con mi familia, y no le tomó mucho tiempo confirmarme, que más allá de mi adopción, mis padres adoptivos y la forma en la que se manejaron con el hecho de que mi hermano y yo no éramos sus hijos biológicos, hicieron que el trauma inicial a no pertenecer a su mismo clan genético se potenciase muchísimo más.
    Antes de contar la siguiente historia, voy a hacer un paréntesis. Tener hijos no es fácil. Lo he visto en mis amiguos y amigas. Es el amor más grande y la demanda más grande. Es la relación más hermosa y más molesta. Más energizante y drenante. Y por lo que puedo observar, la fragilidad más grande que se puede experimentar. Como dijo mi amigo el otro día: “Es como si tu corazón de repente estuviese fuera de tu cuerpo”. Por eso siempre miré a la gente que decide tener hijos con mucha admiración. 
    Volviendo al tema entonces voy a tomar de referente a mi propia mamá, que es lo que tengo. Cuando murió en el 2013, yo sentí que moría una parte de m'i. Estuve junto a su lado hasta que tomó su último aliento. Ella que tanto miedo le tenía a todo, no debería estar sola en un momento de tanta incertidumbre. Después de su muerte mucha gente se me acercó diciéndome cuánto nos amaba, a mí y a mi hermano. “Se desvivía por ustedes” me dijeron. Yo sonreía y afirmaba: “Si, mi mamá nos dio todo”. Y por dentro pensaba, cómo es que nadie nunca vió lo que pasaba en casa? Durante muchísimos años pensé que yo estaba loca y que me lo había imaginado todo. O que en realidad el problema siempre fue que soy muy sensible y  que todo me afecta. Que su comportamiento era normal, de madre estresada por ser madre. Que mi hermano y yo éramos insufribles, por eso siempre estaba irritada con nosotros. Que si hubiésemos sido mejores hijos, ella se hubiese sentido mejor. O al menos si yo hubiese sido mejor hija. Si no le demandaba nada, si me portaba bien, si no hacía barullo, si la entendía y escuchaba, si no reaccionaba al abuso, a la falta de límites con mi cuerpo, si no reaccionaba a sus comentarios dañinos, a sus golpes. Si yo simplemente dejase de existir, tal vez entonces ella se sentiría más tranquila y no le pesaría tanto ser madre.  
    A terapia empecé a ir a los 17 años. Yo pedí de ir a terapia porque sentía una gran pesadez en el alma, algo que muchísimos años más tarde diagnosticaron como síndrome de estrés post traumático complejo. Para los que no saben, este se diferencia del síndrome de estrés post traumático, ya que es una afección que puede desarrollarse después de que una persona experimenta acontecimientos traumáticos prolongados y repetidos,  como por ejemplo abuso sexual, emocional y psicológico prolongado, con la negligencia agravada durante la infancia, víctimas de secuestro, situaciones de acoso constante, esclavitud, explotación laboral, prisioneros de guerra, supervivientes de campos de concentración, desertores de cultos u organizaciones en forma de cultos; entre otras cosas.  En cambio el síndrome post traumático se desarrolla tras experimentar o ver algún evento traumático. O sea, es la repetición de esos acontecimientos lo que lo hace complejo y el que desarrolle en las personas una serie de mecanismos de sobrevivencia que se diferencian del no complejo.Mecanismos de sobrevivencia como por ejemplo:Dificultades para regular las emociones, ideación suicida, furia explosiva o extremadamente inhibida; amnesia selectiva, disociación, sentimientos crónicos de impotencia, vergüenza, culpa o estigma; aceptar la forma de pensar, los valores y la forma de racionalizar del agresor; aislamiento, desconfianza crónica, enfado y hostilidad hacia los demás; búsqueda repetida de un salvador, falta de relaciones íntimas e incapacidad para autoprotegerse; falta de fe o sentimientos de desamparo, impotencia, desesperanza y desesperación; y pérdida del sentimiento de realidad acompañado por sentimientos de terror y confusión.
    En esas sesiones de terapia especializadas en el tema de la adopción, la terapeuta también me mencionó algo de lo que ya había escuchado hablar varias veces, pero nunca me había animado a adentrar, por miedo a lo que iba a encontrar. La teoría del apego.Esta teoría describe la dinámica de largo plazo de las relaciones entre los seres humanos. Esta teoría propone también que los niños se apegan instintivamente a quien cuida de ellos,​ con el fin de sobrevivir, incluyendo el desarrollo físico, social y emocional.​ La meta biológica es la supervivencia, y la meta psicológica es la seguridad. Dependiendo de cómo los cuidadores se relacionen con los niños, estos desarrollarán distintos patrones de apego como por ejemplo el apego seguro, apego inseguro-evitativo, apego inseguro-ambivalente y también el apego desorganizado. Este patrón será el molde relacional del cual la persona luego se basará para relacionarse en la vida. En el caso de las personas con síndrome de estrés post traumático complejo, en general, se puede observar el desarrollo del patrón de apego inseguro o desorganizado.Ese patrón se caracteriza por, por ejemplo, el deseo y necesidad de conexión y de intimidad, pero al mismo tiempo la incapacidad de poder recibir afecto, y la constante desconfianza.La terapeuta me recomendó leer varios libros sobre la teoría del apego y lo hice. Porque el primer paso a la sanación es entender cuál es el problema, dónde está la herida. Concientizarse del camino recorrido y las secuelas que dejó para entender que parte de una hay que abrazar, que pedacito hay que integrar, y que vergüenza hay que romper.
    Acá viene una de esas verguenzas.En el colegio secundario alemán a donde fui, en ese contexto racista normalizado post segunda guerra mundial del cuál ya hablé y en el que más que claro está, seguía rigiendo la ideología del colonialismo europeo que tanto marcó a todo el mundo, sin ninguna impunidad, pasó lo siguiente. Cuando tenía 14 años los alumnos de los años superiores a mí, me empezaron a llamar “Berta” por el color de mi piel. Este nombre, al menos entonces, era un nombre con el que se referían a las empleadas domésticas. La idea era dejar bien en claro que yo era inferior. Que no pertenecía ahí. Que lo veían, que no me podía escapar. Que yo valía menos que todos los otros. Cada día era una tortura. Por las noches lloraba deseando no tener que despertarme al otro día, y durante los días hacía de cuenta que nada de esto pasaba, me desasociaba de la realidad y sonreía como si nada. Porque nunca podría quejarme, ni protestar, porque dado que  desde casa y desde muy chica, ya me habían dejado en claro, que mis genes eran defectuosos, que venían de gente pobre o gente de la villa, que según sus creencias racistas, era gente de menor valor, el desprecio de los otros alumnos era justificado. Y yo les creía. Esa verdad, como ya conté antes, ya estaba internalizada. Mi alma lloraba por dentro y por fuera cargaba con las creencias racistas de los que me rodeaban, de ser un ser humano de menor valor. 
    Pero no fue hasta el 2008, cuando entré al programa de doce pasos para niños adultos de familias disfuncionales que empecé a entender el daño que me habían causado. De a poco fui rompiendo la negación de que mi familia era amorosa, y fui aceptando que mi familia estaba rota desde el comienzo. De a poco fui creyendo mi verdad, y recuperándome de la depresión que sufrí en el 2009, cuando ya no pude más y lo único que quería era morir. 
    Esta discriminación que yo sufrí de hecho es muy común. No hace falta llegar al extremo de crecer en la sociedad alemana-argentina de post guerra para que estas historias se repitan. El mundo está como está. De a poquito, algún día, irá cambiando. Lo que tiene de particular mi historia, es el hecho de que crecí afuera de mi tribu biológica. De mis colores, de mi fisionomía. De que la familia que me crió, sobre todo mi mamá no podía manejar el hecho que no me pareciese a ella. Quién sabe, talvez si me hubiese parecido a ella, hubiese encontrado otras razones para agredirme. Nunca lo sabremos. 
    Ella me podía decir cosas como: ”Vos podes creer, yo tenía un nene de tres años y encima una recién nacida.” A veces se olvidaba que yo no era su amiga, que era su hija, y que en este caso estaba hablando de mí. Esa vez en particular mi  respuesta fue: ”Y quién te obligó a adoptar una más? Vos sola te complicaste la vida! No hubieses adoptado”. Yo ya tenía treinta y pico cuando pasó esto. Y no fue la última vez. Otra vez que recuerdo fue cuando hablando por teléfono me confesó todo lo que hubiese hecho de su vida si no hubiese tenido hijos, y también para rematar las innumerables veces que me dijo: ”No te quedes embarazada, no te cagues la vida”.Por eso cuando la gente después de su muerte me comentaba del amor que tenía por nosotros, yo sólo sonreía y asentía. Si, nos amó. Seguro hizo lo que pudo. Así como todos hacemos lo que podemos siempre. Pero para responder la pregunta inicial, si. La forma en que te trate la familia que te adopta va a ser crucial en el proceso de sanación. En mi caso particular, creo que mi mamá estuvo decepcionada conmigo desde el día que me fue a buscar al médico, porque me lo recordó toda su vida: “El médico nos dijo que había una bebe hermosa y rubia para buscar, y cuando fuimos eras vos, eras tan fea. Bordó eras, y sin pelos siquiera”. Lo cuál fue confirmado por mi tía que me contó la historia de que unos días después de comprarme, mi mamá fue mostrarme a lo de la vecina preguntando: “No es muy negrita?”.
    El aprender a amarse es esencial para curar las heridas. Todo el mundo lo dice, todos me recuerdan que soy yo la única que lo puede hacer, que yo me puedo liberar del trauma de mi adopción y de mi familia adoptiva. Yo estoy de acuerdo. El amor tiene que venir desde adentro, para no, por ejemplo, repetir los patrones de la infancia en las relaciones actuales. La llave, por suerte, sigue estando en mis manos. Pero me toca trabajar duro y parejo. Las experiencias durante la primera infancia tienen un papel esencial en la arquitectura cerebral. El estar expuesta a situaciones de violencia o de adversidad durante los primeros años de mi vida influyó en la estructura de las conexiones neuronales de mi cerebro. Mi cerebro de niña que tanto quería que la amen y le digan lo linda que era con sus colorcitos y orgullosos anunciasen: “Esta es mi hija”.
    Nota para aquellos que quieran adoptar: Los niños sienten la verdad que ustedes creen sobre su origen. Sobre su valor, sobre la circunstancia de su adopción. Lo que ustedes crean de ellos, ellos creerán de sí mismos. Lo que ustedes les digan, ellos se dirán a sí mismos. Cómo las plantitas. Si las riegan y les dicen cosas lindas, crecen sanas y fuertes. 
    Nota para los adoptados: La identidad es propiedad propia. Nos lo debemos a nosotros mismos aceptarnos e integrar todas las partes de nuestra identidad. No importa la historia que nos cuenten, ni las creencias que proyectan en nuestro ser. Somos, al igual que el resto del mundo seres dignos de amor, infinitos y únicos. 
    Y por lo que va de mí, a veces me doy el lujo de la fantasía de pensar que en algún lugar de este mundo, alguien se parece a mí. Alguien no me ve extraña, alguien me reconoce como parte de su tribu. Y yo de forma inexplicable siento de repente que al menos una parte de mí pertenece a algo. Una parte de mí encontró su hogar.Y por fín, puedo sentir la tierra bajo mis pies.
    23 min
  • Capítulo 16-Quién es Mercedes, la libertadora de esclavos? Parte2
    Mercedes, como la mayoría de la gente con la que me crucé en mi búsqueda, con un par de excepciones, en primera instancia me trató con un poco de desconfianza y distancia. Casi como si me hubiese dicho: “Viniste acá a hacerme perder el tiempo?”. Sentada en su oficina, me mostró un pila de carpetas que eran los casos que estaban esperando que los pasaran a buscar. “Mirá, ves esa pila? Bueno, es de gente que vino, dejó su partida y nunca más volvió. Al pedo me hicieron buscar! Todos quieren que los salven, pero nadie se hace cargo! Aparte te digo una cosa, que hay cola, o sea vos me dejas esto y van a pasar meses antes de que tenga algo”.Al parecer, había cola para hacer la investigación. Mucha gente se acercaba a su oficina con la partida de nacimiento, así que Mercedes tenía muchísimo trabajo. Le expliqué que yo venía desde Suecia, que venía filmando un documental y que en cuanto tuviese una carpeta con toda la información sobre las posibles madres que tenía que ir a visitar, más vale que lo iba a hacer, porque sino el team del documental me iba a matar. Esto ya no se trataba sólo de mí. Yo estaba sola sentada ahí, pero venía con un grupo de gente que me seguía. Esto no era un arranque espontáneo, yo estaba en una misión. Porque a medida que fuimos filmando, que pasaron los años, me di cuenta que la venta de niños era algo tan común y los que buscábamos éramos tantos, y el consenso social tan grande, que lo que comenzó como simplemente la búsqueda de mi identidad biológica, se fue convirtiendo de a poco en una necesidad de hacer visible algo que pareciera invisible para la mayoría de la gente.
    Mercedes me explicó muchas cosas, una de ellas es que yo no fui adoptada ilegalmente, porque una adopción siempre es legal. Hay un documento que dice quien es la madre, a que hora una nació y donde. Yo tengo en vez identidad sustituida. Es decir, tenía una identidad al nacer, la cual fue borrada y sustituida por completo. Y a pesar de que ya el hecho de crecer con gente que no son mis progenitores biológicos afectó mi psiquis de la misma forma que cualquier otra persona que no hubiese crecido con su familia biológica por la razón por la que fuera, la identidad sustituida, me dijo,  conlleva un saborcito especial que nace del contexto en el que sucede. Hay un respeto hacia la historia del niño que nace y hacia la madre que lo dio a luz en la adopción legal, que desaparece en la sustitución de identidad. El recién nacido, totalmente desprotegido es un producto que está a la venta. La madre que lo dio a luz generalmente carece de todo derecho o poder de decisión. Consciente o inconscientemente, los sustituidos lo sabemos. Mercedes me explicó todo esto y más. Me ayudó a ponerle palabras a sensaciones y emociones que llevo en el cuerpo desde hace tanto tiempo sin realmente saber de qué se trataba. También hablamos de la gran diferencia que puede hacer la familia con la que crecemos, como los mismos padres se manejaron con esta verdad, y como hicieron para manejar su propia angustia. Para el final de ese viaje en el 2018, entendiendo nuestra situación especial, Mercedes preparó una lista de catorce mujeres a las que había que ir a visitar. Si. Ni una, ni dos, ni cinco. Eran catorce. Hicimos la cuenta con Simón, un poco dependiendo de cuánto podría yo aguantar desde el punto de vista emocional, y llegamos a la conclusión que serían catorce días de ir a visitar madres, más un par de días de descanso entre medio. Eso implicaría que nuestra estadía se extendería a casi un mes más, y no teníamos el presupuesto para quedarnos tanto más tiempo en Argentina. No llegábamos a hacerlo en ese viaje, así que le dije a Mercedes que teníamos que organizarnos y volver cuanto antes. Nos miró con desconfianza cuando se lo dijimos, pero al fin y al cabo, había un documental que se estaba filmando, con una productora involucrada, ella sabía que abandonar la búsqueda no era una opción. 
    Tal cómo dije antes, siempre puedo contar con la vida para arruinar mis planes. Así fue que ese mismo año, 2018, después de ese viaje a Argentina, la relación de trece años que tenía con mi pareja, lento pero seguro, se fue terminando. Con mudanzas y tristezas entre medio, no tenía plata para viajar a Argentina en el 2019, así que con Simon organizamos un crowdfunding para poder viajar cuánto antes. El 15 de febrero del 2020 tuvimos un evento donde con mi banda tocábamos mis canciones, y entre canción y canción Simon mostraba imágenes de lo que habíamos filmado. El evento fue un éxito total y conseguimos la plata necesaria para viajar. Pensábamos hacerlo en mayo del 2020, pero no contábamos con lo que puso al mundo en cuarentena menos de un mes más tarde del concierto. No contábamos con esa supuesta sopa de murciélago mal hervido. No contábamos con el mundo entero entrando en un letargo durante los próximos años, ni con que Argentina sería uno de los países con la cuarentena más larga y estricta. Tal cómo lo hicieron muchos otros, era tiempo para reorganizarse, tiempo de introspección, de espera, mientras el mundo se acomodaba ante la pandemia. En Suecia las restricciones apenas se sintieron. La distancia social ya existía antes de la pandemia, así que no hubo mucha diferencia. Los eventos en vivo como conciertos se cancelaron, pero ante la nueva realidad, el mensaje de que esta vida es frágil, que se puede terminar en cualquier momento le pegó fuerte a la gente y al contrario de lo que me esperaba, tuve muchísimo trabajo produciendo música. Todos querían cumplir su sueño de grabar sus canciones. Cómo si de repente todos se dieran cuenta que es en esta vida que hay que tratar de cumplir los sueños, porque no hay segunda parte a esta película. Las noticias de Argentina me llegaban a través de mi papá, quién desafortunadamente se cayó bajando las escaleras de su casa en el 2021, lo cuál hizo que su salud empeorara rápidamente. Argentina estaba muy difícil. La pandemia estaba haciendo que todo lo que era complicado antes de la pandemia, se complicara aún más. En Estocolmo me preguntaban cómo iban las cosas en Buenos Aires, que cómo hacía la gente para sobrevivir. Y yo les contestaba lo que vengo contestando desde que me mudé a Suecia: “Los argentinos están acostumbrados a las crisis. Han desarrollado la increíble habilidad de seguir para adelante de formas que uno desde acá no se imaginaría nunca”. 
    Así es, me enteré más tarde, que a pesar de todo lo que estaba pasando, en Argentina muchas otras personas con identidad sustituida se habían organizado y abogaban por el derecho a la identidad biológica. Es decir muchas personas como yo, se cansaron de que nadie las ayudara y luchaban por el derecho que tenemos todas las personas a conocer nuestra herencia genética y cultural, nuestrxs progenitorxs y las circunstancias de nacimiento, entre otras cosas. Es más, habían presentado un proyecto de ley al congreso para poder recibir ayuda de parte del gobierno en la búsqueda de su identidad biológica. Finalmente, el 21 de abril de 2022 se aprobó en la cámara de senadores de la provincia de Buenos Aires la Ley de identidad biológica o de Origen que es una legislación que busca ser una herramienta para aquellas personas que tengan dudas sobre su origen biológico.El objeto de esta ley es garantizar el acceso gratuito de las personas a toda información relacionada con la propia identidad de origen, que conste en los diversos registros de organismos públicos provinciales, a cuyo fin el Estado deberá facilitar los medios necesarios.En otras palabras, la labor de Mercedes, quién sólo trabajaba en Capital Federal, se convirtió en una ley que de a poco está siendo aprobada en todas las provincias de Argentina. Como dije antes, felizmente, estamos destinados a evolucionar.
    Cuando volvimos en junio del 2022, post pandemia, Mercedes ya se había jubilado, así que en vez fuimos a la oficina de derechos humanos a hablar con Cecilia, su sucesora. Cecilia al igual que Mercedes se tomó su tiempo para explicarnos cada caso y le pudimos hacer todo tipo de preguntas. Con paciencia y tenacidad Ceci nos ayudó en todo lo que pudo, siguiendo la investigación hasta el último caso.A Mercedes la ví el último día antes de partir de vuelta a Suecia. Como siempre, un recibimiento duro y cálido al mismo tiempo. Nos encontramos en un café en el centro de Buenos Aires, junto con Simon que filmaba el encuentro. Que felicidad verla, tenía tanto para contarle! Y ella tenía tanto para contarme! Despotricó como siempre contra el gobierno y la corrupción del país, demandando que la gente tiene que empezar a tomar responsabilidad sobre sus vida y dejar de culpar a todo el mundo por todo. Habló de Abuelas de Plaza de Mayo como siempre, y me contó nuevamente sobre su propia historia y la desaparición de su hermano antes de la dictadura militar del ́76. Mercedes misma había sobrevivido tanto. Lloramos juntas, nos reímos juntas y  antes de irme le dije: “No me querés adoptar vos en vez?” haciendo alusión que si igual mi partida de nacimiento es falsa. No me quería ir. Si hay una persona en el mundo que entiende por lo que pasé, lo que me costó, lo que vengo cargando y el vacío por dentro, es Mercedes. Pero el tiempo es tirano, así que me tuve que despedir y seguir mi camino.Mercedes es una fuerza incansable que no se da por vencida. Ese tipo de personas a quien admiro profundamente, que sin pena ni gloria, hizo lo que tenía que hacer, porque era lo correcto. Pero, de dónde venía ese llamado? Porqué le dedicó todo ese tiempo y energía a los sustituidos, a los que a nadie les importaba? Antes de irme alcancé a preguntarle y la respuesta fue tan hermosa como Mercedes misma. Fue más o menos así: “Y, alguien tiene que hacerlo. No puede ser que esto siga así”. Recuerdo la vez que me contó la historia de su nombre “Mercedes” “Sabés qué quiere decir?”, me dijo “Libertadora de esclavos”. Dentro suyo, el deseo de justicia arde fuerte. Será que siempre fue su destino ser quien es? Gracias Mercedes, y gracias Cecilia, por liberarnos a todos nosotros, esclavos de nuestro vacío, esclavos de nuestra búsqueda.
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  • Capítulo 15-Quién es Mercedes, la libertadora de esclavos? Parte1
    El resultado de ADN de Abuelas de Plaza de Mayo dio negativo, y como dijo el juez de la causa, ahí se cerraba el caso. Y a pesar de que Claudia Carlotto me dijo que no era así, que como la tecnología seguía avanzando, existía la posibilidad de que aún se encontrase algún familiar en el futuro, para mí ya no había camino a recorrer.Después de recibir la noticia ese 30 de marzo del 2016, no quería saber más nada ni de mi búsqueda, ni de mis expectativas, ni de mi misma.Más que nada lo que sentía era vergüenza. Había convencido a la gente alrededor mio de mi historia, de que yo era parte de un hecho histórico, de que yo tenía relevancia, que yo era la respuesta a la búsqueda de una abuela que desesperadamente me estaba buscando. Yo era especial. Había hasta logrado convencerme a mí misma de eso. Pero ahí estaban las pruebas. No lo era. En mi mente, y para el resto del mundo, volví a ser simplemente otra persona adoptada, regalada o vendida. Era hija de una persona pobre, un error de alguien que, a diferencia de la clase media y alta, no tuvo acceso a la posibilidad de abortar. Cómo se me ocurrió a mí creer que yo podría ser algo más que eso? No me lo habían dejado ya todos en claro? Yo y mis supuestos “genes villeros".Como ya conté antes, volví a Suecia y decidí encerrarme en mi estudio de música, volcarme al trabajo, y hacer de cuenta que desaparecí. Que no existo. Y que nunca jamás se me ocurriese siquiera pensar en  tocar el tema de la búsqueda de mi identidad, Qué vergüenza que sentía….Pero que me estaba pasando? Porque no era sólamente el dolor y desesperanza de no encontrar una familia biológica, había algo más torturándome el alma. Podía escuchar las voces dentro mío cuando cerraba los ojos. Podía ver las escenas de mi infancia y adolescencia repitiéndose una y otra vez y no encontraba forma de defenderme de estas “verdades” que me acosaban día y noche. Mi pareja en ese momento me decía: “Que seas hija de desaparecidos o no, no cambia el hecho de que de todas formas sucedió una tragedia en el momento en el que naciste”, cuando veía que yo no me permitía sentir el dolor del resultado de la prueba de ADN. Él me decía que el hecho de que yo no hubiese crecido con mi familia biológica ya era herida suficiente. Yo no entendía a lo que se refería. Escuchaba sus palabras, podía entender lo que decía, pero no su significado.Porque no podía yo sentir compasión por mi propia historia? Porque me revoqué a mi misma el derecho a sentir mi propio dolor y en vez sólo sentía vergüenza?Me costó encontrar el enemigo que me acechaba esta vez. Un enemigo inteligente y sigiloso, que se había escondido entre los pliegues de mi corteza cerebral y el tejido muscular de mi corazón, desde donde bombeaba su veneno permanentemente.Lo que había encontrado un huésped perfecto en mí era el racismo que me rodeó desde tan pequeña. Un racismo internalizado que se había normalizado en forma de voz interior que me repetía las razones una y otra vez de porque yo era genéticamente inferior. Una voz certera e insistente que era casi imperceptible. Una voz que no era la mía, sino del mundo en el cual vivimos que categoriza a las personas como superiores e inferiores. Un arma extendida del poder regente que tiene como propósito mantener esas diferencias, las estructuras de poder y privilegios al dividirnos entre negros, morenos y blancos, heterosexuales, bisexuales y homosexuales, mujeres y hombres, sociedades “civilizadas” versus sociedades “primitivas”, países “desarrollados” versus países “en desarrollo” y mucho más, desde el colonialismo Europeo. Bueno, fue mi forma de sobrevivir. Fue lo que tuve que adoptar de niña para poder encontrar un espacio donde me aceptasen.En pocas palabras, mi niña interior se dijo a sí misma: “si no puedes contra ellos, úneteles”, y a pesar del dolor que le causaba, eligió rechazarse a sí misma y así al menos sentir que tenía algo en común con el grupo de personas que la rodeaba, al menos algo con lo que podía identificarse con ellos.Todo ese discurso tóxico había echado raíces dentro mío, pero no de la forma clásica en la que suele verse expresado el racismo. Eso no me hubiese sido difícil de detectar. El discurso racista se expresaba en el rechazo que yo sentía hacia el color de mi piel, hacia mi pelo enrulado y oscuro, hacia mis caderas, hacia todas las ondulaciones de mi cuerpo, hacia las facciones de mi cara, y el color de mis ojos, hacia el tono de mi voz, mi boca grandota y mi risa fuerte. Porque todo aquello, me habían dicho, era muestra clara de que yo era inferior.Tal vez la forma más fácil de describirlo es la explicación que me dió mi amiga mexicana, cuando me contó porqué le había sido a ella tán difícil salir del closet y reconocerse como homosexual. Mi amiga me contó que su familia y la sociedad de clase alta, católica que la rodeó toda su vida, tal cómo sucede todavía en muchas partes del mundo, estaba fuertemente en contra de la homosexualidad. Es más, la homosexualidad estaba asociada con inmoralidad, con perversión. Años más tarde, cuando ella ya se había instalado en Suecia, lejos de la sociedad en la que creció, y sumamente a gusto con la inclusión y apertura mental de la sociedad sueca hacía la variedad de género y orientación sexual, todavía sentía que le era imposible salir del clóset. Y una vez que logró hacerlo, fue un proceso lento el deshacerse de la vergüenza por su orientación sexual. A pesar de que a ninguna de las personas cercanas  que la rodeaba en su nueva vida en Estocolmo, les parecía problemático que no fuera una mujer heterosexual, a ella le demandó años poder aceptarse a sí misma.Lo extraño, me comentó, era que ella nunca jamás sintió rechazo hacia otras personas homosexuales. Nunca trataría a alguien de la misma forma en la que ella se trataba a sí misma, nunca pensaría de la misma forma refiriéndose hacia otras personas. Nunca maltrataría a nadie por no ser heterosexual. La homofobia sólo era hacia sí misma.Los mecanismos de supervivencia del ego pueden ser muy inteligentes y disfrazarse de lo que haga falta, para asegurarse que estemos a salvo.La vergüenza piensa que nos salva del dolor punzante del rechazo de otras personas, al rechazarnos a nosotros mismos primero. Algo así como: “No hace falta que me peguen, yo ya me pego sóla. No hace falta que me rechacen, yo ya sé que no debería ser aceptada” Atacar primero, para evitar que a una la ataquen, y así minimizar o controlar el impacto que la realidad que nos rodea tendría en nuestra niña interior, que tanto desea ser aceptada y vista. Pero por supuesto que duele igual, que todo nos pasa igual. 
    Acá un ejemplo claro de mi infancia:Cómo muchos otros niños, cuando era chiquita, mi mamá en los veranos me mandaba a la colonia. Esta colonia pertenecía a la comunidad alemana. Todos los días nos pasaba a buscar el micro de la colonia, que nos llevaba al club deportivo alemán, donde nos pasábamos el día entero. Hay una escena recurrente de esos tiempos, de cuando yo tenía 6 años, que no me olvido más, que describe cómo yo ya de chiquita había entendido de qué forma se me percibía. Estábamos cambiándonos en el vestuario, todas las nenas de la colonia y yo. Yo veía que me miraban y se hablaban entre sí. Veía cómo me evitaban, veía como murmuraban. Así que me acerqué a un par de ellas y les dije: “Ya sé que soy una negrita. No tienen que jugar conmigo si no quieren”. No me acuerdo bien que pasó después, pero lo que sí recuerdo es que no la pasé mal. Recuerdo ver alivio en la cara de las nenas. Ya no me tenían que rechazar, yo ya lo había hecho por ellas. El racismo estaba internalizado desde hacía tanto tiempo. Y lo más interesante, era que gracias a entender el dolor que me provocaba a mí, que nunca en la vida trataría a otra persona de esa forma. Sólo a mí misma. Yo vine fallada.Yo estaba mal. Nadie más. Muchos años más tarde, a esto se le sumó el mensaje tácito de la sociedad argentina, que me indicaba que yo como posible hija de desaparecidos apropiada tenía un valor mucho mayor, que si simplemente era hija de una persona pobre. Mensaje que fue sentido y confirmado por varias personas que pasaron por el mismo proceso de búsqueda por el que pasé yo. 
    De más está decir, el racismo existe en todas partes. Sin hacer un análisis profundo de porque es algo tán común entre los seres humanos, es innegable ver que fácil que hecha raíces y cómo actúa entre nosotros la mayor parte del tiempo de forma inconsciente y hasta en algunas personas de forma consciente y abierta.A veces, las personas pueden pararse a revisar si los propios pensamientos o forma de actuar son racistas, y corregir su forma de pensar y actuar, e intentar ampliar la  percepción del mundo que las rodea, y a veces no tienen la capacidad de hacerlo. A veces, las personas están tan acostumbradas a ver las cosas de la misma forma y sus creencias están tan arraigadas, que el mero hecho de ver las cosas desde otro punto de vista les genera una migraña, un ataque de pánico o un arranque de rabia. “Porque si no hay raza superior e inferior, entonces, dónde nos posicionamos y que valor tenemos realmente?” dice el ego perezoso que se niega a cambiar. El ego muerto de miedo que no quiere ser rechazado, que quiere pertenecer al grupo correcto de personas. Al grupo elegido y privilegiado.  Personalmente, aunque me reconozco como humana limitada que hace lo que puede con las herramientas que tiene, tengo que decir que prefiero cada día de mi vida ejercitar mi cerebro y ampliar mi percepción del mundo que me rodea. Cuestionar las supuestas verdades con las que crecí y desafiar el miedo de mi ego. El mundo para mí es más lindo así, el racismo nunca me dió nada más que dolor y prejuicios, y esa vida no es la que yo elijo vivir.
    Una vez de vuelta en Suecia, esa misma vergüenza, ese racismo internalizado  me estaba torturando, consumiendo. Por eso mi plan era encerrarme, ir a las reuniones de doce pasos, a mi terapia, dedicarme  a trabajar, y a dejar todo esto atrás. Pero como acabo de mencionar, ese nunca fue mi destino. Mi alma inquieta no lo iba a dejar ir. No iba a permitir que el miedo en mi ego se saliese con la suya.  Así que cuando Simon y Juan decidieron hacer una “intervención” y convencerme de que siguiera, lo hice.Gracias a Martin, entonces llegamos a Los Bartuquitas, y gracias a ellos se abrió una nueva puerta. Fue Paola Klejman, la primera que me contó de una tal “Mercedes Yañez” del departamento de derechos humanos  en el registro civil de la capital. Lo primero que entendí, fue que esta mujer tenía acceso a los archivos de los hospitales municipales y que por eso podía encontrar a las madres biológicas. Parecía tan fácil. Simplemente tenía que ir a presentarme a su oficina con mi partida de nacimiento y ella me ayudaría. “Pero ojo, es una mujer complicada. Si no le caés bien es probable que no te ayude”, me advirtieron. Así que apenas Simon, Juan y yo llegamos a Buenos Aires, en mayo del 2018, junté coraje, me tomé el subte hasta la estación de Tribunales, caminé hasta la calle Uruguay  al 753, donde se encuentra el registro Civil Central, subí al 5to piso, y ahí estaba. En la puerta había un cartel modesto que decía. “Derechos Humanos”. Realmente me sorprendió encontrar esa oficina ahí. Toqué la puerta tímidamente, y desde adentro alguien me respondió con una voz ronca “adelante!”. Abrí la puerta con cuidado y ahí estaba sentada una señora de pelo blanco, largo, ondulado y mirada severa. “Estoy comiendo mi almuerzo” me dijo con una tonada tucumana casi imperceptible, que en realidad quería decir “me viniste a molestar en medio del almuerzo!”. “No tengo apuro”, respondí con mi suequedad más diplomática y cara de piedra, “comé tranquila y me avisás, yo espero acá afuera”. Cerré la puerta y me quedé quietita afuera esperando, hasta que un ratito más tarde su figura pequeña me abrió la puerta y con un tono más tranquilo me dijo: “Pasá”.  Entré a su oficina. Había un escritorio con una computadora y muchas carpetas y archivos por todas partes. Me senté en una de las sillas , casi dudando de que hubiera llegado al lugar correcto, y empecé a decir algo parecido a esto: “Hola, bueno, resulta que soy adoptada y me dijeron que me podías ayudar a encontrar mi origen biológico”. “Trajiste tu partida de nacimiento?” me contestó, “Si” respondí y saqué el documento y se lo mostré. Apenas lo vio sonrió y dijo: “Ahhh, el prolifero doctor Bartucca”. Aparentemente para cuando yo me acerqué a pedir ayuda,  ya se habían acercado muchas otras personas a Derechos Humanos con partidas de nacimiento firmadas por el mismo doctor. “Pero no es sólo él, esto es un negocio familiar…la hermana…el hijo, toda la familia está en esto”. Mercedes ya conocía bien donde se movía este médico. De hecho en un momento llegó a ser el jefe de obstetricia del hospital Santojanni. Me imagino que no era difícil conseguir bebes para vender cuando se está en semejante posición de poder, prácticamente cómo dejar a cargo un rebaño de ovejas a un lobo. Esa primera charla con Mercedes fue una charla larga y sincera. Mercedes no se callaba la boca, me lo decía todo en la cara, y eso me resultó genial. Decía cosas en contra del gobierno, en contra de Abuelas de Plaza de Mayo, en contra de todo un sistema de corrupción, inclusive en contra de la gente que se acercaba a buscar su identidad. De las muchas cosas que dijo, esta es la que más me impactó: “Pero la gente viene acá a buscar su identidad biológica y se piensa que encontrando eso va a solucionar todos sus problemas. ¡No! Se piensa que todos los traumas empiezan y terminan acá. Noooo!!!! ¿Sabes lo que es la identidad? ¡La historia de tu vida! Lo que construís cada día! Háganse cargo, viejo!!! Ya son personas grandes!!!!” Yo no me animé ni a decir mu. Más que nada sonreía con fascinación al encontrar una persona como Mercedes. No pretendía ser otra cosa de lo que era. A pesar de que estoy bastante segura de que es una persona muy sensible a las energías que la rodean, consciente de que hay más que lo físico y material en este mundo, me dijo:” Yo no te voy a tirar las cartas, eh? No estoy acá adivinando, yo voy a inves-ti-gar”. Voy a pasar de tratar de explicar la labor de Mercedes, la libertadora de esclavos, y sé que me va a faltar vocabulario. Si me preguntan a mí, debería escribirse un libro sobre ella y su método de investigación. Mercedes es una fuente de conocimiento que el mundo no se puede dar el lujo de perder.
    Resulta que en un momento, cuando Mercedes ya estaba trabajando para el Registro Civil Central, cuando un día se acercó un hombre desesperado buscando su familia biológica. Insistió e insistió y finalmente Mercedes se acercó a su jefe y le dijo: “ Alguien tiene que ayudar a este hombre” y fue así que inició esto que eventualmente sería la oficina de Derechos Humanos, donde se busca restituir la identidad biológica de la gente con identidad sustituida. Desde entonces lo que hizo hasta que se jubiló, es lo siguiente: Primero entrevistaba a la persona que se acercaba a su oficina. Preguntaba detalles, porque en el relato que las personas recibieron de quienes le dijeran la verdad de su origen biológico generalmente se escondían detalles que de otra forma no se encontrarían. Como por ejemplo, el bebé al llegar a su nueva casa, tenía todavía el cordón umbilical? O ya se le había caído? O por ejemplo en que zona fueron a buscar a ese bebé? Ese tipo de preguntas que a una se le pasan de largo. Después, con la partida de nacimiento, iba a los archivos del registro civil y empezaba la segunda parte de la investigación: El reconocimiento de la información falsa en la documentación. Es decir, Mercedes aprendió a ver cuándo una partida de nacimiento se ve rara. Por ejemplo, que una niña nació un día, falleció al siguiente y la razón que escribió el médico es muy poco clara. También buscaba sobre todo madres jóvenes y solteras, cuyos bebés nunca más aparecen en ningún otro registro. Y también buscaba antes de la fecha de nacimiento que decía la partida y después, porque dado q la información en los documentos generalmente era falsa, había que buscar alrededor de la fecha que decía. Así llegaba a una cantidad de posibles madres, de las cuales averiguaba si vivían, donde vivían, la dirección actual y si era posible un número de teléfono. Así armaba una lista, con orden de probabilidad y de ahi a una le tocaba, siguiendo esa lista, ir a encontrarse con esas madres. Por supuesto que esto también llevaba preparación.  La forma en que una se acerca a esas madres, me explicó, también era muy importante. Primero que nada, no llamar por teléfono! Porque ahi sí que nunca nos recibirían. Segundo, una vez que nos acercamos y nos abren la puerta, en el caso que fuera otra persona que la señora que estábamos buscando, mentir. Nunca jamás decir la razón por la cuál nos acercamos. Esa madre, tal vez nunca le contó a nadie que tuvo una hija. Esa niña pudo haber sido fruto de una violación de la cuál se quiere olvidar, o fruto de un amor que no pudo ser, y ahora que había re hecho su vida talvez nunca había contado que pasó. En vez decir, por ejemplo, que una es la hija de una compañera de la primaria que falleció que le quería dar un mensaje en su última voluntad.  Y finalmente, cuando se conoce a la madre, empezar contando que una está en una búsqueda, que una es adoptada y que según lo que se pudo averiguar, esta madre frente nuestro había tenido una hija en tal hospital, tal día, y que si había posibilidades de que esa hija fuese yo. Mientras que todo esto está pasando muy importante es ver el parecido físico. Y si todo sale bien y la madre se siente cómoda, pedir una prueba de ADN. Yo voy a agregar algo más a esta lista. Hay que contar cómo es que llegamos a ellas, de dónde sacamos la dirección y el teléfono, y que cualquier duda que tengan, que se comuniquen a la oficina de Derechos Humanos. Que su identidad e información están protegidas, y que la única razón por la cual la obtuvimos es porque nos fue dada. Y será por mi codependencia, pero para mí también es importante recordar, que esta mujer que estamos visitando sufrió una pérdida hace muchos años, pérdida que le venimos a recordar, así que acercarnos con gentileza, tranquilidad, sinceridad y calidez, es lo más importante, que a esta mujer delante nuestro esta vida ya le fue difícil.Una vez que Mercedez me explicó todo esto, me preguntó: “Tenés alguna pregunta más?” “No, es hora de ir a tocar puertas”, le respondí con una mezcla de miedo y expectativa, sintiéndome chiquita, frágil e invencible a la misma vez.



    28 min
  • Capítulo 14-Quiénes son los "Bartuquitas?"
    Para el 2016, la búsqueda me había llevado al doctor Bartucca, al mercado de venta de bebés, al consenso social que hace todo posible, a la realidad tirana que decide el destino de los bebés que nacen de madres pobres en hospitales municipales, a la impunidad de la gente, al miedo de perdernos de nuestros padres adoptivos, y a la herida que conlleva ser un ser humano que fue traficado, vendido como una mascota.Y ya que está, me voy a tomar un minuto para explicar o aclarar la diferencia entre una adopción legal y una adopción ilegal, lo cuál en realidad se llama sustitución de identidad, porque la identidad original se borra completamente y en vez se la sustituye con una nueva.
    En la adopción legal, está casi siempre involucrado un organismo que controla que ese bebé o niño que carece de progenitores que se puedan hacer cargo de él, sea protegido y tratado con el mayor respeto y cuidado posible. Generalmente hay registro de dónde vino ese niño, lugar y fecha de nacimiento, y hasta a veces se puede encontrar el nombre de la madre o padre en algún lugar, y al menos a nivel legal se sabe que hubo consentimiento de parte de los padres biológicos, para que la adopción se realizase. Dependiendo de el país o sistema, el procedimiento de adopción se diferencia un poco, pero la idea básicamente es que los derechos del niño/a sean protegidos y de que su destino sea una familia que tenga los medios para asegurarse que al niño se le provea la estabilidad material y emocional para que pueda crecer y desarrollarse lo mejor posible.Los padres que quieran adoptar deben pasar por un proceso donde se decide si son aptos para ser padres adoptivos o no y luego, deben esperar un tiempo hasta que finalmente haya un niño que esté buscando un nuevo hogar. Inclusive, un tiempo después de la adopción, la familia es visitada por trabajadores sociales para chequear que el niño se encuentre bien con su nueva familia.La sustitución de identidad-a la cuál generalmente se la llama adopción ilegal, sucede en la oscuridad, en secreto, por fuera de las leyes.Se trata de evitar toda información sobre las raíces biológicas del niño, o sea quiénes fueron los progenitores, dónde y cuándo nació, y de qué lugar vino, como si mágicamente y espontáneamente se hubiese materializado y empezado a existir. No se sabe si los padres biológicos dieron su consentimiento o no a la entrega del bebé, y no es poco frecuente que ese bebé haya sido robado justo después del parto, fingiendo su muerte.Los que manejan el sistema de sustitución de identidad generalmente son médicos o parteras, que no le tienen que rendir cuentas a nadie, y no tienen que responder a ninguna ley o reglamento, más que al precio que pone el mercado. Los padres adoptivos son seleccionados según cuánto puedan pagar, o también por otra conveniencia. En ningún momento se chequea si son aptos para ser padres, o si se le puede asegurar a ese niño que va a estar rodeado de estabilidad emocional y material para que se pueda desarrollar lo mejor posible. Es más, ese niño puede ser vendido a cualquiera, para cumplir cualquier tipo de propósito, porque nadie va a chequear, ni demandar, ni encarcelar. Ese niño es propiedad del comprador, y en el mejor de los casos, el comprador es una pareja de clase media con estabilidad emocional y material y  con muchísimas ganas de ser padres y amor para dar. En el peor de los casos ese niño va a ser un objeto que va a satisfacer a su dueño de la forma en que este quiera, lo cuál también es conocido como esclavitud.En ambos casos, la persona adoptada legalmente y la persona con identidad sustituida (o ilegalmente adoptada) cargan en algún punto con el trauma del abandono. Pero en el caso de haber sido traficada, la persona carga con el trauma de abandono y algo más. Algo lo cuál me es difícil poner en palabras, algo oscuro y perverso, consecuencia de haber tenido un precio, de haber sido simplemente parte de una transacción. Algo que nace del hecho de que en el momento más vulnerable de nuestras vidas, se nos utilizó para provecho ajeno, quitándonos toda dignidad, reduciéndonos a un producto. Es muy difícil sacarse de encima esa sensación, eso de ser una cosa, un objeto. Construir una autoestima sana sobre esos cimientos, salir al mundo con la fuerza necesaria para confrontar los obstáculos de la vida, soñar que el mundo es un lugar amable, y que somos merecedores de una vida digna, que somos merecedores de amor.Igual, no creo que estemos solos en esta sensación. Siempre hubo en la historia de la humanidad, los conquistadores y los conquistados, los que dominan y los dominados, los oportunistas y las oportunidades, dueños y esclavos, sistemas que sostienen las dinámicas de poder y reiteran generación tras generación los mismos patrones, tratando de mantener todo en el mismo lugar, para siempre. Y en medio de todo eso, ayudando a que esto se mantenga así,  están el trauma y la desolación  como una radio interna con un mensaje que dice que “Esta es la única forma de sobrevivir. Mejor mirar a otro lado" "Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé”.Todo eso, siempre ha existido.Pero por suerte, eso no es todo lo que mueve esta Tierra. Hay otras fuerzas que son menos perceptibles, pero igual de fuertes. Que siguen las leyes de causa y efecto. Como el péndulo, lo que va, viene, lo que sube, baja. Todo en el Universo está en constante movimiento. No hay acción sin reacción. Ni tampoco hay forma de que el alma humana, sin importar cuánto la hayan doblegado, tarde o temprano no reclame su dignidad. No se defienda ante la injusticia. No se pare ante la realidad y diga:”Me cansé, esto no va más, algo tengo que poder hacer”.Causa y efecto. Acción y reacción.Tal cómo se ve a través de la historia, y detrás de cada movimiento social, el péndulo un día empieza su recorrido hacia el otro lado, y es hora de cambiar. Por supuesto que eso también generará una reacción contraria ya que el cambio es incómodo, y el cerebro humano, según lo que entendí, perezoso.Pero un día, en algún momento los astros se alinean, las fuerzas se juntan, el péndulo cambia de dirección, el timing es el correcto, y nacen aquellas personas, cuyas almas claramente vinieron a este mundo a hacer ruido. A reclamar sus derechos, a poner las cosas en su lugar. Movidas por el dolor, con un fuerza ciega, van a buscar su verdad incansablemente, y gracias a estas personas va a haber más consciencia en el mundo, de lo que la había, antes de que habitaran este planeta.En la historia de mi vida particularmente, se hacen llamar “Los Bartuquitas”. Las personas que fueron vendidas a través del doctor Celestino Bartucca.Que se organizaron y abrieron un nuevo camino. Que no se dejaron convencer por las mentiras que escucharon de su origen biológico y empezaron a buscar respuestas. En su dolor, en su búsqueda, en su necesidad de sanar, de encontrar paz, me dieron la oportunidad a mí de encontrar la mía.Porque, en las palabras de Bob Marley “podrán engañar a algunas personas, algunas veces pero no podrán engañar a todos, para siempre, así que levántate y pelea por tus derechos”Es inevitable, estamos destinados a evolucionar.Aunque nos lleve milenios.
    Habíamos vuelto de Suiza, de encontrarnos con Martin, mi héroe involuntario y de haber averiguado gracias a él, que había mucha gente que se preguntaba sobre la venta de bebés y la clínica privada que tenía el doctor Bartucca. Me dolía el alma, me costaba respirar. Me habían vendido como a una mascota. Lo único que quería era desaparecer. Apagar mi cerebro y hacer de cuenta que esta no era mi vida. Dormir y despertarme dentro de 100 años cuando el mundo haya cambiado. No tenía a donde ir con la nueva información. No tenía dónde encontrar consuelo. Con Simon y con Juan, no sabíamos cómo seguir la búsqueda, parecía que habíamos nuevamente llegado a un callejón sin salida. Entonces mi amigo Santi, quién nos estaba ayudando desde Argentina dijo: “Porque no contactan a la chica que subió el video a YouTube? Por ahi ella sabe algo más.”Mandé un mensaje, pensando que jamás me contestaría, pero para mi sorpresa, me contestó al día siguiente. Era Lorena Quiroga, la misma mujer que había sido partícipe de la cámara oculta al doctor Bartucca. Lorena estaba en la búsqueda de su identidad biológica desde hacía años, así que me pasó toda la información que había juntado y me contó aparte que no estaba sola, que eran un grupo de personas que se habían encontrado y que se estaban ayudando. Lorena me contó que su búsqueda comenzó a sus 15 años, que antes de eso, su familia había mantenido en secreto el hecho de que tenía identidad sustituida. Pero como suelo decir, la verdad siempre encuentra alguna forma de expresarse, y en el caso de ella fue gracias a un accidente con fuego al que sobrevivió, que su inconsciente vio la oportunidad de comunicarle lo que llevaba por dentro. Resulta que un tiempo después de ese accidente, Lore empieza a sufrir de ataques de pánico y síndrome de despersonalización e irrealidad, lo cuál la lleva a ir a una psiquiatra, quién termina concluyendo que lo que se despertó a través del accidente es un trauma que tiene que ver con su infancia temprana. Lore, que siempre había sospechado que era adoptada, pudo finalmente confirmarlo al poco tiempo al hablar con su tía, que rompió el pacto de silencio de la familia. Con la ayuda de su tía entonces emprende su búsqueda y trata de localizar al doctor Bartucca, lo cuál realmente no fue fácil. Quería saber qué más podría saber el médico sobre su origen biológico. Finalmente, y después de muchas vueltas llega hasta la puerta del departamento del médico, quién se ve sorprendido e irritado al darse cuenta que ella lo había encontrado. Pero esta no era la primera vez que se veían. Los padres adoptivos de Lorena, se sentían tan agradecidos  de haberla podido adquirir que cada tanto iban con ella a visitarlo para expresar su agradecimiento.En esa visita, a sus 15 años de pura valentía, Lore se presentó sola en el domicilio de Celestino Bartucca y le pidió información. Él le preguntó qué sabía, y una vez que ella le contó lo que le había dicho su tía, él completó la historia con un par de detalles. Años más tarde, Lorena se iba a dar cuenta que era todo mentira.Los años fueron pasando y como hicimos tantos otros, Lore llega a contactarse con Abuelas de Plaza de Mayo, donde le dicen que no tienen ninguna búsqueda de gente antes del ‘75, o sea antes del golpe militar del ‘76, pero que hay grupos en redes de gente que está buscando. Así es como en el 2003 ella llega a “Raíz Natal”  un portal para gente que está buscando su origen biológico y al relato de Paola Klejman, quién habla de su venta a través del doctor Bartucca. Fue recién ahí que Lorena entendió que ella también había sido vendida, traficada, y que el tal doctor Bartucca no era tan benevolente como sus padres lo habían pintado. Lore y Pao entran en contacto y ya para el 2006 se une también Fernando, Alfredo y Adriana. Todos vendidos a través del mismo médico. Y para reírse un poco de la situación, mecanismo infalible de los seres humanos cuando la realidad nos supera, y juntar fuerza del hecho de que no los unía el amor sino el espanto, empezaron a llamarse a sí mismos “Los Bartuquitas”.Deciden encontrarse, compartir historias e intercambiar información sobre su búsqueda. Y llegan a la conclusión  de que ninguno de ellos tenía la verdad del relato sobre su origen biológico. El doctor Bartucca, para asegurarse que sus compradores pagasen buen dinero por los bebés, les aseguraba que estos recién nacidos eran hijos biológicos de gente educada y de buen estatus social. Lo que les contaba eran diferentes versiones de estas 3 historias:El bebé era producto de 
    1. Una maestra con un médico
    2. Un médico con una enfermera
    3. Una señora viuda de 40 años que era la amante de su cuñado o vecino y que pensando que ya estaba en la menopausia, en vez había quedado embarazada.
    En las tres versiones, la madre deja al bebé sin mirar atrás. Aparte, Los Bartuquitas, caen en la cuenta de que el doctor, con la excusa de que quería ir a ver donde vivían los futuros padres adoptivos, para asegurarse  de que el bebé tendría un buen hogar, en realidad iba a ver cuán lujosas eran las casas y así determinar cuánto les cobraría por el bebé. A los padres de Lorena por ejemplo les cobró  10 000 dólares. A otros padres el valor de un departamento. Un tiempo más tarde, buscando de qué forma podrían tomar algún tipo de acción legal contra el médico, se acercaron a hablar con la abogada y representante legal de Abuelas de Plaza de Mayo, Alcira Rios. Alcira, sobreviviente de un campo clandestino de la dictadura militar, experta sobre el robo sistemático de bebés  de ese período ya se había reunido con Paola anteriormente, y le había dicho que dado que eran un grupo de personas traficadas por el mismo médico, podían hacer una denuncia grupal, y que en ese caso el delito no prescribía. Pero en este segundo encuentro, por razones desconocidas, les explicó que ellos, “Los Bartuquitas”, se encontraban en un vacío legal. No había leyes que los amparase, ya que la sustitución de identidad, prescribe, la falsificación de documento público era un delito leve y también prescribe y lo único que se podía hacer era levantar cargos por secuestro a sus propios padres, lo cuál por razones obvias, no lo iban a hacer. Lore y Pao y los otros "Bartuquitas" quedan devastados por la noticia. No tenían a dónde ir. No había forma de encontrar ni justicia, ni su verdad.Pero dicen que cuando se cierra una puerta, el Universo abre otra, y esta vino en forma de el programa de TV “La Liga”.Fernando, uno de "Los Bartuquitas" conocía a uno de los entrevistadores de “La Liga”, Diego Alonso. Eran amigos del barrio, y cuando Fernando le contó a Diego que “Los Bartuquitas” no eran una persona, ni dos, sino muchos más, este habló con la productora del programa y decidieron hacer un programa sobre la identidad. El único problema era que no podían conseguir que el doctor Bartucca quisiera participar, por razones obvias. No contestaba ni el teléfono. Un día estaban "Los Bartuquitas" y el equipo de producción del programa reunidos en la cocina de Fernando, casi por darse por vencidos, cuando como en una de esas escenas como de película, Lorena dice:” Y si le hacemos. Una cámara oculta?” y se ofrece a participar. Con la excusa de que su marido no le creía la historia de su origen, le pide al doctor Bartucca de que por favor se reuniese con él en un café, así le podía contar de hombre a hombre la historia de su adopción. Bartucca accedió, y fue gracias a eso que aparece en el programa diciendo que no guardaba registros de ninguno de los bebés o de sus madres y de que Lorena no era hija de “negrita”. En el mismo programa de tv, Fernando cuenta que sospecha que tiene un hermano mellizo, que Bartucca lo vendió por separado, y hasta aparece otra mujer, Graciela, diciendo que a los bebés los subastaban. Ella, también vendida por el mismo doctor, cuenta que traían a los futuros padres al hospital y dependiendo del poder adquisitivo, les ofrecían los bebés de mayor precio o menor precio. Los rubios, blancos y de ojos claros eran por supuesto los más caros.El programa fue un éxito, y gracias a que se emitió aparecieron muchos más Bartuquitas. Todos buscando su verdad. Cómo dije antes, aparentemente el doctor Bartucca era un médico muy prolífico. Por otro lado, aparte del programa de tv, Paola, la otra Bartuquita original, en su incansable búsqueda, después de haberse acercado a Abuelas de Plaza de Mayo sin ningún resultado positivo, fue a visitar la oficina de derechos humanos a buscar algún tipo de ayuda, alguna respuesta.  Esa oficina se encontraba en el registro civil de Buenos Aires, dónde se hallan todos los registros de nacimiento de todas las personas nacidas en Capital Federal. O sea, si hay un lugar con toda la documentación, y algún tipo de dato que podría servir a esclarecer un poco el origen biológico de las personas, era ese. Pao, lo hizo durante 9 años, insistiendo, pidiendo ayuda, hasta que finalmente, cuenta que en el 2013 le llegó un mail diciendo que aparentemente Bartucca había vendido muchos bebés, y que lo conocían por la extensión de su labor de tráfico de recién nacidos. Pao no dudó y al día siguiente se acercó a la oficina de derechos humanos. Quién le había escrito ese mail era Mercedes Yañez, que desde su oficina había encontrado una forma de rastrear el origen biológico de las personas que llegaban a ella con un certificado de nacimiento falso. No todo estaba perdido. De repente, había una persona que sin ningún método, entrenamiento previo o gran presupuesto, podía ver en los certificados de nacimiento, algo que al resto se les había pasado de alto. Mercedes, siguiendo su conocimiento e intuición, podía ver lo invisible al resto de las personas.Un tiempo más tarde del programa “La Liga”, me contó Lorena que los Bartuquitas se fueron dispersando y que hoy en día mantienen poco contacto. “La búsqueda es pesada, hay que ir de a poco, sino te consume” me dijo. Ella sintió que después de hacer la cámara oculta, no sentía tanta necesidad de seguir. El hecho de que había capturado al doctor a cámara diciendo lo que dijo, le dio la sensación de justicia que necesitaba. Puso el programa en su canal de YouTube, y cuando alguien se comunica con ella, los rediríge a “Raíz Natal” y a la oficina de  Derechos Humanos. “Hay que saber cuando descansar y rearmarse, sino te terminás rompiendo, Nata” me dijo.Es verdad, los héroes, los precursores, los que no se rinden, los que buscan justicia, los que no se callan, los que aguantan, los que no duermen, los que marchan, los que insisten, los que lloran, los que gritan sin que nadie escuche, sin que a nadie le importe, los que abogan para que cambien las leyes, los que tocan cada puerta, los que rezan, los que buscan la paz de la verdad con resiliencia infinita y voluntad de hierro, también necesitan descansar. Y vivir. Porque esta vida se pasa tan rápido. No sea cosa que se pierdan de todo lo hermoso que también hay.Desde el otro lado del mundo, por todo lo que hicieron, por tanta luz, les estoy eternamente agradecida.Les prometo, ruido que hicieron, no va a pasar desapercibido.

    29 min
  • Capítulo 13-Porqué buscás, si ya tenés una familia?
    “La identidad es un derecho Natalie”“La verdad sobre tu origen, es tu derecho Natalie”
    Desde afuera es tan obvio, tan claro. Sobre todo para todo aquel que creció sabiendo su origen biológico. Cada tanto me cruzo con alguna serie o película donde alguno de los personajes es adoptado o adoptada y brevemente después de que al espectador se le presenta esa verdad, el personaje sale en busca de su origen biológico. Sin ningún problema, se suben a un autobús, tren, avión, lo que sea, llegan a destino, tocan la puerta, aparece alguno de los progenitores, y hasta talvez hasta hacen tests de ADN, y continúan su camino integrando su nueva realidad. Así de facil. Y la familia que los crió o los ayuda, o los apoya o no se enteran. Se puede ver un poco de conflicto, pero nada del otro mundo. Inconscientemente todos los espectadores piensan: “Obvio que tiene que buscar, cómo va a andar por la vida sin saber quién es?”.Obvio que tenemos que buscar. ¿Cómo vamos a andar por la vida sin saber quienes somos?Pero entonces,¿qué es lo que nos detiene? O mejor dicho, entonces, ¿qué es lo que me detuvo?Ya les conté que uno de los grandes desafíos fue enfrentar el racismo internalizado con el que vivía. Desafiar las verdades y creencias que han infectado al mundo entero desde el colonialismo europeo y, en cambio, dar espacio a la noción de que valgo lo mismo  que todos los demás, independientemente de la cantidad de melanina en mi cuerpo.Después por supuesto no hay que olvidar toda la historia con Abuelas de Plaza de Mayo, la dictadura militar argentina, el crímen de lesa humanidad que fue el robo sistemático de bebés en esa época. Ni tampoco perder mi identidad nuevamente  y mi pasaporte alemán, más el miedo de las consecuencias que sufriría mi papá de encontrar un familiar en el banco genético de Abuelas de Plaza de Mayo.Una creería que eso es suficiente para querer hacerme dejar atrás mi verdad y la búsqueda de mi identidad biológica, pero eso no era todo, había más..La otra razón era algo que he escuchado mencionar a varias personas adoptadas con las que he compartido mi historia: 
    No le queremos romper el corazón a nuestra familia adoptiva. No queremos que nuestras madres, padres, hermanos y hermanas piensen que no los amamos, que no fueron suficiente, que somos unos desagradecidos, que en realidad siempre quisimos estar en otro lado, creciendo con otra gente.No puedo hablar por todos los adoptados por supuesto. Somos tantos y hay tantas versiones de adopciones que sería pura ignorancia generalizar. Esta es una observación nada más, por haberlo conversado con otros adoptados legal o ilegalmente. Pero dado que es algo tan recurrente, me parece un detalle importante de mencionar. La búsqueda de nuestras raíces biológicas poco tiene que ver con nuestra familia adoptiva. Si parto nada más de mi historia, a pesar de que mi familia carecía de armonía y de el amor que yo tanto necesitaba, siempre fueron y serán mi familia. Única e irreemplazable. Es más, según lo que mis terapeutas siempre me dijeron, los niños adoptados se aferran a su familia adoptiva muchísimo, y son muy leales por el terror a ser abandonados nuevamente. Esto inclusive cuando la adopción sucedió a los días de haber nacido y al contrario de lo que muchos dicen: “Los recién nacidos no recuerdan nada de eso” y piensan que el cambio de familia debería pasar completamente desapercibido para el bebé.En general, los adoptados  no somos muy buenos que digamos con eso de perder gente o dejar ir.  No es lo nuestro. Después por supuesto hay que ver cómo lo manejamos, pero en general, donde enganchamos, no soltamos.Personalmente, los lazos más importantes, los patrones psicológicos, mi cultura y la forma de relacionarme en general con el mundo, para bien o para mal, lo heredé de mi familia adoptiva. La búsqueda de mis raíces no es una búsqueda para reemplazar a mi amada familia disfuncional. Eso es imposible. Me guste o no, esa es mi familia y esa es la herencia que me dejaron. El amor profundo que les tengo es inamovible. La búsqueda de mi identidad biológica pasa por totalmente otro lado. Al principio, no tenía en claro que es lo que estaba buscando entender, y como dijo Mercedes Yañez, quién durante muchísimos años se dedicó a recuperar la identidad biológica de gente como yo: “No te pienses que por encontrar tu origen biológico se van a solucionar todos tus problemas”. Yo en ningún momento pensé que sería así, que de encontrar mi origen biológico, se solucionarían todos mis problemas.. Lo que necesitaba encontrar no era sólo mi sangre o  mi genética, era algo mucho más grande e inexplicable que eso.Después del último viaje a Argentina, donde viajé para contactar a mis posibles madres biológicas me quedó claro, que lo que yo quería en realidad era entender qué pasó. ¿Cómo me pudo dejar ir mi mamá? Alguna vez pensó en mí? O fui realmente tan insignificante para ella como me lo pintó mi familia adoptiva?  Es querer entender el contexto. Porque aunque sea duro y desgarrante, es importante saber qué pasó, cómo pasó y porqué pasó.  Es poner las cosas en su lugar. Cuando pensé que a mis padres los había matado la dictadura militar, era tener que aceptar la realidad y la época en la que vivieron, la crueldad humana, el sadismo, la ignorancia total, la impotencia de los ciudadanos ante los gobiernos, el hecho de que en algún lugar, en algún archivo, se encuentra la verdad pero hay gente que todavía no me permite acceder a ella. No buscaba justicia, aunque no me parece mal que haya gente que la busque. Cuando ese camino se cerró, y en cambio la búsqueda me llevó a  entrar en otra realidad, una realidad extremadamente cruel, como es la realidad en la que  viven las mujeres que potencialmente podían ser mis madres biológicas, tuve que nuevamente, al tocar esas puertas, aceptar la realidad desgarrante de la pobreza, el capitalismo y la vulnerabilidad de ciertos estratos sociales. Fue aceptar que nada tiene sentido, que por alguna razón a mi no me tocó crecer en ese contexto, y que la vida es una lotería.. Fue aceptar que “ que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé”, que tel mundo es caótico, que no hay mucho de lo que pueda hacer al respecto y que debo aceptar mi impotencia ante la realidad y estar agradecida por la suerte que tuve.Fue tratar de colocar el dolor y la injusticia en un lugar de mi donde no me bloquease del amor y la luz que hay en mi vida. Poder llorar a los muertos. Poder sobrevivir mi propia historia.Poder aceptar y dejar ir. 
    Perdonar y sanar.
    Y si esa es mi verdad, y es todo lo que hay, una se preguntaría ¿para qué hacer tanto viaje? ¿Para qué ponerle a esto tanta energía? Porque hay algo peor que la realidad desgarrante, y es la fantasía. Es flotar por los aires de la ignorancia, estar en negación, separada del mundo, en una dimensión paralela, en un mundo interior lleno de preguntas que no se silencian. Es tener un compartimiento del cerebro, del corazón, del alma y del cuerpo siempre en secreto ocupados tratando de completar un rompecabezas al que le faltan piezas. Como he dicho antes, no creo que todos los problemas se resuelvan con saber nuestra identidad biológica, pero al menos saber que pasó es sentir la tierra bajo nuestros pies. Por más que esta tierra sea cruel e injusta, no importa. Sigue siendo nuestra tierra, parte de nuestra historia, nuestro contexto.Y nuestra familia, es nuestra familia. Les aseguro que los lloré  a mares cuando se murieron, que los extraño eternamente y sin importar mi edad, siempre sigo buscando la aprobación de mi mamá y mi papá  adoptivos. Ahí lo hermoso de la adopción, el amor trasciende la sangre y la biología. Al amor no lo frena la disfunción. Es el superpoder que tienen los niños, para ellos lo natural es amar. El corazón de nuestro niño interior añora siempre que mamá y papá nos vean. Siempre añora volver a casa. Por eso, la búsqueda no es una cuestión familiar, es personal.No nos van a perder nunca. Es más, si nos ayudan en vez de trabar la búsqueda, van a poder compartir con nosotros nuestra verdad. Van a poder acompañarnos en ese momento tan duro que es aceptar la realidad.Eso sí que es algo que me hubiese encantado decirle a mi mamá y mi papá: “No teman, mi corazón es interminable y siempre hay lugar para ustedes. Nunca me van a perder”.Familia tengan fe, la verdad nos liberará a todos, siempre. 

    16 min
  • Capítulo 12-Quién es el doctor Bartucca y sus secuaces?
    “Tu partida de nacimiento es falsa”, “tu adopción es ilegal”, “si te preguntan en el colegio, tu mamá es argentina”. 
    Desde chica me dijeron que yo era adoptada y que la cosa no había sido legal. La historia era la siguiente: Una mamá del jardín de infantes de mi hermano le había dicho a mi mamá que había una nena que necesitaba ser adoptaba, así que mi mamá fue con mi papá y mi hermano a buscarme a lo de un médico en capital. Siempre tuvieron miedo de que la gente se enterara porque pensaban que los iban a meter en la cárcel. Recién en el 2018 me enteré que el crimen de apropiación de bebés prescribe a los 12 años, lo cual es completamente absurdo, pero así también lo es el mundo. Ningún niño/a de 12 o menos años de edad va a andar demandando a sus propios padres por haberle adoptado o apropiado ilegalmente. En caso de que se estén preguntando acerca de las consecuencias legales que enfrentaría el médico, bueno, eso es aún más leve. Simplemente tendría que enfrentar cargos por fraude por los certificados de nacimiento falsos.Gran diferencia en el caso que esto suceda en el margen de la apropiación de bebés que tenga que ver con la dictadura militar, lo cual se clasifica como crimen de lesa humanidad y ahi sí, no prescribe.
    El médico que me entregó, rellenó la partida de nacimiento con el nombre de mi nuevo papá y mi mamá y una fecha de nacimiento que no sabemos si es la verdadera o no. Según mi mamá, cuando le preguntaron sobre mi origen biológico, de forma amenazante el médico respondió: “La quieren o no?” Y en esa época, plena dictadura militar, no se hacían preguntas, así que sin más me llevaron a casa. Y no fue hasta que en Abuelas de Plaza de Mayo me pidieron la partida de nacimiento, que jamás pensé en ese médico o la relevancia de mi  partida de nacimiento. Yo ya me había mudado a Suecia y de a poco comenzado mi nueva vida cuando un día me llama un amigo y me avisa que  de Abuelas me piden que me comunique con ellas. Resulta que el médico que firmó mi partida de nacimiento ya estaba siendo procesado en otros casos así que era muy posible que yo fuese una de las nietas que estaban buscando y que si me podía acercar a dejar una muestra de ADN. Eso fue en el 2002.El médico que firmó mi partida, Celestino Bartucca, fue la razón por la cuál todo esto comenzó.Años más tarde, cuando me acerqué a la oficina de derechos humanos del registro civil de Capital Federal para continuar mi búsqueda, averigüe que Celestino era un médico, en las palabras de quién estaba  en ese momento a cargo de esa oficina, Mercedes Yañez, ”muy prolífico”. De él se sabía que durante años no sólo se dedicaba a la venta de bebés sino que también realizaba abortos clandestinos en su clínica privada. Aparte, también era el jefe de obstetra del hospital municipal Santojanni. 
    Celestino aparentemente era un hombre muy trabajador. Éramos tantos los niños que él vendió que de hecho son un grupo que está en contacto de alrededor de 30 personas que se hacen llamar los Bartuquitas. Todos con identidad substituida y entregados o más bien dicho, vendidos  a través de Celestino Bartucca.Pero el prolífico doctor Bartucca no actuaba solo. Es imposible. Eso de andar vendiendo bebés no es tan fácil como parece. O en realidad sí lo es, pero hace falta gente por toda la logística que implica. Por ejemplo, hacen falta parteras que consigan los bebés. Ellas eran quienes o convencían  a la madre que está por parir a entregar a su bebé que iba a tener un mejor futuro en una familia de clase media,  o también sino los robaban fingiendo la muerte del recién nacido. Aparte también hacía falta gente que contacte a las parejas de clase media que quieran comprarlos. 
    Como cualquier empresa que vende un producto, hay la gente que tiene la materia prima, en este caso las madres pobres que se acercan a los hospitales municipales, los que compran la materia prima, o sea las parteras,  está el vendedor, en este caso Celestino, que se encarga de legalizar la cuestión y finalmente los compradores, gente de clase media que quiere tener hijos y o se cansaron de esperar el proceso de adopción legal, o saben que no los van a dejar adoptar legalmente, o simplemente no les importa nada y quieren un bebé y punto. 
    El negocio es bueno en un país como Argentina. Los bebés pueden llegar a valer hasta el valor de un departamento, dependiendo de si son blancos y rubios, blancos con pelo oscuro o los que valen menos como yo, de piel marrón y  pelo oscuro. En fin. Calculo que tampoco hay que olvidar a la policía de la zona donde trabajaba Celestino que seguramente sabía perfectamente a lo que él se dedicaba. Toda esta gente era parte de la misma maquinaria, sin olvidar tal vez la parte más importante: El consenso social. Porque sin consenso social, esto no sucede. 
    Ya sé, es complicado. Nada es blanco o negro. Una situación social tan difícil, al menos como lo era en Argentina cuando yo nací, una situación económica que nunca mejora, las clases sociales que parecen castas sociales, la gran necesidad y ausencia de seguridad social y en medio de todo esto, las madres pobres, totalmente indefensas ante un sistema  que no las valora y las ve como paria, fácilmente da lugar a que todo esto exista, haya existido y siga existiendo. Yo crecí toda mi vida escuchando que tuve suerte. “Porque imagínate dónde estarías ahora si no hubiese sido que te adoptaron”. Y en parte es verdad. La diferencia entre comer y no comer influye muchísimo en el crecimiento de un niño. El estrés de los padres por tener que luchar cada día para mantener a flote a una familia con lo más básico, también influye muchísimo en cómo se forma ese niño. La educación que recibí, y en mi caso el pasaporte que heredé, que me permitió mudarme a Suecia sin ningún tipo de problema, también influyó en mi vida. 
    Pero entonces, si es tan así, porque siento dentro mío tanta necesidad de saber que pasó en el momento de mi nacimiento? Porque deseo saber cuál fue la historia detrás de mi entrega, que aunque sea una historia dura, llena de injusticia, oscura y cruel aún así la prefiero antes de continuar con el vacío de la incertidumbre? Porque no en vez les escribo una oda de agradecimiento al doctor Bartucca a su familia y sus secuaces? Porque no siento sólo agradecimiento a mis padres, a mi historia y al consenso social de mi país que hizo todo esto posible?Porque hay grupos en Facebook de gente que busca desesperadamente su identidad biológica y su verdad, sin importar cuál fuera esta?Y que habrán pensado mis padres cuando me fueron a buscar y cómo dijo mi mamá: “Nos habían prometido una nena rubia”? Pensaron: “Si la vestimos bien y le lavamos el pelo con el shampoo para cabellos rubios de Helena Rubenstein por ahi no parezca tan negrita y nunca nadie va a preguntar de donde vino?”O será que nadie, absolutamente nadie se puso realmente a pensar que significaría todo esto?Si. Ya sé. Nada es blanco o negro.Y aunque me duela hasta la médula, quiero creer que todo es parte de todo. Y que de alguna forma inexplicable, en esta vida, hay un plan para todos.Inclusive para el doctor Celestino Bartucca.



    13 min

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Hola, me llamo Natalie y hoy estoy acá contándoles la historia sobre la búsqueda de mi identidad. Cuando la gente que me rodea, cercana o lejana se entera de que soy adoptada y del documental que se…