La propuesta estética es bien simple y contundente, un plano corto, una cámara impiadosa registrando gestos, inflexiones, emociones de personas que normalmente estamos detrás de cámara y acostumbradas a expresar desde la imagen. Es la palabra y no la imagen la que permite estas conexiones, estos descubrimientos, trazando una cartografía de las ideas de una cantidad de personas que trabajan con fotografía, en determinado momento histórico.