Pero sin dudas, una de las experiencias más relevantes y reconocidas del año fue el apoyo de los jóvenes universitarios en centros de aislamiento y hospitales de campaña. Y es que, desde zona roja, nuestros muchachos escribieron hermosas páginas de solidaridad y valentía.
Los maestros pinareños son dignos de admirar. Muchos son los que en Pinar del Río cambiaron el pizarrón por otros medios de trabajo, para, desde el ejemplo, irradiar sacrificio y consagración.
Por eso hoy, el reconocimiento y los aplausos van para ellos, gente buena que desde la humildad y el anonimato han convertido cada espacio en un aula para dar lecciones de vida.