Pero el 2020 no sólo puso a pruebas la capacidad de los consolareños con el nuevo coronavirus, una activa temporada ciclónica, activó la alarma a todo el largo y ancho de la isla.
Tres tormentas tropicales con nombre de mujer (Laura, Delta y Eta), causaron sus estragos en la más occidental de las provincias, con fuerte incidencia en el programa agroalimentario.
Más de 200 hectáreas de arroz sufrieron pérdidas, el tomate que ya crecía en el campo quedó bajo agua y el plátano, también fue víctima de las inclemencias meteorológicas, lo cual obligó a potenciar la siembra de cultivos de ciclo corto, para garantizar en el menor tiempo posible alimentos a la población.