En Caná, la conversión del agua en vino se hizo a lo grande. Nada menos que 520 litros, para una boda de pueblo pequeño.
No es un detalle menor que el Evangelista lo diga. Es que Dios hace las cosas a lo grande... Y la boda de Caná nos hace comprender la generosidad de la pasión, donde Dios se entregó hasta el extremo.
Y también lo que Jesús hizo allí es un adelanto de la alegría de la resurrección.