“Dios se hizo hombre para que el hombre se hiciera Dios”.
Esto podría parecer una frase herética para los practicantes de religión judía; y a los mulsumanes les sonará como una auténtica blasfemia, que seguramente los fundamentalista castigarían con la muerte.
Igual de impactante me resultó la anécdota de un conocido comunicador deportivo que estuvo en Argentina, cuando se celebraron allí los mundiales de fútbol. A la vuelta, estuvo hablando con el taxista que les llevaba al Aeropuerto y como era lógico hablaron de la selección del país organizador.
El conductor se deshacía en elogios de un jugador, por su clase, técnica, elegancia y efectividad en el terreno de juego... indudablemente había sido el mejor. Un tanto desconcertado el periodista preguntó al conductor del taxi: –¿No le pareció bueno Maradona?
A lo que respondió el taxista: –Hombre, Maradona es Dios...