La ilusión de insuficiencia nos lleva a la del requisito, si no hay suficiente para todos, debe ser que debo reunir determinados requisitos o condiciones para que el resultado sea a mi favor, en detrimento de los demás. Con esta forma de pensar invito a la competitividad más desafortunada a entrar en mi vida, con ella el pensamiento de "vales por lo que haces", se adueña de mi vida y el Ser que vive en mí, cumpliendo con lo que de él se espera, pierde lo que es: Amor y libertad.