La cuestión no es si tienes fe o no, sino donde la has depositado, a qué le estás dando valor, si a lo externo, a lo ajeno, a lo socialmente aceptado; o a aquello que te vibra por dentro, que te habla en silencio de una identidad oculta que espera con infinita paciencia a ser reconocida para de ese modo, poder ser vivida.
La fe es un regalo que te haces a ti mismo cuando te escuchas y te valoras, cuando te mantienes fiel a tus ideales, a tu forma de ser natural y auténtica.
La fe es conocer la Presencia que vive en ti y que en libertad, te lleva dulcemente a un estado mental que es camino y meta, el Hogar que nos aguarda desde el principio de los tiempos.