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En su camino hacia la crucifixión, Jesús se encontró con su madre. Este encuentro fue un momento de gran dolor para ambos, ya que María pudo ver el sufrimiento que su hijo estaba a punto de enfrentar.
A los 12 años, Jesús se quedó en el Templo después de la fiesta de la Pascua sin que sus padres lo supieran. María y José lo buscaron durante tres días con gran angustia, hasta que lo encontraron.
Para proteger a Jesús del rey Herodes, la Sagrada Familia tuvo que huir a Egipto. Este viaje fue largo, peligroso y lleno de incertidumbre.
En la Presentación de Jesús en el Templo, el santo anciano Simeón profetizó a María que una espada de dolor atravesaría su alma. Este dolor se refiere al sufrimiento que María compartiría con su Hijo durante su vida, pasión y muerte.
Necesitamos recuperar a Jesús y descubrir la absoluta novedad de su mensaje de liberación.
Tenemos miedo a ser rechazados pero cuando, desde el interior, comprendemos que somos amados, podemos ir a la Luz y vivir en la verdad.
Dios ama a las personas sin límites y sólo quiere ver entre ellos amor fraterno y solidario.
Quizás tengamos que empezar por elevar desde el fondo de nuestro corazón la plegaria: «Oh Dios, dame un corazón que sepa escuchar».
Las tentaciones, representan los falsos valores que Jesús encuentra en su época y que son los que se cotizan hoy también entre nosotros.
La enfermedad es una de las experiencias más duras del ser humano. Sufre también su familia, los seres queridos y los que le atienden.
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