Hay dos fuerzas en nosotros que nos enpujan en direcciones opuestas y que nos han caracterizado desde el principio de los tiempos. Vemos en esta nuestra cultura de Babel que, por un lado, tenemos esa necesidad de unirnos a otros para formar tribus, pueblos o causas comunes que nos permitan ir más allá de nosotros mismos. Así basamos nuestra identidad en un proyecto según nuestra raza, sexualidad o estatus social pero claro también tenemos en nuestra misma cultura esa otra necesidad opuesta, la de buscar la independencia de las etiquetas. Vivimos siempre en una eterna contradicción, empujados por estas dos fuerzas opuestas que, según el relato de la Biblia sobre Babel, nos precipitan finalmente a nuestra propia destrucción. Siempre habrá nuevas generaciones con nuevos teóricos de un nuevo mundo, que se unirán y formarán agrupaciones sociales, políticas o religiosas y que en dos o tres años se habrán peleado y dividido para siempre con la intención de no saber nada más el uno del otro. Que es justo cuando surge una nueva idea que repite el mismo recorrido y el mismo triste resultado hasta desaparecer. Parece que es imposible encontrar un vínculo común ¿verdad?
... Podcast de Jose de Segovia sobre Epístola a los Romanos, Cap. 16 1-27