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Nueva entrega del Diccionario vividor.
Posibilidad: todo lo que está disponible, incluso cuando no somos conscientes de ello.
Las estructuras en las que vivimos, las que nosotras/os mismas creamos -por no hablar de las otras ahora-, pueden resultar limitantes en ocasiones. Limitan nuestra forma de vivir, de pensar, de actuar… y limitan también lo que crees posible para ti. Se sostienen sobre una serie de creencias que ni te cuestionas, porque a menudo están tan interiorizadas que resultan invisibles, pero no lo son.
Escúchala aquí o léela en la sección de artículos de escrituraycoaching.com.
Resulta extraño hablar de objetivos en agosto, justo cuando uno de los lujos es ir dejando atrás esas listas de objetivos que a veces parecen escaleras mecánicas en las que te has subido en dirección contraria.
Pero no voy a hablar de esos, sino de los objetivos que sí te llevan a un lugar deseado, aunque sea despacio. Esos son los que se ven más claro en verano.
Cuando el ritmo baja, es un buen momento para dibujar qué quieres para el nuevo curso antes de que la escalera mecánica vuelva a ponerse en marcha.
Por fría que suene la palabra objetivos, definirlos dota al deseo de la posibilidad de ser.
El objetivo es el hada madrina del deseo, sin embargo, como esta, pone algunas condiciones y es ahí donde la cosa, a veces, se complica.
Por un lado, está la condición de acotarlo -qué quiero exactamente, por dónde empiezo…- y, por otro, la de acompañarlo, también en lo emocional -qué necesito para actuar-.
Hay tantos objetivos aparentemente fáciles que se nos resisten. ¿Por qué?
Nueva entrada del diccionario vividor, con la "N". Empieza así y continua en el audio:
– Negarse lo deseado es un vicio frecuente.
–Pero, ¿qué dices? Vicio es lo contrario: ceder al deseo.
-Esa creencia explica la primera afirmación.
-¿Hedonismo sin freno entonces?
-No exactamente. Hablo de deseos esenciales.
-¿No te refieres a un donuts, entonces?
-Exacto, no me refiero a ese tipo de deseos. Estoy hablando de deseos que no responden a la necesidad de apagar pequeños fuegos de insatisfacción, sino a deseos que responden a la necesidad de desplegar quién somos, lo que nos llama, lo que nos hace bien.
-Siempre queriendo ser algo más… ¿No basta con ser?
-Justamente a eso me refiero. A veces no ceder al deseo es equivalente a no dejarse ser. Ser sin más.
Sentir que estás en tu lugar, o que no lo estás, genera emociones antagónicas.
Lo primero puede evocar plenitud, satisfacción, certeza, templanza, calma, excitación, sentido.
Lo segundo se relaciona a menudo con la sensación de vacío, insatisfacción, duda, desconexión o falta de propósito.
No son exclusivas de nadie, a lo largo de la vida podemos transitar por momentos de sentirnos en nuestro lugar y otros en los que conectamos con ese dolor tan característico de sentir que no es ahí.
Así es jugar: deseo concedido, e identificado, que no es poco, una suspensión del juicio de lo posible, de lo verosímil, incluso.
Jugar y juzgar se parecen, pero están lejos.
Escucha el audio completo para saber más :)
En este episodio, revisamos la identidad y nuestra posibilidad de elección a través de un sistema de perchas imaginario, pero sobre todo, de hacer y ser.
"La invitación en este caso es revisar ese objeto lleno de atributos y cuestionarte cuáles llevas puestos. ¿Con qué sí te quedas? ¿Qué quieres cambiar? ¿Cuál te ayudaría ahora? O incluso, ¿qué pasaría si los dejaras todos en el perchero y simplemente sintieras la vida directamente en la piel?"
El hogar y lo que representa para cada una de nosotras puede variar desde la imagen de la casita que aprendimos a dibujar en la primera infancia (y ahí sigue, sin evolución aparente), hasta la visión de un fuego que, probablemente, está justo ahí dentro, en esa casita.
He vivido en hogares varios, alguna vez incluso he encendido alguno, pero a ninguno lo llamé nunca así. ¿Qué pongo entonces en esta entrada del diccionario, que es la H2 (porque la H1 fue para "honrar")? Pruebo con esto: “Hogar: lugar que acoge tu presencia y la reconforta”.
Aquí cabe tu casa, pero mucho más, también tu visita fugaz al mar, una tarde en el parque, la clase de pintura (si es tu caso, tal vez tu dibujo de la casa sí que haya evolucionado), ese rato de escritura, acompañando a un familiar o jugando a un juego de mesa con tus hijos.
Sin embargo, solo es hogar, según este diccionario acreditado por nadie, “si acoge tu presencia y la reconforta”.
No recuerdo de niña haber llevado fotos de las mujeres de mi familia al colegio. Ayer, sin embargo, siguiendo la consigna de sus maestras, estuve preparando unas cuantas para que A. las llevara.
Eso nos dio pie a hablar de las abuelas, las bisabuelas y hasta una tatarabuela que fue pionera justamente en cuestiones de educación.
Así que ese pequeño gesto nos permitió honrar su paso imprescindible por este mundo -sobre todo para sus descendientes-.
Para el diccionario, con la h, “honrar”: “dedicar el tiempo y la mirada necesarios a reconocer a las personas -en este caso mujeres- que nos precedieron y que, con sus pasos, decididos o torpes, torcidos o firmes, temerosos o audaces, o todo a la vez, dependiendo del momento, nos ayudaron a avanzar a quienes estamos hoy, aquí, haciendo lo propio”.
“Honrar”, en su segunda acepción: “dedicar ese mismo tiempo y agradecimiento a las que lo hacen hoy”.
¿Quién acuñó por primera vez la frase “ganarse la vida”? No diría que está en la liga de “Rexona no te abandona” o “A mí plin, yo duermo en Pikolín” (perlas que he extraído de un listado de las mejores frases publicitarias de la historia), pero quien la formuló supo captar sin duda una mirada del mundo. En esa mirada sales perdiendo de la casilla de inicio y, ya si eso, te ganas la vida con el tiempo. No es de extrañar que el merecimiento se nos atragante por momentos. Sí, hoy me siento Flex, pero ¿me lo he ganado?
Puedes escucharlo o seguir leyendo aquí: https://www.descubriralcalordelaspalabras.com/2023/02/24/vocacion-productividad-y-otros-con-la-g/
Así que, vencido, sin posibilidad de alcanzar su meta por hoy, decide regresar caminando a su casa. Es posible que su cuerpo acogiera entonces la sensación de fracaso al no conseguir responder a las expectativas, ya fueran propias o ajenas. Tal vez también frustración al pensar que aquello no debería ser así.
Puedes seguir leyendo aquí: https://www.descubriralcalordelaspalabras.com/2023/02/22/deprisa-deprisa-con-la-f-de-frenar/
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