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A veces nos impacientamos por no estar ya donde creemos que deberíamos estar o donde desearíamos haber llegado ya. Puede ser, por ejemplo, la impaciencia por no tener claro qué queremos o por no estar dedicándonos a algo que nos llena, aun cuando llevamos mucho tiempo trabajando. O bien que nuestro día a día nos parezca muy alejado de un estado de serenidad y plenitud que es el que nos gustaría que fuera la normalidad. En este audio encontrarás una propuesta para tomar perspectiva y dirigir tus próximos pasos de forma más consciente.
¿Qué te frena? ¿Alguna vez has sentido un bloqueo interno que no logras identificar de dónde viene, algo que te impide conseguir lo que te propones sin que tengas muy claro por qué? ¿Algo que te impide actuar, te invita a procrastinar, te quita la energía necesaria para hacerlo? En este audio encontrarás una propuesta para indagar de qué se trata y cómo empezar a solucionarlo.
Hay momentos de oscuridad o más bien niebla profunda en la que cuesta mucho ver claro y hay preguntas a las que parece imposible encontrarles una respuesta. Digamos que hay algunas que ya son así por naturaleza, pero hay otras que no. Por ejemplo: ¿qué es lo que me está angustiando en este momento? ¿Qué me aporta esta relación? ¿Hacia dónde podría tirar para hacer algo que me llene? ¿Realmente esta idea me lleva a alguna parte, qué sentido tiene este proyecto en el que me empeño?
Es muy habitual que nuestra insatisfacción -la que no deriva de no tener las necesidades básicas cubiertas- provenga de no estar respetando lo que para nosotros es importante. Y también que el no respetarlo venga de no saber realmente lo que para nosotros es importante. Libertad, seguridad, amor, paz, excelencia, respeto… ¿En qué orden estaríamos dispuestos a renunciar a cada uno de estos valores? ¿Podemos vivir en coherencia con ese orden en nuestro día a día? ¿Cómo hacerlo?
La sensación de estar viviendo una vida con la que no acabas de encajar es, cuanto menos, desagradable. Algo así como caminar con un calcetín que se te ha bajado hasta debajo del talón por dentro de la bota. Te has dado cuenta, no estás cómoda, pero no te vas a parar en medio de la calle a descalzarte y estirarte el calcetín hacia arriba para que esté justo donde quieres que esté y te deje de rozar el zapato... Eso piensas, que no puedes pararte.
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