Como quien retoma una conversación interrumpida, como si existiera la continuidad en este medio, prosigo. ¿Por dónde iba? Me había quedado en la “E”. Me refiero a la “E” del diccionario, ¿qué diccionario? Cada vez que intento ponerle un apellido me sale una frase demasiado larga. A lo mejor es un “diccionario vividor”.
Busco “vividor” en el otro diccionario, el de siempre, y la primera acepción es “que vive”, sin más, sin ningún atributo peyorativo como el aroma que suele desprender el término cuando se pronuncia. Eso no aparece hasta la cuarta acepción. Y se arregla de nuevo en la quinta: “que vive la vida al máximo disfrutando de ella”.
Para la “E”, me quedo con esta palabra: elegir. Pero elegir a lo grande. No por el impacto de las dimensiones de lo elegido, sino por la amplitud de horizontes a la hora de hacerlo. Ampliar el espectro de lo posible, de lo que veo posible para mí.
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