Con lamentos, el salmista se pregunta por qué Dios le ha desamparado. Aunque clamare al Señor de día y de noche, no ha recibido respuesta; y confiesa que ha sido tomado como oprobio de los hombres y despreciado por el pueblo. Aunque le hayan rodeado sus enemigos, pide al Señor que no se aleje de él, por cuanto Él es su fortaleza.