Pablo no tiene necesidad de cartas de recomendación de la congregación de Corinto.
Ellos son las cartas del apóstol, escritas con el Espíritu del Dios vivo en tablas de
carne del corazón. Dios nos capacitó para ser ministros de un nuevo pacto, no de
la letra, sino del Espíritu. Si el ministerio de condenación fue con gloria, mucho
más abundará en gloria el ministerio de justificación.