Podemos hablar lenguas humanas y angélicas, profetizar, tener el don de la fe y repartir mis bienes, pero si no tengo amor, nada soy. El amor es sufrido, es benigno y no se envanece. No hace nada indebido, no busca lo suyo, sino que se goza de la verdad. El amor todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.