Un gran pez que Dios había dispuesto se traga a Jonás, y él permanece en el vientre del pez tres días y tres noches. En su angustia, Jonás ora a Dios. Aunque fuera desechado de delante de los ojos de Dios, verá Su santo Templo. Promete cumplir sus votos, entendiendo que la salvación viene de Dios. Entonces, Dios da orden al pez y este vomita a Jonás en tierra.