Los hijos de Amón se gozaron de ver el santuario de Dios profanado, la tierra de Israel asolada, y llevada en cautiverio la casa de Judá. Por tanto, Dios los entregará por heredad a los orientales, y serán destruidos. Dios castigará también a Moab por haberse burlado y considerado a la casa de Judá como todas las naciones.