El salmista proclama diciendo que Dios es bueno, porque para siempre es Su misericordia. Dios sacia al alma menesterosa, librándole de sus aflicciones; y llena de bien al alma hambrienta. Aunque anduviese por caminos pecaminosos, si clamara a Dios, Él enviará Palabra para sanarlo y librarle de sus aflicciones.