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Theo volvió a soñar con ángeles. Aunque en realidad en su sueño no lo sabía, él era uno de ellos.
No tenía alas, ni una aureola luminosa sobre la cabeza, ni poderes celestiales de los que fuera consciente. Tal vez eso era mucho más preciso: no era consciente de que era un ángel.
Pero algo que tiraba de él con la fuerza del deseo le llevaba a buscar la felicidad de las personas. Tal vez en eso residía su poder, en hacer que los demás encontraran su propia felicidad a su lado.