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Tu voz habla de ti. Más de lo que imaginas. No solo las palabras que utilizas, el idioma que empleas o el acento particular de tu región de origen. El volumen con que hablas, alto o bajo, gritos o susurros, transmite tu estado de ánimo, tu ira o tu bienestar. Un tono agudo si eres mujer, más grave si eres hombre. Escuchar la propia voz nos devuelve, como en un espejo, la imagen de lo que proyectamos, lo que otros perciben de nosotros. ¿Quién no se ha sorprendido al oír su propia voz grabada?...