Los milagros. En conclusión, no ponemos en duda la existencia de los milagros, menos el poder de Dios para realizarlos. Sin embargo, es evidente que la biblia contiene relatos épicos y fantásticos, junto con tradiciones profanas de los pueblos vecinos de Israel, claramente identificables, y que no pueden ser ignorados o negados si lo que buscamos es una interpretación saludable de los textos. El problema es nuestro, cuando leemos los relatos de milagros sólo como historia milagrosa, aislando el hecho milagroso de su trasfondo, y descuidando los elementos profanos (humanos) que sirvieron y sirven al mensaje que se buscaba transmitir (que en el fondo es el objetivo del relato). Por ende, cabe volver a recordar que los escritores no escribieron estos relatos como simples narrativas, cuyo fin estaba en la misma narrativa, sino con el propósito de transmitir un mensaje teológico, a veces más, a veces menos, profundo...
* Preparado por Robinson Reyes, como material de estudio del Grupo de Estudio "Introducción a la Lectura de Biblia", de la Iglesia Luterana El Redentor. Basado en bibliografía especializada y material propio.