Cristo no se encarnó exclusivamente para un grupo dehombres; desde su nacimiento, su persona es de interés universal. Su llegada no pasó desapercibida: fue reconocida por creyentes piadosos, pero también provocó reacción en hombres hostiles, enemigos abiertos y encubiertos, y en personas de quienes menos esperaríamos interés espiritual, como estos magos de Oriente. Al leer el texto con detenimiento, dos énfasis resultan evidentes: (1) laintención deliberada del evangelista de subrayar que estos hombres vinieron de lejos, del Oriente; y (2) la insistencia en que vinieron con un propósito determinado: adorarle. La visita de los magos ha despertado siempre gran curiosidad y, confrecuencia, se intenta justificar o precisar quiénes eran: algunos los consideran sabios, otros piensan que eran hombres temerosos de Dios y conocedores de las profecías. Sin embargo, Mateo no se detiene en resolver esasespeculaciones; su interés no es explicarlos, sino presentarlos. Tal como los presenta, es algo asombroso: hombres que estaban lejos han sido traídos cerca, no por mérito propio, sino por la iniciativa de Dios, y al encontrarse con Cristo, le adoraron.