GEORGE LUCAS, CREADOR DE LA PELÍCULA LA GUERRA DE LAS GALAXIAS, quien, consciente o inconscientemente la llenó de preceptos de la Cabala, no fue el creador del "Amo de la Obscuridad", como tampoco lo fue del destructor planetario la Estrella de la Muerte del Imperio del Mal. El autor J.R.F. Tolkien, cuya obra mística El señor de los anillos se enfocó sobre otro Amo de la Obscuridad que ascendió al poder entre las sombras de la maldad de Mordor de la Tierra Media, tampoco tiene derecho de adjudicarse la fama de haber originado esta metáfora siniestra.
El Amo de la Obscuridad no pertenece a la ficción. Es casi tan antiguo como el Señor de la Luz que lo creó, junto con el hombre y el universo. Hizo su primera aparición literaria con una referencia específica de la Estrella de la Muerte, hace aproximadamente dos mil años en las páginas del Zóhar, la gran obra de los sabios judíos que descifra y revela la Biblia. No debe sorprender que este personaje se haya introducido en los sueños de Lucas y de Tolkien. Su influencia, parte integral de la experiencia humana, está impresa como un sello en la psique del hombre. Antes del Génesis, antes del "Big Bang", el Amo de la Obscuridad estaba presente amenazando la bondad de la creación de D-os con su flota de Klipót malignas, aquellas cáscaras de impureza que asfixian las almas y que se alimentan a nivel metafísico, como gusanos de los pecados de la humanidad caída.
De lo anterior se comprende que ni La guerra de las galaxias ni tampoco la trilogía de El señor de los anillos pueden considerarse obras de ficción. La lucha cósmica entre el bien y el mal, entre la caridad y el egoísmo sigue vigente ahora, tal como ha sido desde el principio, con sus grandes combatientes operando un tanto más allá de la comprensión humana. Sin embargo, son precisamente la acción y el pensamiento humanos, los que proveen el combustible para sus máquinas de batalla.
Los primeros cabalistas, con sus mentes proyectadas al abismo inimaginable del tiempo, y a través de la meditación con letras específicas del alfabeto hebreo, lo vieron y lo entendieron todo. Sin embargo, en su época aún no existía el lenguaje adecuado, ni la manera de hacerse entender, para que la historia de la creación pudiera transmitirse en su drama literal a la mayoría de la humanidad. Los cabalistas podrían especular con asombro y sorpresa entre sí, pero —como Daniel, antes de ellos— se vieron obligados a seguir su propio camino porque las palabras estaban "encerradas y selladas hasta el final de los días".
Recopilaciòn de textos cabalistas, principalmente de libros de Fiedrich Weimberg, Philips Berg, Rabash, el Zohar y fuentes judias de cabalà.
Explicaciòn de los secretos primarios de la creaciòn y la funciòn del hombre como propòsito y corona de la misma. Escrito en palabras y redacciòn acorde a nuestra generaciòn actual premesiànica y con las conclusiones de los grandes sabios, sin entrar en los detalles demostrativos. No obstante, todo el material consignado, son verdades TOTALMENTE comprobadas a la luz del conocimiento de la Cabalà y reveladas generacionalmente sin interpretaciones privadas ni subjetivas.
Quien desee conocer las demostraciones de las conclusiones cabalistas, deberà sumergirse por años en las revelaciones de los mètodos guemàtricos y conceptuales, entre otras tècnicas, de la sabidurìa de la cabalà.