Reflexiones sobre la verdadera interpretación de la Torá y objetivo trascendente final de rectificación, evolución y unificación con el Creador, acorde con las revelaciones de la Kabbalá Luriánica.
El hombre consiste en tres partes; sabemos según la Kabbalá que todo consiste en cinco: Kéter, Jojmá, Biná, Z’A (Zeir Anpin) y Maljut. Cinco poderes, cinco fases. Entonces ¿por qué decimos en kabbalá que el hombre tiene sólo tres recipientes o compartimientos? Realmente, el hombre, el alma del hombre también consiste en cinco compartimientos. Pero sólo podemos experimentar los tres inferiores. No podemos recibir Luz de los dos superiores. Y eso por el bien de las correcciones. Cuando todas las correcciones sean completadas, también podremos ser capaces de recibir Luz en nuestros dos compartimientos superiores.
Entonces tendremos el poder de recibir Luz en todos nuestros compartimientos. Sólo podemos recibir luz si tenemos kli (receptáculo) para recibirlo. Esto bien se puede asociar al concepto de que para recibir es obligatorio tener una carencia o un hueco. Esto lo verificamos en el mundo físico y dentro de nosotros en todo. Sólo comemos cuando tenemos hambre (cuando hay una carencia de comida). Sólo deseamos algo cuando nos falta. Necesitamos del deseo para ser llenados; y así sucede también con todo fenómeno físico de la naturaleza. Aquí se encuentra el secreto de toda la existencia; del bien y del mal; de toda ley física y espiritual; de todo fenómeno y de nuestro obligado trabajo espiritual de corrección y transformación. Necesitamos saber de qué se trata ésto. El conocimiento es necesario y obligado; pero no como objetivo, sino como medio para alcanzar la meta de nuestra existencia. Todo depende de nosotros. La religión como tradición no ayuda y podría más bien perjudicarnos.
Hasta la venida del Mesías Ben David podremos recibir nuestros dos compartimientos superiores. Así es que por el momento nosotros tenemos únicamente tres kelim (compartimientos). Cada hombre original aprobado según arquetipo celestial (pues los hay quienes no lo son) tiene tres kelim (recipientes) que desarrollar. Desde el principio hasta el fin de la Creación. Y a esos tres kelim potenciales como “hombre caído”, los denominamos luces posteriores: kli Néfesh (alma animal), kli Rúaj (alma espiritual), kli Neshamá (alma celestial). El kli Néfesh es el kli en el cual la Luz Néfesh puede residir o ser experimentada; es la Luz más baja. El segundo compartimiento en el alma del “hombre” es el compartimiento donde la Luz inmediatamente Superior Rúaj puede entrar. Rúaj significa espíritu. El tercero es Neshamá, y esa es el alma verdadera. Es lo más elevado que el hombre puede experimentar dentro de sí. Estas tres forman el alma del hombre arquetipo original. Cuanto más elevada el alma, más fina y más fuerte es la Luz que puede ser recibida. La Luz Néfesh y la Luz Rúaj son luces de Jasadim, luces de misericordia.
En líneas generales se concluye hay tres compartimientos en el hombre. Los primeros dos en los cuales reside las Luces Néfesh y Rúaj, son luces de Jasadim (misericordia). Eso es lo que nos da la vida y existencia. Nos proporcionan la Luz que es estrictamente necesaria para el ser humano. También necesitamos un poco de la Luz Neshamá (la luz de la sabiduria) del alma. Y arriba de esos tres todavía permanecen dos de nuestros compartimientos que todavía no experimentamos y donde ingresa la Luz Jaiá, que es la Luz de Atzilut (el más alto de los mundos). Jaiá es Luz de vida, una Luz que es más fuerte; la Luz de Atzilut. Y la última es la Luz Yejidá. Yejidá significa unidad, cuando los cinco compartimientos, cinco luces pueden ser recibidas. Así que los dos compartimientos superiores son como si brillaran sobre nosotros a la distancia, pues todavía no tenemos el lugar para recibirlas.
Digamos algo así: Néfesh es la luz o alma inferior, y es el poder que está asociado, conectado al cuerpo. Néfesh es la parte inferior de nuestra alma; la Luz inferior que es la parte inferior del alma del hombre. Néfesh se asocia con la parte inferior del cuerpo. El cuerpo significa el deseo de recibir. Por supuesto, el cuerpo es una parte de nosotros, nuestra envoltura (es la parte femenina de nuestro ser), es el receptáculo y es necesario que nuestros deseos residan en él, tal que las luces puedadan tener un sitio donde residir.
Así el cuerpo es el deseo de recibir. Eso es lo que existe. Deshacerse del deseo de recibir como proponen las religiones orientales (como el budismo por ejemplo) es un gran y fatal error. Simplemente se corta uno de lo superior, pensando que se ha iluminado, siendo todo lo contrario. No se trata de eliminar el deseo; se trata de tranformar el ego en altruismo perfecto. Se requiere de las luces de la sabiduría para entender qué significa ésto. Se requiere de mínimos niveles de “Neshamá”. Es decir, no todo el mundo tiene acceso a este entendimiento, porque no todo el mundo tiene los mínimos requeridos de neshamá para ello.
El deseo no se debe suprimir como proponen los orientales; se debe rectificar. Esta es la tarea gigante de nuestro reto por vivir. Y es la forma de poder atarer lo superior; de atraer los 125 estados del alma a traves de un viaje de quizás cientos de vidas, caídas y elevaciones. Toda la sabiduría de la Torá aquí se encierra con los secretos de la reencarnación y estados del alma después de la muerte. Lo superior se “GANA” a través del trabajo espiritual.
Todo aquél que se siente “perfecto”, sea secular exitoso, humanista “iluminado”, creyente religioso, practicante ortodoxo o no, debe saber que realmente se encuentra en las “profundidades del abismo”, pues ni siquiera reconoce su estado de imperfecciones y por consiguiente sus miles de carencias. ¿Cómo podría atraer la luz superior, si NO tiene deseo de corrección? La Torá afirma de forma explícita que la única forma de conocer a su “Yotzer” (su Creador), es conociendo primero a su “Yetzer” (su Maldad). Es decir, para conocer a Dios, primero se baja al infierno. El que espera iluminaciones color de rosa y subir al “cielo sin llorar” está más que engañado en fantasías utópicas.
La envoltura física se necesita, así como del alma inferior para que resida en ella lo Superior; porque lo Superior nunca puede venir sin envoltura. El alma Néfesh es la más densa que existe. Néfesh es el primer compartimiento, la primera sección del alma del hombre arquetipo; la más baja y la más persistente. Es el ego con esencia Divina en su máxima expresión con 25 subdivisiones que deben ser corregidas para poder atraer las luces de Rúaj (las luces del espíritu).
Así no se entienda lo siguiente, no obstante lo menciono para dar una idea (por infinitamente pequeña que sea) de qué consiste el trabajo de nuestras vidas.
Hay que saber que de acuerdo con la Kabbalá existen 5 diferentes mundos en términos espirituales. El más bajo es “Asiá” (el mundo de la Acción) y es donde residimos como mundo físico (objetivo de la Creación para que Dios mismo “habite” aquí). Los mundos superiores en ascenso de forma correspondiente son: “Yetzirá” (mundo de la formación), “Beriá” (mundo de la Creación), “Atzilut” (mundo de la Emanación) y finalmente el mismo “Ein Soft” (la inefable existencia del infinito y la nada, incognocible que llamamos “Dios” cuando se hace la referencia correcta).
En cada uno de éstos mundos hay por decirlo así, “submundos” de donde emanan todas las características espirituales de la “Creación”; es lo que se conoce como el “Árbol de la vida” conformado por las 10 sefirot, que están dispuestas en 3 columnas, (Izquierda, derecha y centro), y en orden ascendente asi: Maljut (reinado) que es donde habitamos, Yesod (Fundación), Hod (Gloria), Netzach (Permanencia), Tiferet (Belleza), Guevurá (Juicio o Poder), Jesed (Misericordia o Bondad), Biná (inteligencia), Jojmá (Sabiduría) y Keter (Corona). Es de suponer infinito el conocimiento que esta simple descripción esconde.
Hay más conceptos asociativos a las designaciones de cada sefirá. Sólo se menciona a nivel informativo para poder relacionar lo que se quiere mencionar y pueda ser accesible a quienes desconocen esta vital sabiduría y que deben conocerla con “temor y temblor”.
Estos “submundos” espirituales generadores de la vida (sefirot), se “posicionan” cada uno en uno de los diferentes “Mundos” superiores mencionados. Estas características estructurales de toda la Creación se replican al infinito de forma “fractal”, tanto en una parte positiva, como negátiva, como matrix de la Dualidad de toda la Creación. Todo tiene su opuesto, y todo tiene su contraparte y conexión en el lado del bien y en lado del mal. Por ejemplo: Hay amor positivo y hay amor negátivo; hay misericordia buena y hay misericodia mala; hay pereza positiva y no positiva, hay odio bueno y malo, etc, hasta el infinito con cualquier rasgo de manifestación creacional.
Néfesh está conectada con el cuerpo; conectada con la parte más primitiva del hombre. Y cuando estudiamos lo espiritual, por ejemplo el Zohar u otra fuente de Torá, por supuesto llegamos al Néfesh. Se empieza a entender y a rectificar al Néfesh; pero además de Néfesh, principalmente llegamos al siguiente compartimiento, que es Rúaj, el segundo compartimiento del alma.
La parte más elevada de nuestras almas en POTENCIAL de manifestación es la Neshamá. No significa que la tengamos, pues hay que trabajar para adquirirla en su plenitud (y el tiempo se agotó) para nosotros. Es la Neshamá, el alma verdadera, que es la tercera parte, el tercer compartimiento; el alma divina o celestial.
Néfesh corresponde a Maljut, el nivel más bajo. Rúaj corresponde a Zeir Anpin, que son las sefirot desde “Yesod” hasta Tiferet” (la cara inferior en terminos kabbalistas) y Neshamá corresponde a Biná. Sólo trabajamos con éstos tres. También veremos que todas las correcciones que hacemos sólo conciernen a estas tres partes. Los compartimientos superiores son Jojmá y Kéter o la cuarta y la quinta Luz. Jojmá corresponde a Jaiá, vitalidad y Kéter corresponde a Iejidá, unidad. La unidad con absoluta Dios se logra con Yejidá.
Recibimos de ellos gradualmente. Por supuesto que recibimos algo de ellos, cierto efecto, cuando la persona estudia lo espiritual, digamos el Zohar y la Torá. La Torá es dada desde Arriba y la Torá es la línea media (la columna central del árbol de la vida). Sólo estudiando la Torá nos acercamos a los mundos espirituales y sus influjos nos llegan. El Creador Mismo se oculta en la Torá. No podemos decir: “camino por la calle y pienso encontrarme a Dios”. Por imaginación no se conocen los secretos de la existencia. Tampoco por éxtasis, ni por nirvana, ni supuesta iluminación, salto cuántico a la quinta dimensión, ni infinidad de suposiciones que se nos agenda de forma oscura en Hollywood y todo tipo de literaturas acordes a la oscuridad de las naciones.
Escrito y elaborado por David Saportas
[email protected]