Sobre la sangre como equilibrio energético cósmico. Conexión con la Torá. Fuerza de Vida y Sacrificio.
Todo poder espiritual fluye desde la mente inconsciente hacia la realidad consciente. Tal y como se mencionó en pasados escritos publicados, la mente inconsciente aprovecha reservas profundas dentro de sí misma y al hacerlo atrae la presencia de otras entidades existentes en esos dominios a los que la mente puede viajar. Por supuesto, lo anterior hace una afirmación que es usualmente blanco de burlas y asociaciones vivenciales o no, tanto con credulidad, como con fantasía relativa. Existen todo tipo de entidades inteligentes en regiones y dominios invisibles a nuestros ojos, más no así a nuestros sentidos sutiles.
Conocer, ver y clasificar estas entidades en sus infinitas manifestaciones es parte de todo aquello infinito que desconocemos y de lo cual somos parte, lo sepamos o no. Estamos en constante contacto e influencia con esas entidades invisibles, lo sepamos o no, lo neguemos o no. El instrumento de contacto es nuestra mente.
Todas estas fuerzas tocadas por la mente se expresan en el lenguaje del inconsciente. Esta es la razón por la cual el comportamiento ritual es una fuerza espiritual muy potente.
Aunque en un nivel, los rituales pueden ser simbólicos, en otro nivel son conductos reales de comunicación entre mundos. Uno debe entender una regla simple. La mente humana opera de acuerdo con un sistema estándar. Cuando uno sigue el camino natural para la expansión de la conciencia, de hecho lo que hace es aprovechar las reservas de energía aún desconocidas para nuestro consciente.
Estos poderes son completamente inherentes de la mente, pero no se limitan a estar exclusivamente en la mente. Quien desarrolla el poder de la mente puede desatar estas fuerzas y usarlas conscientemente. Queda por ver si tales poderes se usarán para bien o para mal. De hecho, cuando uno llega a través de la conciencia a atraer a otras entidades, naturalmente atraerá hacia uno mismo aquellas que son mutuas y compatibles. Aquellas que vibran en sintonía con lo que uno es. Esta es la ley del magnetismo. Por lo tanto, un buen individuo atraerá naturalmente a buenas entidades y un malvado atraerá naturalmente a sus semejantes.
Las entidades del otro lado de la conciencia son, mentalmente hablando, no tan diferentes de nosotros. Están aquellos que son justos y verdaderos y luego están aquellos que son engañosos y manipuladores. Aunque uno se acerque al dominio interno con un corazón puro y abierto, a menos que uno también sea sabio, inteligente y suspicaz, puede ser víctima rápida y fácilmente de una influencia engañosa que parece buena, pero que en realidad es muy mala.
Es por esto que el conocimiento verdadero es vital para cualquier intención de contacto de este tipo. Es por esto que el crisol de fuego de prueba para cualquier alma que intente ascender por los senderos místicos está en el conocimiento puro y su real afinidad energética con la misma esencia de uno verificada en el entendimiento y coherencia emocional.
Es decir, si uno es malvado, simplemente lo es porque carece del conocimiento de la verdad y su respectiva resonancia magnética con lo “puro celestial”, por así decirlo. Ser místico y a la vez bebedor, fornicario, ladrón, burlador de la sabiduría, materialista, egoísta, relativista, intelectual pragmático, filósofo secular, ignorante, inmoral y desconocedor de Dios, simplemente no es compatible. Los griegos jamás podrían o pudieron ser místicos celestiales. A lo sumo lo único que se ha verificado históricamente son charlatanes y brujos conectados a las realidades demoniacas. Aunque suene duro; casi todos no somos angelitos, sino diablitos.
A menudo vemos personas que después de un corto tiempo de incursionar en la oración, la religión u otros rituales sienten que han sido “contactados” por alguna fuerza “superior”. Muchos creen que han escuchado la “voz de Dios”, otros creen que están hablando con un ángel o espíritu incorpóreo.
Puede haber algo de verdad en un pequeño número de estas afirmaciones, pero la gran mayoría de los casos no son más que experiencias fraudulentas, posiblemente numinósticas; es decir, experiencias luminosas de intensidad energética generadas por la sintonía de nuestra mente con alguna entidad no muy pura, ni buena que digamos. Un contacto del “tercer tipo” engañoso no recomendable. Las oraciones y los rituales están diseñados para liberar las reservas internas de los poderes mentales. Sin embargo, aquí es donde la psicología y la realidad psíquica se dividen.
La psicología como ciencia secular aún no ha reconocido la realidad de otras entidades experimentadas dentro de uno mismo, ni de los reinos invisible, y no limitadas al dominio de la mente. Las oraciones y los rituales no sólo abren la mente interior sino que también permiten el llamado y la conexión con otras entidades. En terminología religiosa, estas otras entidades reciben numerosos tipos de nombres. Las buenas entidades generalmente se clasifican juntas y se llaman ángeles.
Las entidades malas se clasifican de manera similar y se llaman demonios. Dichos títulos y categorías son terriblemente restrictivos y de alcance limitado. Mientras tanto todos los arrogantes e inteligentísimos pragmáticos que sólo creen en lo que ven (en contradicción psicótica a sus mismas realidades de uso tecnológico de instrumentos fundamentados en la ciencia de lo invisible, como el uso de sus propios celulares), se burlan y descalifican la oración y lo ritual como algo primitivo.
Nosotros, los seres humanos, ciertamente no somos las únicas entidades inteligentes en el universo. Ni siquiera somos la única especie indígena inteligente aquí en la Tierra. El cosmos entero está repleto de vida inteligente. Esa es la norma y no la excepción. Es más, no podría ser de otra forma, pues no existe sino vida en todo lo existente, ya que todo proviene como emanación de la fuente única de vida de todo. Todo, absolutamente todo tiene una vida que lo alienta y no tiene cabida en la existencia sin la Voluntad Divina. La materia muerta, simplemente es imposible que exista.
Mucho habría que decir de las teorías físicas limitadas hasta las fronteras del átomo y que no lograrían jamás traspasar a los reinos de la conciencia invisible en donde se encuentran las verdaderas respuestas. Hay que saber que nuestro universo visible de acuerdo con el conocimiento de la Kabalá, es a duras penas el 1%. El otro 99% es invisible a nuestra realidad física. Así de mal estamos en nuestras presunciones de sabiduría.
En el plano físico parecemos ser la forma de vida más evolucionada. Si bien esto puede ser cierto, la vida no deja de existir en los límites reconocibles de la fisicalidad. La vida es conciencia. Nos han enseñado que todo, a su manera, es consciente. Desde hace mucho tiempo, nuestros Sabios han enseñado que incluso una sola brizna de hierba tiene un ángel que la hace crecer. De sus palabras podemos entender la naturaleza de algunas de estas otras entidades. Así como los seres humanos tenemos dentro de nosotros una mente, que es nuestro ser superior y nuestra alma, también todo lo demás en nuestro mundo tiene una esencia muy interna. La esencia interna del ser superior dentro de todo es, metafóricamente hablando, su “ángel”. Prácticamente hablando, dentro de todo está su fuente de ser, su energía vital y su sentido de propósito. Esto, en esencia, es su conciencia o, si lo desea, su alma o ángel. Una inteligencia metafísica viva.
A través del poder de la mente interna, podemos aprovechar el plano dimensional interno que subyace a toda la vida. Esta dentro de nosotros por diseño mismo de Dios. Las teorías materialistas biológicas y evolutivas que tanto seducen a los ignorantes, son completamente incoherentes. Son pura fantasía disfrazada de argumentación para tontos. Nada en este mundo puede simplemente avalar que las cosas suceden porque sí. ¿La luz es luz porque sí? ¿La gravedad es gravedad porque si? ¿De dónde proviene la vitalidad de una vitamina, la capacidad de la tierra para producir fruto?
Dar explicaciones descriptivas basadas en la química, física o la biología es simplemente una descripción de procesos de los cuales somos completamente ciegos. No tenemos respuesta de nada y es imposible obtener una respuesta fundamentados en lo material. No hay forma de obtener las respuestas en este terreno de la fisicalidad. Con lo físico no podemos comprobar lo no físico. Sólo podemos hacerlo con nuestras mentes, y por pre diseño de soberanía absoluta de Dios. Así de simple. Y en esto consiste el secreto de toda vida y toda existencia. En tratar de sintonizarse con el Poder Absoluto que nos trajo a la existencia para cumplir un propósito. Hay que conocerlo.
Podemos viajar en la dimensión interna a través del poder de la mente y conocer innumerables otras entidades de fuerza vital. Eso sí, como sus contrapartes físicas, no todas son lo que definiríamos como benevolentes o buenas. Cuando abrimos nuestras mentes para viajar en el plano interno no podemos transportarnos por medios físicos. No podemos crear un vehículo material literal para desplazarnos. En la dimensión interna de la mente, el viaje se realiza a través del pensamiento. Donde piensas es donde estás. La velocidad del pensamiento es instantánea. Incluso la investigación moderna en física de partículas ha demostrado que la velocidad del pensamiento es más rápida que la velocidad de la luz.
Esto se debe a que el pensamiento viaja más allá de la limitación de la fisicalidad y no se ve obstaculizado por la masa. Sin embargo, cuando se viaja en un universo no físico, ¿cómo se encuentra la orientación? ¿Cómo se sabe a dónde ir? Aquí es donde entra en vigor la ley del magnetismo. Lo semejante atrae lo semejante.
Naturalmente, te atraerás a ti mismo y te sentirás atraído con lo que es compatible con tu estado mental actual. En el ámbito interno, la proximidad no está definida por el espacio físico. No existe el espacio físico allí. La proximidad, por lo tanto, no se define por la cercanía física, sino por la similitud. Cuanto más parecidos somos, más cerca estamos. Cuanto más diferentes somos, más separados estamos. Esta es la causa subyacente por la cual el bien y el mal son tan diametralmente opuestos. En un plano donde la similitud define la proximidad, estos dos, el bien y el mal, están tan lejos el uno del otro como sea posible.
Lo que es más, en ese plano dimensional, los dos no tienen absolutamente ninguna posibilidad de encontrarse o interactuar. Su propia naturaleza los mantiene separados para siempre. Esta es una las principales definiciones arquetípicas del cielo y el infierno.
Es real y debería considerarse esto a tiempo. La única forma, entonces, de que los opuestos se encuentren y posiblemente se influyan entre sí, es que existan dentro de un plano dimensional completamente diferente que les permita acceder entre sí todo el tiempo que mantengan su integridad. Es por eso que tenemos un universo físico. Oh sorpresa; Está es una de las razones del porque existimos en un universo físico.
Aquí, revestidos de un cuerpo físico, los opuestos dimensionales pueden ocultarse y moverse de acuerdo con un conjunto completamente diferente de reglas. Aquí en lo físico, los opuestos absolutos, como el bien y el mal, pueden enfrentarse e influenciarse entre sí (para bien o para mal). De esta manera, la realidad estancada y absoluta del plano interno puede ser influenciada e incluso cambiada. Esto explica la importancia de nuestro universo físico. Somos el puente. Somos la cúspide de los mundos. Aquí en nuestra realidad, todas las demás realidades pueden encontrarse y cambiar. Nuestras almas humanas vienen a la Tierra para abrazar los cuerpos y la fisicalidad para que podamos aprender, crecer y madurar.
Al contrario de lo que se postula popularmente de manera distorsiva de las sentencias bíblicas de justicia y equidad en relación a que todos “somos iguales”, la verdad es que no todos somos iguales. Toda sentencia bíblica tiene una jurisprudencia aplicativa muy exacta y profunda, y como para absolutamente todo, también en estos términos, como con aquella que dice que “ama a tu prójimo como a ti mismo”. Nada puede interpretarse de buenas a primeras literalmente. Todo es dual y todo tiene dos caras para ser, aplicar e interpretar.
En sus explicaciones más simples (siendo esto realmente bastante complejo y multifacético), algunas almas humanas son inherentemente malvadas. Pueden venir aquí para aprender a ser buenas. Algunas almas humanas son inherentemente estúpidas e ingenuas. Pueden venir aquí para aprender a ser inteligentes y sabias. Algunas almas humanas son inherentemente buenas. Vienen aquí para servir como maestros y modelos a seguir. Sin embargo, todas las almas, independientemente de sus innumerables tipos o propósitos, aquí están sujetas a las fuerzas opuestas que naturalmente buscarían atraerlas. Aquí en el reino físico, así como lo bueno busca lo malo para cambiarlo, también lo malo busca lo bueno para cambiarlo. Aquí funciona la polaridad de forma opuesta a como se vive en los reinos espirituales.
Aquí, en nuestra realidad material vemos en la ley física, por ejemplo con la “ley de magnetismo de un imán”, que los opuestos se atraen y las polaridades iguales se repelen. Y vemos a la misma vez que los niveles espirituales nos tocan, si nos sintonizamos poderosamente con dichos reinos, haciendo que la ley de la polaridad se parezca más a la de los reinos espirituales que a la del reino físico material. Es decir, entre más materiales seamos, más estaremos ligados a la ley de los opuestos. Por eso se vive tanto conflicto entre parejas que siempre son muy diferentes, a pesar de uno mismo anhelar a alguien parecido a uno mismo.
Al final, todos los que vivimos de forma materialista terminamos quejándonos por todo; quejándonos porque parece que todas las leyes de Murphy nos suceden es a nosotros. Todo nos sale opuesto a como lo deseamos y nos esforzamos desesperadamente por cambiar nuestra realidad con cualquier cantidad de terapias de positivismo y atracción. Tema del cual ya se ha mencionado algo en otros escritos publicados. Nada es simple, blanco o negro, ni mucho menos se resuelve con una primitiva y rudimentaria fórmula mágica.
Vivimos en un universo muy lleno de gente. Hay innumerables razas de entidades, cada una con sus propias agendas de operaciones. El movimiento humano en la dimensión interna de la mente puede estar lleno de peligro para el que no se da cuenta de las realidades que esperan allí. Tal desconocimiento es usualmente el resultado de que uno no conoce el verdadero ser interno y lo que uno realmente atrae hacia sí mismo, ya sea bueno o malo. Cuando uno es realmente bueno, uno no puede dejar de delinear y cocrear (pues somos cocreadores por diseño) algo bueno en sus propios ámbitos de existencia. Al contrario, cuando uno es realmente malvado o actúa con malas intenciones en tales momentos (que serían prácticamente todos), no podrá hacer otra cosa que atraer el mal a su propio lado. Cuando uno es malo, esa será la realidad que atraerá constantemente. Lo opuesto, por supuesto sucede con el bueno.
Escrito y elaborado por David Saportas
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