A finales del siglo XVIII y comienzos del XIX surgieron nuevas maneras de comprender América. La observación científica, apoyada en instrumentos de medición y nuevas formas de registro visual, transformó la manera de conocer y representar la naturaleza. Sin embargo, estas imágenes no mostraron el mundo en su totalidad: hicieron visibles ciertos aspectos del territorio mientras dejaron otros fuera del cuadro.
La Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada (1783–1816), dirigida por José Celestino Mutis, reunió a dibujantes y naturalistas para estudiar la flora. Clasificar la naturaleza también implicaba hacerla comprensible para su control económico y político. Muchos de los conocimientos sobre las plantas provenían de pueblos indígenas, pero las descripciones científicas rara vez incorporaron los significados y las formas de relación que estas comunidades habían construido en torno a ellas.
Durante su viaje por América, Alexander von Humboldt desarrolló una forma de estudiar la naturaleza basada en las relaciones entre clima, altitud, vegetación y formas de vida. En su Ensayo sobre la geografía de las plantas, Humboldt representó estas conexiones en la Tabla física de los Andes, un dibujo que muestra la distribución de la vegetación según la altitud sobre el perfil del volcán Chimborazo. Una traducción de este ensayo fue publicada en el Semanario del Nuevo Reino de Granada.
Estas formas de representación influyeron en la pintura y en la construcción de imágenes de identidad nacional a inicios del siglo XX. Medir y dibujar no solo permitió conocer la naturaleza, sino también convertirla en un objeto comprensible, ordenado y administrable.
¿Qué dejamos de ver cuando miramos el mundo solo a través de imágenes?