Todo aquello que se percibe a través de los sentidos es simbólico, una proyección de nuestra irreflexiva manera de pensar; representando así, por tanto, una magnífica oportunidad para darnos cuenta de los pensamientos que albergamos en lo profundo, y que en su mismísimo núcleo son todo ese particular sentir que nos impele a actuar automáticamente.
Rectificar en origen todos aquellos pensamientos/sentires que no son de paz, amor y felicidad, corregirá por completo la manifestación que percibimos al haber comprendido lo esencial de lo simbólico, que nos mostraba -en toda relación y circunstancia- que la paz, el amor y la felicidad, trascienden la percepción de los sentidos, evidenciándose de nuevo la Consciencia de la Plenitud e Infinitud del Ser.