EL CUARTO BEATLE QUE SE DESVANECIÓ JIMMIE NICOL
Su historia parece la de un intruso en el álbum familiar.
Un turista que, durante dos semanas, fue el cuarto Beatle.
No el quinto, como Brian Epstein, Pet Best o Stuart Sutcliffe.
Jimmie fue el cuarto Beatle que se desvaneció.
Sin embargo, lo que iba a ser un golpe de suerte acabó haciendo descarrilar su vida.
Nunca superaría el hecho de que ya no era uno de los de Liverpool.
Su entrada arrancó el 4 de junio de 1964.
Los Beatles habían empezado a comerse el mundo a bocados.
Su primera gira internacional pasaría por Europa, Asia y Oceanía.
Antes llegaría un mazazo inesperado.
Una baja a las pocas horas, justo cuando iban a despegar.
Después de una sesión de fotos, Ringo se sentía mal.
Incluso, estaba vomitando.
Fue trasladado rápidamente al Hospital, donde le diagnosticaron amigdalitis y faringitis.
Sin apenas margen de maniobra, tuvieron que tomar una decisión al instante.
Descartaron suspender la gira, a pesar de las quejas de George Harrison, quien dijo:
Si Ringo, no esté en el grupo, no somos los Beatles.
Urgía encontrar a un sustituto provisional.
Los dos primeros candidatos fueron Raye Du Val de los Blue Notes y Bobby Graham de los Wildcats.
Por desgracia, no estaban disponibles.
A la tercera llegó la vencida.
Jimmie Nicol, batería de los Blue Flames de Georgie Fame respondió, sin pensárselo, a la llamada de George Martin.
Ringo está enfermo y necesitamos que lo sustituyas en la gira con los Beatles.
¿Podrías venirte a Australia?
Al día siguiente, Jimmie se acomodaba junto a John, Paul y George en el Royal Hotel de Copenhague.
La primera parada de su gira.
Un ensayo rápido en Abbey Road, un nuevo flequillo Beatle y un par de retoques al traje de Ringo para alojar a su nuevo inquilino y ya está.
Jimmie se convirtió en un miembro más de pleno derecho.
Apareciendo en las ruedas de prensa, sonriendo de oreja a oreja y riendo todos los chistes.
Mientras Ringo se recuperaba en Londres, Jimmie paseaba en limusina ante miles de fans, daneses, holandeses y australianos.
El día anterior a ser un Beatle era como un ser invisible.
Todas se morían por tocarme, recordó el propio Jimmie.
Su sueño duró un suspiro.
A los 13 días, Ringo regresó a Melbourne para unirse a sus compañeros de grupo.
Jimmie tocó media docena de conciertos con los Beatles pero nunca lograría salir de esos momentos.
Ese breve roce con la fama planetaria le dio expectativas poco realistas sobre su potencial profesional.
Un reloj de oro dedicado y un sobre con 500 libras sellaron su despedida de su viaje por el país de las maravillas.
Después de aquello, Jimmie volvió a ser un civil.
Ninguno de los Beatles le volvió a llamar, después de esos días.
A veces, las desgracias no vienen solas.
A su vuelta a la realidad, su discográfica le dejó tirado y su mujer le pidió el divorcio.
Jimmy cambió de grupo, se endeudó hasta las cejas y se declaró en bancarrota.
Sustituir a Ringo fue lo peor que me podía haber pasado, dijo en el Daily Mail.
Antes de esa experiencia, ganaba unas 40 libras a la semana.
Fui el titular del momento hasta que nadie quiso acordarse de mí.
Jimmy culpó de todos sus males a Brian Epstein.
En un ataque de furia, destrozó el reloj que le habían regalado por ser el cuarto Beatle durante ese breve suspiro.
Se mudó a México, volvió a casarse y a divorciarse.
Y formó un grupo psicodélico, llamado Los Nicoquinn.
De nuevo, nada.
Desapareció del mapa, regresó a Londres y colgó las botas en la música.
Se pasó a la construcción.
Desde entonces, nadie lo ha visto desde hace décadas.
Según la mitología Beatle, Nicol fue la inspiración, más o menos directa de la canción Getting better.
Incluida en el legendario Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band.
It’s getting better, está mejorando.
Es lo que respondía cada vez que Paul y John le preguntaban por cómo llevaba el hecho de ser Beatle por unos días.
Al final, Jimmy it’s not getting better.
Jimmy no lo llevó tan bien.