LA MODA DE LOS RETIROS PSICODÉLICOS EN ALTOS EJECUTIVOS
Los hongos psicodélicos han llegado a la oficina.
La moda de tomar setas mágicas entre directivos.
Una tendencia que nació en Silicon Valley, pero ya ha llegado a Europa.
Tomar hongos alucinógenos para mejorar las dotes de dirección de los altos ejecutivos.
Pero no a secas, el contexto importa.
Se incluyen dentro de programas intensivos.
Que ofertan actividades como los juegos de rol para fomentar el espíritu de equipo.
Y el plato fuerte es una ceremonia que evoca los rituales de los chamanes.
Y que permite la ingesta de drogas alucinógenas, todo por el bien de la empresa.
Hay empresas como Evolute Institute que asegura que las setas mágicas pueden hacer mejores líderes.
Y ofertan este tipo de servicios a directivos.
Una mezcla de terapia de grupo, meditación charlas motivadores y paseos por el bosque, aderezados con psilocibina, un potente alucinógeno.
Aunque no lo pongan en su perfil de Linkedin.
Una encuesta, realizada a 3150 directivos, por el Instituto Karolinska de Estocolmo, señala que el 18 por ciento afirmó haber tomado psicodélicos.
Ahora vayamos a un análisis más detallado de estas sustancias.
La más habitual es la psilocibina, presente en unas 200 clases de setas.
Y provoca alteraciones visuales, cambios en la percepción y supuestas experiencias espirituales.
También se emplea el peyote, que se obtiene de un cactus y lleva mescalina.
Y la ayahuasca, una bebida a base de un arbusto.
Contiene un alcaloide estimulante, al que llaman: la molécula de Dios.
El comercio de la psilocibina está perseguido en la mayor parte del mundo.
Sin embargo, para estos ejecutivos esto no supone un gran problema.
Pueden viajar a Holanda, donde es legal.
Los norteamericanos suelen ir hasta Costa Rica, Jamaica o Perú.
Algunos recurren a una red que ejerce de forma clandestina.
Incluso, Oregon ha sido el primer Estado norteamericano en aprobar el consumo de psilocibina, en un entorno supervisado.
Eso sí, no se puede usar la palabra terapia.
Y los usuarios no son ‘pacientes’, sino clientes.
En España, los hongos están en un limbo normativo.
Se prohíbe la venta pero se permite su posesión y cultivo.
Siempre que sea para uso personal y se tome en un lugar privado.
En este punto, veamos qué buscan los altos ejecutivos con estas experiencias.
A menudo estas personas, tan competitivas, sienten que están desconectadas de su mundo interior.
Muchos arrastran traumas.
Hay investigaciones que sugieren que la ayahuasca puede ser efectiva en el tratamiento del trastorno por estrés postraumático.
Ya que desbloquea los recuerdos reprimidos, sin revivir la angustia asociada.
Los compuestos psicodélicos afectarían a la red modal por defecto del cerebro.
Es un conjunto de regiones neuronales implicadas en el pensamiento autorreferencial y egoísta.
Una red del pensamiento del tipo: porque yo lo valgo.
La que favorece un estilo de liderazgo despótico, incompatible con los tiempos que corren.
Las competencias interpersonales y de trabajo en equipo se han convertido en las cualidades más demandadas por los directivos.
Tener una gran empatía, forjar equipos sólidos o ser visionarios.
Algo ha cambiado, para que un movimiento, considerado contracultural, sea una tendencia en este nicho.
Serguéi Brin, cofundador de Google, es un entusiasta.
Steve Jobs, concedió importancia a sus experiencias con el LSD.
Elon Musk ingiere ketamina, un anestésico con propiedades disociativas.
Y produce la sensación de que el yo, se separa del cuerpo.
Las microdosis para aumentar la creatividad forman parte de los hábitos de ciertas start ups.
Celebridades como Will Smith y sus viajes a Perú para tomar ayahuasca o Gwyneth Paltrow quien habla maravillas de la ibogaína.
Un arbusto africano que se usa en este tipo de tratamientos para superar las adicciones.
Son algunas de las caras visibles de famosos que admiten el uso de estas sustancias.
Por supuesto, el mercado no se iba a quedar atrás, donde vea una oportunidad de expandir el negocio.
Tras haber apostado por el cannabis medicinal, ahora llega el turno de abrir la veda a las terapias basadas en psicodélicos.
Se estima que el mercado global con estas drogas podría alcanzar los 7.600 millones de dólares en el 2028.
Hay un cambio de paradigma, pero hay que ir con mucho cuidado.
Los peligros no son pocos: Desde dispensar dosis inadecuadas a su consumo por parte de personas con un historial de psicosis o esquizofrenia.
O de aquellos con problemas cardíacos.
En resumen, recordemos cómo sería participar en esta psicodelia:
Los participantes conviven en un entorno natural.
Con cojines de yoga, mantas o incienso.
El programa incluye meditación, coaching, ejercicios respiratorios, terapia de grupo.
Y culmina con la ingesta de setas mágicas.
Acompañados de sus tripsitters, cuidadores de que ‘el viaje’ llegue a buen puerto.
Ese viaje mental dura varias horas.
Y suele producir alucinaciones y estados alterados de conciencia.
La más habitual, es la de percibir que uno abandona su propio cuerpo.
Hay una purga entre el cuerpo y la mente.
Otros corren, jadean, sollozan y experimentan intensas reacciones físicas y emocionales.
Después del retiro, un mentor sigue en contacto con los participantes durante meses.
Para comprobar su evolución.
Es lo mismo que se lleva haciendo, sin control, desde hace miles de años por los chamanes.
Pero con una pátina de novedad.