DOS AUTORES SUPERVENTAS FRANCESES CREEN QUE HAY PRUEBAS DE QUE DIOS CREÓ EL UNIVERSO
Dios, la ciencia, las pruebas es el título del último libro superventas en Francia.
Sus dos autores, son empresarios e ingenieros de formación.
Y aseguran que existen sólidos argumentos científicos para demostrar la existencia de un creador.
Ambos son creyentes, pero afirman que en su libro, abordan la cuestión de Dios de manera racional.
Ateniéndose a los últimos avances de la física, la cosmología o la biología.
Este enfoque ha despertador reacciones entusiastas por un lado y críticas feroces por el otro.
Sobre todo en Francia, un país que presume de laicismo.
Es un tema que ha provocado controversia.
Como demuestran los 220.000 ejemplares vendidos, las 200 conferencias de sus autores, su presencia en debates, portadas…
La idea que defienden es que los descubrimientos científicos del siglo XX hacen necesaria la existencia de un creador para explicar el universo.
Sin embargo, les reprochan que hablan de pruebas científicas para tratar de probar algo que es indemostrable, por lo menos en un laboratorio.
Ellos aclaran que no tratan de proporcionar una demostración científica o matemática definitiva de la existencia de Dios.
Al final, la decisión de creer o no recae en los lectores.
Además, los propios lectores religiosos también les han criticado porque consideran que pretender demostrar la existencia de dios para un creyente es innecesario.
Los autores aclaran que hay una confusión entre el conocimiento de la existencia de Dios y la fe en él.
Son dos nociones diferentes.
Uno puede conocer la existencia de Dios y no adherirse.
El libro fue revisado por Robert Wilson, el Premio Nobel de Física que descubrió el eco del Big Bang y que ha redactado el prólogo de esta obra.
Robert, por cierto, es agnóstico.
Los autores justifican la redacción de este libro porque decían sentirse en una situación de inferioridad frente a los avances científicos.
Parecía que creer en la ciencia significaba arrinconar la existencia de un creador.
O que los científicos debían esconder la fe en la intimidad.
Para ellos, la ciencia ha avanzado en direcciones sorprendentes, abriendo el terreno a otras explicaciones.
En síntesis, el libro no se centra ni en la fe ni en la religión sino en si es posible o no la existencia de Dios.
Este planteamiento ha interesado a un amplio espectro de lectores de todo tipo: cristianos, judíos, musulmanes…incluso agnósticos.
Para sus autores, lo peor son los extremos.
A un lado, los fundamentalistas que niegan los hallazgos científicos y, al otro, los materialistas que rechazan las implicaciones de la ciencia.
Los autores del libro creen que esta cuestión nos afecta a todos y es una pregunta que han hecho todas las civilizaciones del pasado.
Para ellos, Francia está muy polarizada entre los que creen y los que no.
Y esta división comporta ansiedad y tensión entre familias, ciudades o empresas.
Gracias al libro, se puede volver a abrir el debate.
El objetivo es ampliar miras, que la gente salga de su caparazón, de su encasillamiento.
Según ellos, Einstein acabó reconociendo que una inteligencia superior, infinitamente más grande que el hombre, se manifiesta en las leyes del universo.
En la historia, observamos que hubo ciencia en Grecia, en el mundo árabe o en China.
Pero fue en el mundo cristiano occidental donde se desarrolló la ciencia moderna.
En Europa se crearon las universidades.
Durante cuatro siglos, desde Copérnico y Newton hasta Darwin, habían muchas certezas.
Y pensaron que la ciencia respondería a todas las preguntas sin la hipótesis de Dios.
Los autores opinan que la ciencia no estaba en contra de la religión.
Aunque quizá la religión si estuvo en contra de la ciencia.
Como ocurrió con el caso de Galileo.
Quien tuvo que retractarse por decir que la tierra giraba alrededor del sol.
Al creyente tradicional le costó adaptarse a una nueva forma de ver el mundo.
Pensar que el hombre no era el centro del universo o que descendía del mono.
En el presente, hay escuelas en Estados Unidos donde no se enseñan las teorías de la evolución o el Big Bang.
Precisamente, los hallazgos como el Big Bang, la termodinámica, la mecánica cuántica o la propia relatividad conducen a estos autores hacia dos conclusiones.
La primera es que el tiempo, el espacio y la materia están interconectados, como demostró Einstein.
Tuvieron un comienzo y llegarán a un final.
Y la segunda conclusión es que este comienzo se debió a una causa externa al universo.
Algo que no forma parte de él ni se rige por sus leyes.
Esto sería parecido a una definición de Dios, en todas las filosofías y religiones.
Para el mismísimo Einstein, la teoría de la expansión del universo se parecía demasiado a la Creación.
Hasta que las pruebas se fueron acumulando.
Parménides dijo que: Nada puede venir de la nada.
El universo existe.
Así que hay dos posibilidades: O es eterno o fue obra de un creador.
Para estos autores, los ateos necesitan que sea eterno.
Hoy en día, la inteligencia artificial está ocupando una posición casi mesiánica.
Muchos la vean como la fuerza que resolverá nuestros problemas: La muerte, el cambio climático.
Otros, en cambio, opinan que puede volverse como un Dios castigador, cuando nos sobrepase en inteligencia.
En cierto modo, ellos definen a Dios como un superextraterrestre.
Sería más importante descubrir su existencia con pruebas, más que averiguar si hay alienígenas en otros planetas.
El hallazgo de pruebas definitivas sobre Dios tendría mayores consecuencias en nuestra existencia, según los dos autores.
En resumen los autores se amparan en que el universo tendrá un final.
La expansión acelerada del cosmos lo confirma.
En un billón de años, las estrellas, sin combustible, se habrán apagado.
Y en un número de años representado en un 1 seguido de 100 ceros, el universo se habrá estirado tanto que los átomos se romperán.
Algo que fue un chasco para Einstein, quien pensó que el universo era eterno.
Por lógica, todo lo que acaba, empezó alguna vez.
Si hay creación, tiene que haber un creador.
El azar no serviría para explicar esta complejidad.
Hace falta recurrir a una inteligencia superior, alguien con un plan.
Si la existencia del universo es un milagro, que brote la vida ya es casi imposible.
Los científicos conocen los ingredientes de la sopa primordial de la vida.
Pero no han podido recrear las condiciones para su aparición.
A continuación comparan la molécula interte más compleja, un trozo de proteína…con la célula vida más simple, una bacteria unicelular.
La relación de complejidad des de 300.000 a 1.
La misma que hay entre una pieza suelta y un coche.
Aún hay más.
Si nos fijamos en las enzimas esenciales para la célula.
Hay unas 2.000.
Y es imposible que se hayan obtenido por azar, como una lotería.
Einstein dijo que Dios no juega a los dados.