BANSKY EL VERDADERO NOMBRE TRAS SUS GRAFITIS
Muchos están familiarizados con sus corrosivos grafitis, pero nadie conoce su identidad.
Bansky es toda una estrella del Street art y el secreto de su identidad alimenta la leyenda.
Aunque ya ha varias pistas sobre quién podría ser el nombre tras los grafitis.
26 de enero de 2019, son casi las tres de la mañana en Bataclan.
Varios encapuchados han desmontado una puerta con una cortadora eléctrica.
Se han llevado un Bansky.
Para poner una denuncia, han tenido que dar muchas vueltas al estatuto jurídico de un grafiti, que ni siquiera está firmado.
¿Han robado una obra de arte o un trozo de puerta pintada?
Finalmente la investigación se abrió bajo la denominación de robo con daños por banda organizada.
Así se construye desde hace más de quince años las andanzas de este artista.
El que se burla de todas las autoridades: policiales, políticas o financieras.
Alguno lo califican de genio de la autopromoción.
Parece que los esfuerzos que se llevan a cabo por cogerle han elevado el precio de sus creaciones.
El Daily Mail realizó una pesquisa en 2008 donde indicó que Bansky era el pseudónimo de Robin Gunningham, de Bristol.
Y publicó una foto de él.
Esta exclusiva fue corroborada en 2016 por una investigación de criminólogos de la Universidad Queen Mary.
Quienes emplearon métodos de identificación usados para encontrar a asesinos en serie.
Algunos de los que le conocen prefieren mantener el secreto.
Sino, sería menos divertido.
Uno de los que le conoce es Inkie, otro grafitero.
Quien pintó junto al enigmático personaje desde 1996.
Bansky fue el primero en utilizar esténcil.
Estaba prohibido, un grafitero debía trabajar a mano alzada.
Pero con esta plantilla puede ir más rápido y llegar antes a todas partes.
En dos minutos, mecaniza el grafiti.
Por supuesto, Bansky no opera solo, tiene un equipo detrás.
Uno de los rumores que se extendieron sobre su posible identidad fue el de que era un grupo y no una persona.
Es decir, unos cuantos artistas callejeros que trabajarían rápido para completar los encargos de Bansky.
El que le ayuda a crear cortinas de humo.
Los que han tratado con él, aseguran que, de aspecto, es una persona muy común.
Steve Lazarides fue el portavoz, agente y marchante oficial del grafitero durante 10 años.
Y recuerda un día en 2004, cuando Bansky puso una rata disecada en el Museo de Historia Natural de Londres.
El provocador artista le cogió gusto a trabajar con animales.
En 2006 lacó en rosa un elefante vivo en Los Ángeles.
Sin embargo, parece que transgredió una de las líneas rojas del grafitero.
La de organizar exposiciones mediáticas sin su consentimiento.
Definitivamente, eso rompió su relación.
Actualmente, Holly Cushing es su manager.
El que gestiona sus holdings y filiales, inscritas legalmente.
Sin que el verdadero nombre del artista aparezca por ningún lado.
Desde 2008 una de estas filiales, Pest Control Office, se dedica a comprobar la autenticidad de aquellas obras que se le atribuyen a Bansky.
En su web, te piden que rellenes un formulario y envíes una foto del grafiti para que lo estudien y emitan su veredicto.
Bansky es un artista callejero anti-sistema pero también un hombre de negocios.
Los jóvenes del Street art han criticado su actitud cuando se trata de dinero.
En enero se celebró un juicio en Milán contra los organizadores de una exposición.
Les acusaron de vender postales y marca páginas con obras de Bansky.
Ya estaban registradas como marcas comerciales.
Eso sí, Pest Control denunció que era una violación de sus derechos de autor.
En ese momento, los jueces exigieron que el artista saliese de la sombra.
De esta forma, su nombre ha aparecido en un documento oficial: La acusación por difamación que presentó contra él Andrew Gallagher.
Un empresario de 56 años y pionero del grafiti.
De momento, no se conocen más detalles del pleito.
Algunos medios británicos han investigado el nombre de los padres y de la posible mujer de Bansky, Joy Millward.
Joy conoció al misterioso personaje en 2003 y se casaron en Las Vegas tres años después.
Si, verdaderamente, fuese Robin Gunningham, está sería la ocasión más clara para asegurarlo.
Su padre era gerente de contratos y su madre secretaria.
Y Robin fue a una escuela secundaria elitista, cara.
La Bristol Cathedral School.
Joy es una lobista parlamentaria.
Ahora, el objetivo es verle en persona en el juicio.
Para capturar su imagen real.
Aunque no sabemos si, finalmente, terminará presentándose ante el tribunal.
Y logrará mantener su enigmática leyenda a salvo.
Quizás a la mayoría de los seguidores de este grafitero irónico, antisistema y, a la vez, comercial, les guste más así.